lunes, 7 de enero de 2008

ALERTA A LAS MASAS, EL CAPITALISMO SE ESTA DESTRUYENDO

Entiendo que la frase inicial, ironía basada en una creencia cuasi metafísica en la permanente crisis autodestructiva del capitalismo, queda perfectamente entendida por el avezado lector. De todos modos diré, no como autojustificación, que el “sistema” goza de consistente salud básica y tiene variados remedios y múltiples recursos para sus crisis periódicas, incluso a pesar de los tipos de interés y de los precios de la energía y de muchas materias primeras que están en estos momentos por las nubes. Otra cosa, como decimos en Pineda de Marx, son sus costes y quien acabará pagando el recibo.

Efectivamente cualquier lector atento a los noticiarios económicos constatará que algo grave está pasando. Los desajustes, por llamarlos de algún modo, en torno al sistema financiero (podríamos bautizarla la crisis hipotecaria) y el incremento del coste energético, sitúan la economía global en un punto de alarma justificada. El sistema financiero mundial (no existe tal, pero me permitirán una forma alegórica de síntesis) tiene dificultades en digerir unos años de alegrías crediticias y de altos beneficios, que ahora deben devolverse o en muchos casos disolverse en la nada.

El nivel real del problema parece que es desconocido, puesto que las mismas entidades afectadas hacen todo lo que posible para oscurecer realidades y cifras. De modo que semana tras semana las tensiones sorprenden al personal cualificado y las medidas que los agentes públicos estatales y universales toman quedan repetidamente cortas. Ahí hay una interesante contradicción entre los intereses (nunca mejor dicha esa alegoría) del sistema financiero que necesita tipos a bajo precio para sostener su difícil digestión hipotecaria y la inflación que va por barrios a unos tipos que empiezan a preocupar y para lo que lógicamente se necesita un tipo de interés creciente para “enfriar” los precios mediante el viejo sistema de reducir la demanda.

Por otro lado, la inflación se ve impulsada por una permanente subida del coste energético, que a diferencia de otras ocasiones anteriores, no parece que pueda empequeñecerse o estabilizarse por la reducción del consumo o por la aparición de alternativas (ahí el fantasma que recorre Europa en forma de más energía nuclear, que por cierto es tan dependiente de materias primeras estratégicas como las demás vecinas del barrio).

La India y la China están, en gran parte, detrás del incremento de precios por su enorme potencia productiva, que afecta a la energía y a cualquier fuente primaria de materia. Y tales países no parecen muy dispuestos al sacrificio. Incluso el problema se puede agravar debido a una conspicua coincidencia: las energías alternativas de base biológica (en calidad de substitutos a la alimentación humana o animal) se comen los precios de la alimentación básica, incluso en los países desarrollados. La idea de alimentos a precios bajos que ha calado en todas las economías avanzadas parece que puede haber terminado.

En todo caso y excluido simplemente por razones estadísticas el gran batacazo, nos queda una sonora reducción del crecimiento con fuertes impactos en las zonas desarrolladas que no estaban por la labor de un cambio de ciclo. El suceso acontece con novedades de relieve, puesto que la rapidez y la extensión del impacto han sido considerables y puestos en ello, parece que nadie sabe a ciencia cierta la dimensión posible de uno de los motores del gripaje: el sistema financiero desregulado y abandonado a su propia locura. Tampoco desmerece el reajuste de costes de materias primas y energía, en donde no aparece ningún mecanismo tranquilizador en lo inmediato.

En fin, sin ahorrarles preocupaciones, les invito al espectáculo de unos meses de gran interés científico y sobre todo político: ¿recuerdan las elecciones en España y en noviembre en la nueva Roma?

Como recordatorio práctico de lo que les digo les cito una sólida empresa inmobiliaria, Colonial, que hasta hace pocos meses pertenecía a la Caixa más insigne del mundo. Colonial en el momento de la venta de las acciones subió como la espuma. Un año, más o menos, después cierra a menos de la mitad. O la Caixa merece un oscar a la habilidad mercantil o hay muchos equivocados sueltos y lo que es peor con mando. Como no creo en las habilidades innatas, y la Caixa merece todos nuestros respetos por incompetente, lo cierto es que hay mucho tonto suelto. O el personal apuesta por el ladrillo sin entender un carajo, gobierno incluido.

Lluis Casas agorero.