miércoles, 30 de enero de 2008

LOS CUATROCIENTOS GOLPES. Perdón: los 400 euros (2)



TODO A 400 EUROS, o la economía y los políticos, o la economía y las elecciones


Vaya por delante que entiendo que un proceso electoral se rige por reglas desconocidas y cambiantes, sorprendentes e imprevisibles en todo caso. Lo que fue norma cuatro años antes ahora no sirve. Solo hay que revisar las hemerotecas para comprobarlo. Cuestiones efímeras tienen en determinadas circunstancias una enorme fuerza electoral, cuando por otro lado la esencia del buen gobierno parece que no es tenida en cuenta ni por electores y ni por elegibles. En fin, como ni la psicología, ni el marketing nos explica con seguridad ese fabuloso fenómeno democrático, deberemos aceptar que los debates “serios” puede ser que no sirvan para nada. Pero a pesar de ello y para los racionalistas, como el que esto escribe, la realidad no es más que un acicate al debate. Y voy a ello.

He dejado pasar unos días respecto a la subasta fiscal del superávit público que se está celebrando en el mercado persa de les elecciones de Marzo, con ello pienso que gano en credibilidad respecto a lo que expreso a continuación. Aclaro que como subasta me refiero a este episodio fenomenológico de los 400 euros que resume en si mismo el exceso a-ideológico de las elecciones presentes y su deriva monetaria.

Para entendernos, en primer lugar habrá que definir superávit. Por si alguien lo desconoce les diré que es una simple resta entre los ingresos anuales totales de cada administración (hoy lo trataremos con respecto al gobierno central) y sus gastos. No es pues una cifra mágica, ni siquiera compleja y su existencia no supone que sobren recursos. Tener superávit tiene diversos significados técnicos: 1. el fisco es excesivo y recauda más de lo necesario (casi nunca pasa). 2. La administración no ha previsto adecuadamente sus gastos (ha hecho menos inversiones de las previstas, por ejemplo, ocurre muy a menudo). 3. la economía va mejor de lo que el ministro del ramo ha pensado y los ingresos fiscales crecen por encima de lo previsto (también pasa, como ahora, en situaciones de crecimiento sostenido).

El superávit puede ser efímero o persistente: en España estamos en la segunda opción, de momento. En realidad, el superávit solo es un ahorro financiero para tiempos peores o para pagar las facturas pendientes de años anteriores. Piensen un momento en su economía doméstica y lo entenderán perfectamente. Pero lo más relevante es que la existencia del superávit no supone la inexistencia de necesidades sociales o económicas. Es una elección política, totalmente legítima, por otro lado. Piensen que ahora mismo en España estamos lejos del porcentaje de gasto social europeo (sanidad, educación, servicios sociales), estamos por detrás en algunas infraestructuras básicas (ferroviarias no AVE, medio ambientales), estamos por detrás de los programas de investigación. Cito solo un agujero ejemplar: la ley de la dependencia aprobada hace un año carece aún de recursos adecuados y dicen los periódicos que prácticamente no hay ayudas aprobadas.

En síntesis, en España tenemos un buen trecho que recorrer para asumir los gastos que por riqueza, población, ubicación europea y necesidades nos toca.

¿A qué viene pues saldar ese ahorro de esa manera: a 400 euros por cápita? ¿No serían más útiles los 5.000 millones que dicen que suman los 400 para nuestros ancianos que cobran verdaderas miserias y no disponen de residencias adecuadas y de programas de ayuda familiar? ¿No se emplearían mejor en extender en primer nivel escolar y así ayudar al trabajo femenino? ¿No estaría bien mejorar los resultados escolares reforzando las escuelas con índices de bajo rendimiento? ¿No es más útil crear programas de investigación para nuestros científicos mileuristas? Y así mucho más.

El comentario tiene una segunda parte, me referiré ahora a la relación entre fiscalidad, bienestar y economía. Ecuación con tres variables interdependientes que está detrás del asalto de la derecha real o convertible al sistema fiscal.

La presentación del sistema es simple: la fiscalidad es una detracción de la riqueza social para redistribuirla en los programas de interés general que garantizan cohesión social, desarrollo económico y justicia social. Las detracciones de la riqueza se basan en aportaciones proporcionales al gasto, como el IVA o progresivas a las rentas, como el IRPF. Pero lo más importante es que alimentan una parte de la economía que permite desarrollar una sociedad avanzada y justa. En determinadas circunstancias económicas puede resultar de interés colectivo y de futuro una reducción fiscal que genere capacidad de compra privada (se reduce la capacidad de compra pública), pero solo en determinadas circunstancias económicas y para sociedades con un alto nivel de prestaciones públicas. No es aún el caso español. Hoy parece ser más rentable económicamente para nosotros expandir determinados programas sociales y acciones vinculadas a la productividad global. Por ello no hay razón para la reducción fiscal, excepto la ideológica y la de los intereses de las capas con mayores renta y riqueza. Si disminuyen los programas públicos se refuerzan los privados, que solo abastecen a aquellos con capacidad de pago. Si se reduce el ingreso fiscal, se reduce el gasto social y por ello se reducen los servicios para todos, y dentro del todos, especialmente para aquellos sin alternativa de mercado. Eso produce sociedades duales, unos mucho y otros con muy poco. En los USA, también en pre campaña, son millones los que no disponen de sanidad, ni de asistencia social o escuela porque no hay oferta pública y la privada es cara y inaccesible.

Creo que con lo dicho el asunto está claro. Los 400 euros para cada contribuyente es un despilfarro social, económico y democrático.

¿Quien se lo explica al presidente?

Lluis Casas misionero