miércoles, 29 de agosto de 2007

EURO VERSUS DOLAR



Don Lluis Casas

No estoy muy seguro que lo que viene a continuación sea de interés mayoritario para los lectores de esta revista digital. La sugerencia me ha llegado desde las más altas instancias corporativas y entiendo que no ha lugar a pasar página. Por lo que me pongo a ello.

Pienso que el posible interés sobre el valor de conversión del euro respecto al dólar esté en un inmediato viaje a Nueva York, en legítima correspondencia al que está efectuando nuestro amigo Woody a Barcelona. Todo el mundo sabe que el coste de unos tejanos en la Quinta Avenida se está reduciendo a ojos vistas por la apreciación de ese oscuro objeto de deseo del euro. Otra cosa no se imaginar. Porqué, ¿existe en la especie humana alguien preocupado por el distinto valor de un BOING 818 o de un misil de última generación si se paga a dólar contante o euro creciente? No lo creo, aunque, por lo visto, compras de los mencionados objetos se realizan promiscuamente si seguimos la prensa de color sepia. Veamos.

El dólar tiene distintas consideraciones como moneda, es el aceite lubricante de una enorme economía doméstica mucho más cerrada que la europea. Si señores, los USA son poco dados a las importaciones y exportaciones materiales (Se han especializado en los mercados de esclavos y capitales). Al menos en términos relativos a Japón y a Europa. El dólar también es (con tendencia a la baja) la unidad de cuenta de las transacciones internacionales. Y finalmente, último refugio especulativo internacional si van mal dadas. Es obvio que el sistema también ha funcionado como un seguro de vida de la deficitaria balanza comercial norteamericana y ha ayudado más que mucho a los déficits presupuestarios del imperio generados por la actividad física de los marines.

Nada de lo dicho ha cambiado substancialmente, pero eso sí, se están introduciendo matices de consideración. La unificación monetaria europea genera, sin intención maligna ninguna, un territorio euro, continental y externo de muy ejemplares dimensiones planetarias. Ello se debe a la propia lógica mercantil. Para que vamos a pagar y a cobrar en dólares si el euro nos es útil a ambas partes y las dos partes son muy grandes. Además, el banco central europeo, institución más germánica que Bismark, garantiza la fortaleza de la moneda: inflación controlada y todos tranquilos. Europa es el mayor cliente y abastecedor al este de donde se pone el sol. Eso se nota. Vaya si se nota. Por lo que puedo recomendarles el euro para sus ahorrillos y viajes internacionales. Los trávelers pueden adquirirlos en euros, estén seguros de ello (al menos para este verano). El mundo financiero, al que le salen sarpullidos por una milésima de variación en la temperatura monetaria, le place la seguridad del funcionario. Y Bismark lo es y mucho.

En otros tiempos el asunto se hubiera resuelto con la política de las cañoneras y con un paseo imperial. Hoy resulta todo más complicado, para qué nos vamos a engañar.

Alguna inteligencia artificial ha dado en pensar que no es tan grave lo que ocurre. Del mismo modo que el euro se hace fuerte, le aumentan los gastos viceimperiales a la Unión. Una cosa por la otra. Al fin y al cabo, el euro ha pagado dos veces la reconstrucción palestina y ahora va a por la tercera. (les informo, por si no lo sabían, que la deconstrucción va a cargo del dólar). Y también que el mercado internacional está dando saltos de gigante año tras año. El pastel aumenta velozmente y hay para todos. Con el permiso de China, desde luego y si el Yang Tse continua apagado.

Lo dicho aclara el porque y el ahora. ¿Pero así seguirá?.

Ya saben que las predicciones no son asunto de ecónomos, excepto si son sobre suelo rústico y en situación retrospectiva, por lo que solo les diré que a fe mía sí, que la cosa seguirá con ese leve movimiento entre dólar y euro, acompasado por la eclosión asiática que pedirá mesa en el convite. Unos años de sinuoso y placentero devenir monetario en perspectiva de cambios importantes más allá del próximo quinquenio.

Parece un consejo de astrólogo, pero más no se puede pedir, ni se debe.

Lluís Casas, analista de la Caixa.

jueves, 26 de julio de 2007

ECONOMIA, NEGOCIOS Y SENSIBILIDAD




Como ustedes ya han comprobado, el que suscribe tiene una evidente deriva hacia lo que podría llamarse economía divulgativa. Esta rama del saber, escasamente cultivada en nuestro terruño por desgracia, requiere una escritura muy pegada al terreno, es decir al día de las preocupaciones y ocupaciones de los comunes mortales y un excelente conocimiento de la ciencia de origen. Existen precedentes y escribientes hoy día de ello, alguno de los cuales, manejando una subsección de la citada rama del saber, dan una lección semanal de la técnica. Les recomiendo a Fabián Estapé, aunque les advierto que es un verdadero artista para escribir entre líneas diciendo cosas muy gordas.

Hoy voy a suscribirme de nuevo a la sección mentada y les hablaré con ejemplos de rabiosa actualidad de eso que algunos han teorizado con el término “responsabilidad social corporativa”. Les resumo lo que es, por si no están al “loro”. La RSC la componen todos los instrumentos y políticas de gestión empresarial dirigidos a ser consecuentes con el medio ambiente, con los derechos laborales, con la equiparación de sexos, con la compatibilidad del trabajo y la vida familiar, etc. En resumen, es una especie de contrato entre empresa y sociedad democrática en la que la empresa se erige en territorio decente. No vayan a creer que es poca cosa y poco importante. Al contrario, ya se están contratando especialistas en aplicarlo y extenderlo. Insisto que lo que viene a continuación no es ni crítica, ni burla a ello, simplemente unas gotas de cruda realidad.

Para encabezarlo les cito un reciente titular de un periódico catalán de nombre redundante: “La tercera edad es un negocio como el de las autopistas”, firma la frase sin ninguna vergüenza el presidente de una mutua de seguros, oriundo de Vilanova i la Geltrú, a dos pasos de Barcelona, y licenciado en varias especialidades. Como ven no es un desconocido, en realidad es un vecino. Tiene al parecer una excelente formación universitaria y dirige una gran empresa que tiene una estructura de base social, una mutua. ¿No les choca este currículo y el titular de referencia? ¿Cómo es posible que una persona, probablemente sensata, con un nivel de cultura por encima de la media, que se relaciona empresarialmente en un marco de preocupación social, termine diciendo lo que dice? Puedo ampliarles la afirmación del sujeto: “Queremos que nuestros inversores se sientan seguros y, por lo tanto, seremos selectivos (en el negocio de la tercera edad se entiende)”. A la mujer objeto añadiremos ahora el anciano seleccionado objeto. ¿No es esta una razón para llamar al RSC y con urgencia?

Para compensar la cercanía de lo anterior, les añado algo de hoy en toda la prensa: NIKE despide a 14.000 trabajadores en Indonesia. La noticia es apabullante. Una empresa tira por la borda y sin pestañear un mundo entero. 14.000 empleados son aproximadamente 50.000 personas vinculadas familiarmente y lo que te rondaré morena si sigo con la cadena de empresas vinculadas. Podríamos resumir que NIKE desmonta la vida a toda la ciudad de Mataró, por poner un ejemplo más próximo y comprensible. Huelgan los comentarios al respecto. En este caso, ni los de la RSC podrían hacer algo. NIKE está en los USA, donde todo está permitido, al parecer. Fíjense que mientras unos se ponen una NIKE para chulear y divertirse sudando, otros sudan haciéndolas y luego cuando conviene los tiran a la basura con niños y todo. Todo un sistema del que está exultante ese protagonista nuestro tan querido, el profesor de economía residente en Barcelona que luce, esbelto el, chaquetas fosforescentes y una teoría de la empresa proveniente directamente del siglo 19 y no precisamente de la zona renana.


Tercera entrega, volviendo a la realidad circundante: Mes de julio, diario peninsular con edición local, página de economía (no de sucesos), “cinco muertes en accidente laboral en un solo día en la construcción”. El diario resalta que los obreros fallecidos pertenecían a empresas (¿) subcontratadas. Sería muy fácil reclamar la acción de la policía, o del departamento correspondiente, pero en realidad hay que llamar a los técnicos en RSC por si tienen algo que decir. Insisto en recordarles que las subcontratas y la accidentabilidad en la construcción solo viene comentándose desde hace unos 200 años, y ahí sigue. Cito como tema relacionado una propuesta del gobierno catalán para reducir los trámites administrativos que deben cumplimentar los empresarios (en un primer momento el borrador se llamaba: eliminar barreras. Término del que me ahorro el comentario). Me pregunto si los empresarios que cumplen tan escrupulosamente las normas de salud y seguridad en el trabajo también se verán beneficiados por tramitaciones benévolas o deberán continuar con los trámites duros. Esto requerirá un artículo en exclusiva.

Con gran ilusión, puesto que afecta a mi primera especialidad creativa, incluyo lo que viene a continuación: Los empresarios vinculados a la especulación urbanística en la provincia de Málaga pagaban una tasa al alcalde. La llamaban tasa de soborno y estaba valorada en 80 euros por metro cuadrado y 6.000 por vivienda. El diario que hace referencia al caso no explica si la tasa se aprobaba en el pleno municipal o en el bar “Aquí cabe todo”. Este grupo de empresarios, tanto los inmobiliarios como los regidores, pertenecen a la especie selvática, es cierto, pero solo porque son tan torpes y exagerados que se hacen pillar con los bolsillos rebosantes de billetes de 500 euros. Otro motivo para llamar a los de la RSC.

Les insisto en que reflexionen sobre el hecho en sí: una tasa, una obligación contractual y regulada. Es toda una teoría del estado y un manual de economía aplicada. Chicago años treinta. Casi nada.

Termino de momento con lo siguiente que afecta al departamento de sueldos y salarios y al sector público: Catalunya no puede evitar la fuga de enfermeras y tendrá déficit de ellas, por razón de las bajas retribuciones actuales y las condiciones de trabajo. Los espectadores del resto de España tal vez no terminen de entender la cuestión, puesto que Catalunya dispone de un modelo sanitario peculiar, todo y que la sanidad está en manos de la administración, la gestión la realizan un conjunto de empresas públicas y mayormente privadas. Nada parecido al resto peninsular en donde impera un sistema de salud público casi al completo. La noticia se ha ido extendiendo a otros profesionales sanitarios y complementándose con la pretendida contratación de técnicos del este europeo para compensar las pérdidas. Es decir, nuestra gente se marcha a trabajar a Inglaterra y aquí vienen de Polonia. A mi entender, sería preferible que cada uno se quedara a gusto en su casa. La sanidad, los pacientes, los sanitarios serían mucho más felices y no creo que los costes totales (monetarios y sociales) se disparasen. También es un caso de la RSC.

Como memorando final les diré que economía, negocios y sensibilidad son términos que difícilmente pueden ir juntos. Las iniciativas responsables como las que impulsan la RSC y otras, junto al papel equilibrador de la administración democrática serán siempre necesarias, pero insuficientes. La vida es así y los negocios peor, somos humanos que salimos hace algunos años de la selva. Muchos (que la llevan dentro) piensan que aún están en ella.


Lluís Casas, incomprendiendo.

miércoles, 25 de julio de 2007

EL PAGON DE BARCELONA




Lluis Casas, Doctor ingeniero de telecomunicaciones



No les va a sorprender a los lectores habituales de este medio que les escriba sobre el apagón de Barcelona y ello por dos motivos, en primer lugar porque se trata de infraestructuras, no solo básicas sino, hoy en día, vitales y en segundo lugar por su trascendencia política y por ciertas picardías que puede hacerse con los ministros de Industria, mandamases aparentes de la energía en España (Clos, Montilla, Piqué y otros). Allá voy.


No les relataré algo conocido por los periódicos: ese estado de sitio que han vivido cientos de miles de personas y muchos servicios básicos, desde la sanidad al alumbrado público, aunque no dejaré de reseñar el alto nivel de civismo, paciencia y buen sentir que demostramos los barceloneses, cosa que no está nada mal en los tiempos que corren, pero que podríamos demostrar sin necesidad del apagón.


Iré al ajo manifestando que estamos viviendo en Catalunya una doble crisis de infraestructuras, la primera comentada en diversas ocasiones es la que se manifiesta por un, digamos, descuido histórico respecto al mantenimiento, reinversión y nuevas infraestructuras en nuestro país. En los últimos dos años ha sonado la alarma en diversas ocasiones, aeropuerto, ferrocarriles de cercanías, abastecimiento de agua, suministro eléctrico, etc. como demostración palpable de a donde hemos llegado. Dejaré por hoy esta cuestión y me traslado a un asunto colateral, pero de la mayor importancia para entender por qué funcionan tan mal algunos servicios básicos.


El asunto viene, a mi entender, de la enorme privatización de los servicios básicos y empresas públicas que emprendió el PSOE y culminó el PP (la energía como ejemplo paradigmático) y que no ha terminado todavía (faltan algunas piezas solemnes como los aeropuertos, las líneas de ferrocarril y otros). No criticaré, aunque podría hacerlo, la opción privatizadora. Ahora me interesa algo más sutil y entiendo de mayor importancia: el control sobre esas empresas mayúsculas que la sociedad posee o no. Control obvio dada la peculiar situación de ese no mercado y de la trascendencia de su funcionamiento. Partíamos en los años setenta de una situación que podríamos calificar en inglés como de poco adecuada. Las empresas estatales suministradoras de la mayor parte de los servicios y las infraestructuras respondían a un modelo político (muy franquista puestos a decirlo) que ensamblaba control político (absurdo y torpe en general), con los intereses de la oligarquía industrial y financiera de entonces. No hace falta citarles a Tamames y otros ilustres de entonces para que se hagan una idea de lo que quiero decir. El proceso democrático nunca emprendió una reforma en profundidad en ese sector, incluso con gobiernos elegidos y con las nuevas direcciones de les empresas públicas un cierto aire rancio se mantuvo y la cultura empresarial basada en que la empresa estaba por encima del servicio público siguió ahí y ahí sigue según podemos apreciar por los hechos. El paso a la gestión privada fue mal planteado, pero sobre todo se obvió lo mismo que antes: unos sectores en donde la competencia brilla por su ausencia y la opción del consumidor es menos que marginal deben continuar bajo una fuerte regulación pública (como mínimo). Y por lo mismo, unos sectores clave en el desarrollo económico y urbano, abastecedores de servicios básicos deben responder, incluso con la filosofía de la empresa privada, al servicio público por encima de cualquier otro interés.


Tenemos a mano infinidad de hechos que corroboran que los hechos se producen al revés: es el poder público y el interés ciudadano el que está supeditado a la estrategia empresarial, al margen de beneficios que honestamente pudiesen corresponder y a las casualidades de la vida, como el sr. Pizarro por poner un ejemplo. Puedo señalar, y señalo, los pagos a las eléctricas en concepto de entrada en la competencia como de pura poesía especulativa, la asunción del coste financiero de la red de autopistas de peaje como dádiva mortuoria (se entregó a lo privado una red en bancarrota financiera por la devaluación de la peseta y la administración asumió los costes. No cito al protagonista, ahora en Europa, porque produciría más de un patatús).




Ese modelo de carácter extremo dentro de un liberalismo económico que podría resultar aceptable ha producido monstruos en toda Europa. Recuerden ustedes el film que relata la cruz de unos trabajadores ferroviarios británicos que viven la gran privatización de la Thatcher, hecha sobre el cadáver del buen servicio y cadáveres reales de accidentados por renuncia técnica al buen servicio. Privatización que otro liberal más benigno, Blair, ha tenido que retocar en profundidad para que los británicos pudieran seguir llegando a la hora.


Nuestros monstruos gozan de buena salud financiera y de excelente salud de poder. Los ministros de industria con sede en Madrid, con reconocidas obligaciones en el ramo energético nunca han actuado con la decisión y la claridad de intereses que conviene al país, arrugados frente al poder real de los pizarros de este mundo. En Fomento, otro ministerio madrileño, otros poderes actúan de forma parecida, aunque ciertamente menos descarada y en Medio Ambiente, más de lo mismo. Luz, agua, gas, carreteras y autopista, aviones, etc. Son el pan de cada día.



¿Qué hemos hecho mal para merecernos esas empresas? La respuesta es muy compleja, pero esencialmente hemos renunciado a que estas empresas cumplan programas de inversiones y de mantenimiento adecuados a la expansión del consumo, la seguridad de las redes y la disciplina pública. Los beneficios son el resultado de una empresa que entrega un buen servicio, no de una empresa que alarga la amortización de cables y conexiones más allá de la razonable y sitúa en grave riesgo a la sociedad. Esas empresas, afirmo, se deben más al servicio que al propio accionista y, al revés, nunca el servicio debe verse afectado en riesgo por mor de beneficios o de especulación bolsaria.



Accidentes e incidentes pueden ser imprevisibles, pero nunca deben tentarse. Si no se renuevan las líneas y se adecua a las necesidades, los incidentes vienen solos. Ahí está el problema. La administración, en este caso el gobierno debe recuperar algo de no debió perder, el control del servicio y la capacidad de incidir en la actividad básica inversora de las empresas.



En el caso del apagón barcelonés, las enseñanzas vienen dobladas. Al sistema de garantía del servicio basado en la lotería del riesgo que impera entre las eléctricas, se añade la escasa capacidad de coordinación entre empresa abastecedora y la responsable de la red general. El espectáculo ha sido divino para quien tenía luz para poder ver la televisión, ni una ni otra empresa aceptan responsabilidades e incluso se niegan a comparecer en público. Para el sufrido consumidor catalán, que no ciudadano (puesto que parece que esos servicios no se corresponden al estado de ciudadano) la juerga continua con debates entre Endesa i Resa por quien es el culpable y qué cable se ha roto, si el tuyo o el mío. El mismo consumidor teme que dentro de quince años un juez decida que las empresas han de pagar una indemnización de 10 euros en razón a los servicios no prestados. Mientras, las mismas empresas habrán realizado inversiones de gran importancia estratégica en el desierto del Gobi, en donde ya son los principales abastecedores de energía. El cable culpable, se dirá luego, fue reforzado por el lampista del barrio y así continua.


Lluís Casas a oscuras

martes, 17 de julio de 2007

¿POR QUE LOS EMPRESARIOS NO QUIEREN IR A 80?



Por Lluis Casas


Como ya les anticipe en la anterior entrega, el Instituto San Isidro es un gozo de estudios, ahora, gracias a una encuesta que ha utilizado las técnicas sociológicas y matemáticas de investigación inmediata del Nóbel más reciente, puedo desvelarles un misterio que preocupa a la sociedad catalana: ¿por qué los empresarios se oponen a la reducción de la velocidad en las cercanías de la ciudad de Barcelona a 80 K*H?


Como ustedes habrán podido leer, el gobierno catalán y los municipios del área metropolitana impulsan una serie de medidas para reducir la contaminación atmosférica de ese territorio. Como todo el mundo sabe, los índices de contaminación superan cualquier tope europeo y afectan gravemente a las personas y otros animales de compañía. Se tienen estudios de salud sobre el efecto de esa contaminación y son muy graves. El causante principal de la contaminación, una vez que la industria se ha adaptado a las medidas que la UE recomienda, es, sin lugar a dudas, el tráfico y por ello la propuesta de reducir algo dicho impacto a través de una medida blanda como es la velocidad.


Pues bien, al RACC, a los empresarios y a un periódico de la mañana no les ha gustado la propuesta. Aluden a que hay otras vías, todas de largo recorrido aplicatorio y que sorprendentemente ya constan en la previsión gubernamental (enlaces ferroviarios, transporte público, más carreteras, etc.). Explican que no está probada la reducción contaminante a través de una menor velocidad, opinión basada en otras opiniones lejanas. Incluso ese profesor de mala economía que circula por Barcelona con brillantes chaquetas de tutti colori expresa en el diario de la mañana que la medida impedirá el desarrollo económico catalán y aduce que el gobierno la quiere aplicar por cuestiones de gónadas políticas: marcar paquete en el inglés del susodicho profesor que está a años luz de la paridad de sexos. Está claro que hay barullo y que no se sabe muy bien porqué.


Una serie de eminentes ciudadanos con posibilidades intuyó que el asunto de marras traería cola y decidió ponerse en manos del San Isidro, con una petición desacostumbrada, era necesario que el estudio y sus valoraciones estuviesen disponibles en tres días. El San Isidro dispone desde principios de año de un acuerdo con la universidad de Kyoto para utilizar los modelos de reacción social inmediata que descubrió el Nóbel y los ha aplicado por primera vez. Veamos los resultados:


El estudio se realizó la semana pasada y se basó en estratos de interés mutuo, con una muestra selectiva del 10% y preguntas inducidas. Las conclusiones a que los investigadores llegaron fueron las siguientes:

1. A los empresarios les importa un pimiento lo de la reducción a 80 k*h. Ellos conducirán a la velocidad que les convenga, independientemente de los límites. Como afirma una respuesta a la encuesta, ya lo han hecho así desde siempre.


2. Esa posición se descompone en dos estrategias: la primera corresponde al empresario de furgoneta. Su respuesta mayoritaria, un 99%, fue que siempre iban a 140 en autopista i a 90 por ciudad y no veían motivo alguno para cambiar dado que iban mal de frenos y aceleración. La segunda está motivada por lo que el investigador ha dado en llamar empresario-mercedes (a causa del vehículo mayoritario en este subsector) y la respuesta fue dada por los chóferes correspondientes. Estos confirmaban que nunca leían el periódico, ni el DOG, por lo que circulaban como siempre a 200, sin ninguna queja por parte del propietario.


3. Un pequeño porcentaje de las respuestas, un 1%, argumentó que a el nadie le decía a que velocidad corría o se corría. Hay en el estudio una cierta confusión de términos, por otro lado perfectamente comprensible dada la metodología japonesa utilizada.


4. El sistema de análisis complejo utilizado por el San Isidro ha hecho aparecer opiniones consolidadas que no se expresan habitualmente en las encuestas, de este modo podemos informar que el 80% de los empresarios no entienden porque sus líderes patronales se meten en berenjenales que ni les importan, ni les afectan, aunque sostiene una mayoría del 70% que esta repulsa se entiende desde el punto de vista que nunca hay que estar de acuerdo con medidas de protección ambientales que se propongan para Catalunya. Otra cosa es que fuese para otros territorios lejanos, a la que darían su aprobación unánime.


5. El sector empresarial vinculado al mundo del automóvil tuvo un tratamiento específico, dadas las características de la investigación. El 100% se manifestó por la libertad en la elección de la velocidad, color, potencia y contaminación. Expresan con emotivo furor que el automóvil o coche, es un derecho fundamental y no así la salud. Aludieron a las consecuencias de reducir la velocidad sobre la ocupación laboral y amenazaron con decírselo a los sindicatos. Para demostrar el sumo interés del sector para reducir las emisiones de los vehículos entregaron al encuestador una propuesta que implicaría una reducción del 10% a lo largo de los próximos 100 años.


La lectura de los resultados arriba descritos no hace más que demostrar el grado de entendimiento entre las políticas ambientales y, lo que podríamos llamar, el mundo de los negocios. Esa expresión, ahora cuantitativa, permitirá cambios sorprendentes en la evolución técnica de los vehículos, según palabras de un portavoz del RACC, aludiendo sin duda a la próxima generación de todo terreno para llevar los niños al colegio que aparecerá de inmediato.

Lluís Casas, dios mío donde nos hemos metido

viernes, 22 de junio de 2007

NUEVAMENTE LA VIVIENDA



Lluis Casas

Como doy por supuesto que ustedes han leído la serie de artículos sobre el maldito embrollo de la vivienda que esta digna casa virtual ha ido publicando, me ahorro el espacio del recordatorio y salto a consideraciones de actualidad. Si alguien tiene tiempo y ganas puede acceder a lo publicado con dos o tres pulsadas del ratón. Lo tienen fácil.

La prensa ha señalado una reducción en el incremento del precio de las viviendas, al tiempo que anuncia que numerosas inmobiliarias se han ido al garete (¿He leído una cifra de 50.000 o lo he soñado?). Intuyo que en realidad se han escondido. La alarma sobre la evolución de los precios ha crecido en las últimas semanas y se dice que éstos no sólo no crece sino que se reduce a mayor velocidad de la que cabria esperar. Por lo que se sabe el tiempo de espera en una venta es de varios meses, cuando un año atrás era pocos días. Incluso he visto en televisión cómo una vendedora ponía verdes a los propietarios privados de pisos que, al venderlos, quieran ganar tanto creando problemas en el proceso de venta. Algunos tienen mucha cara dura y poquísima memoria.


No solo la prensa se ha hecho eco de ese cambio de coyuntura: el gobierno y otras instituciones públicas y privadas descuentan algunas décimas de crecimiento con cargo al reajuste inmobiliario. Incluso ese instrumento de brujería económica que es la bolsa se está viendo azotada por solemnes transferencias de riqueza o, pura y llanamente, reducciones considerables de la misma. Entiéndanme ustedes, riqueza bolsaria, no estrictamente real. La cotización se disuelve en la dura realidad como un azucarillo. En definitiva que el sector --y lo que le cuelga-- está de los nervios.


Veamos si es posible traducir al buen dialecto de Parapanda ese flujo de noticias y aseveraciones. Todo el mundo estará de acuerdo que en España se ha vivido una fase de especulación inmobiliaria basada en un crecimiento de los precios que nada tenia que ver con los costes, ni siquiera con una demanda solvente y real de vivienda. Probablemente más del 50% de la vivienda construida ha ido a parar al ahorro o a la pura especulación, no a la satisfacción de una necesidad social (independientemente del tipo de vivienda y de su coste). Si analizamos la distribución del precio podemos afirmar que una parte substancial han sido beneficios más que extraordinarios para promotores y en su caso para particulares (los que efectivamente ha procedido a una venta). El coste real de la vivienda, expresado en términos reales (beneficios estándar incluidos) estaría en torno del 50% del que ha estado vigente durante varios trienios. Ese inmenso flujo dinerario se ha transferido a la bolsa, con algunas compras mayestáticas y realmente sorprendentes, a la reinversión del sistema especulativo (compra de suelo a recalificar), al consumo suntuario y a un incremento importante de los trabajadores de la construcción y sectores afines, lo que facilita su difusión a toda la economía. Todo hay que decirlo, ese incremento laboral y de salarios del sector no han seguido paralelamente el alza de los precios, en caso contrario hablaríamos de trabajadores de la construcción millonarios.


El siguiente efecto hay que buscarlo en la deuda financiera que se ha generado --los hipotecados de por vida, así en esta como en la otra-- aunque también existe un efecto deuda entre promotores, que ahora están pagando caro si se rompe el mecanismo con que han funcionado. Ese efecto se dejará sentir a lo largo de la difícil digestión del coste de la compra. Los trabajadores que se han visto obligados a adquirir una vivienda a precio de “mercado” han depositado a manos de las entidades financieras la mitad de sus salarios actuales y para los próximos 30 años.


Bien, tal como advertía en uno de los primeros artículos, el ajuste de la vivienda ha venido de mano de ese ciego y cruel mercado. Y ello tendrá múltiples efectos. Señalo con insistencia que la política y la administración poco habrán hecho para mitigar los costes del alza y los otros costes que la recesión provocará. Han estado contemplando el paisaje y olvidándose de sus responsabilidades y de un sentido adecuado de la democracia que exigía actuar con contundencia. No ha sido por falta de instrumentos, los hay y muy eficaces, tampoco por falta de tiempo, lo hemos contado en trienios, ni siquiera por falta de recursos económicos, la misma vivienda ha generado ingresos fiscales a chorro. Ha sido por que han creído que esa era la política adecuada, simplemente. Y ahora, ¿qué podemos esperar?


Lo típico en un proceso de ajuste, bajas de diversa consideración en el sector empresarial, una limpieza de bajos, podríamos decir y un reenfoque de la actividad. Con seguridad, los promotores sólidos pretenderán que la administración les ayude en la transición, es decir, exigirán planes públicos de vivienda a los que adscribirse y otro tipo de ayudas bien conocidas. Capear el temporal, como dicen. Ello reducirá la demanda de mano de obra, que en un entorno decrecimiento económico podría ser absorbida por otros sectores.


El mayor daño, a mi parecer, estará en el mercando secundario. Me explico. Las ventas de vivienda de segunda mano, mayormente de propiedad individual, pueden notar el impacto de reducción de precio. El balance entre esfuerzo inversor (la compra) y la venta puede resultar doloroso. Mucha gente verá reducida su valoración de la riqueza y se agitará su relación con la hipoteca. Hará mucho daño. Ya lo habíamos dicho.


Lluís Casas, rendido a la evidencia que no habrá comprador para su plaza, bajo la puente.

jueves, 21 de junio de 2007

CATALANUYA Y LAS INFRAESTRUCTURAS




Lluis Casas


El asunto que encabeza el articulillo lleva de cabeza a varios gobiernos catalanes, a sus oposiciones parlamentarias, a catedráticos de diversas materias, sindicatos, patronos, empresarios y un largo etcétera. Y ello a causa de su gran trascendencia, sin lugar a dudas.


En el periódico La Vanguardia del domingo 17 de junio aparece un amplio reportaje sobre la materia que debe leerse con atención e inteligencia. No todo lo que dice es ajustado a la verdad, pero mucha verdad está descrita en él. Algún comentario solo es mera murmuración, pero en general late la cruda realidad. Como vengo comentando aspectos de la gestión de las infraestructuras no resisto la tentación de recomendarlo primero, léanlo y piénsenlo, para a continuación incidir en lo que considero más importante.


Primero, la sensación existente en Catalunya de estar perdiendo oportunidades en la pugna del desarrollo europeo no es broma. Unos lo manifiestan en función de intereses económicos, otros por su preocupación académica, otros desde una perspectiva emocional, pero esa sensación tiene consistencia, está basada en datos constatables y ha generado una alarma más que significativa. Incluso la calle, taxistas incluidos, se hace eco de ello.


Segundo, el problema, real y psicológico, ha saltado con dureza al patio de vecinos con un gobierno de izquierdas en Barcelona y en Madrid. Hablo del (des)encuentro entre Zapatero y Maragall y ahora, entre Zapatero y Montilla. En el artículo de referencia hay una frase, destacada, que considero como lo más duro dicho públicamente sobre la cuestión hasta ahora, dice, “con esta política (el freno al desarrollo de Catalunya), los más preparados (nuestros jóvenes) deberán emigrar (de Catalunya) en unos años”. Nunca había leído nada como lo anterior. Me quedé estupefacto. ¿Y si fuera cierto? Un desencuentro de ese calibre entre izquierdas hará daño, podemos estar seguros.


Tercero, se trata de una cuestión con dos aspectos principales, El financiero, los recursos que el estado y sus administraciones aportan a la financiación de las infraestructuras y el del poder de decisión, cuando, cómo, donde, por qué y qué. El primero ha estado en muchas portadas durante tiempo más que suficiente y no considero que desde un punto de vista racional haya mucho que discutir, aparte, claro está, de si son diez o doce los ministros de Cristo. El segundo se ha hecho más que evidente a raíz de la crisis del aeropuerto y del sistema de ferrocarril de cercanías. Ahora mismo es el núcleo de la cuestión y tiene más poder de convocatoria que las malditas finanzas. Nadie quiere ya que el autobús de su calle lo dirijan desde 600 kilómetros. De hecho, quieren dirigirlo desde casa. No es broma.


Cuarto, no se trata de competencias, ni de debates sobre federalismo. Si una sociedad se siente amenazada en su futuro al nivel que se aprecia en Catalunya se corre un riesgo cierto de ruptura de todas las compuertas y entonces habrá que mirar muy lejos y muy rápido para salvar los muebles.


Quinto, ningún país puede permitirse el lujo de frenar el desarrollo (o que se piense con cierta base que así ocurre) del territorio que ha tenido mayor impulso en los últimos 150 años y que está ensamblado fuertemente a la economía europea. Ello no perjudica a la necesaria política de reequilibrio territorial general, todas las zonas del estado deben acercarse al nivel deseable de bienestar y prosperidad. No son objetivos antitéticos, tal como el desarrollo impresionante de Madrid confirma.


Sexto, el calendario político deja poco margen para las florituras. O se da el paso: cumpliéndose ampliamente las expectativas estatutarias o el próximo encuentro va a tener interlocutores distintos.


Séptimo, las rentas del centralismo (tiene otros nombres, pero los evito) tienen costes. No es una renta limpia, ni claramente positiva. Quien se apoye en ella comete un error de bulto, no entiende la nueva y consolidada estructura del estado. Ni el papel de cada cual. Haría bien el gobierno en entender que ya hay más estado en las CCAA que en la sede del gobierno. El débil es él y se está enterando todo el mundo.


Octavo, la eficacia social de la maquinaria pública está hoy en manos de las CCAA. Quien no lo vea debe dirigirse al oculista más próximo. Los ciudadanos valoran positivamente la acción política y administrativa de las administraciones cercanas. Se han ganado un cierto respeto. No ocurre lo mismo con el centro.


Noveno, no se trata ya de Catalunya, aunque también. Catalunya es la punta de lanza de una concepción política con poderes diversos que cooperan con cierta elegancia y sinceridad, sin zancadillas continuas, ni miedo al balance fiscal. Mejor, sin miedo a la verdad del balance fiscal. Pero detrás de Catalunya están todos los demás. El juego del estatuto no es yo también por que sí. Es yo también porque esta es la lógica del sistema.


Décimo, no hay nadie en Catalunya que tenga un peso valorable que ponga en cuestión un sistema financiero solidario. Nadie pretende que otros territorios del estado se mantengan al 70% de la riqueza media. De lo que se trata es que los sectores populares y medios en Catalunya disfruten de parecidos sistemas de bienestar que en el resto del estado y que los sectores de más amplia riqueza aporten por igual, estén donde estén y que, aquí está el tomate, nadie vea frenado su futuro.


Termino augurando una solución elegante, tomando el término del optimismo del reconocido físico para resolver una parte de un problema que todavía ha de durar.

Lluís Casas, licenciado en temperatura social

martes, 12 de junio de 2007

¿ALGO QUE DECIR SOBRE EL CRECIMIENTO ECONOMICO?



Lluis Casas

La tormenta mediática en la que los dioses olímpicos nos han situado deja poco margen para la reflexión pausada y el comentario responsable sobre cualquier asunto de público interés. Ni que decir tiene que el mundo de las propuestas posibles y razonables está ahora mismo a años luz y en dirección contraria a la nuestra, sea esta la que fuere. Para la tranquilidad, o no, del lector residente en Marte lo sitúo en las concretas coordenadas espacio-tiempo en las que escribo: Elecciones locales y autonómicas, fin de la tregua de ETA, tensión en los medios acerca de la política de seguridad en Catalunya, inestabilidad de las fuerzas políticas que gobiernan, ahora, en régimen de casi exclusividad en Catalunya, dudas respecto al calendario de las elecciones generales, el PP haciendo de la suyas y un largo etcétera a gusto del lector. La situación podría ser más que angustiante, pero una larga práctica en la tensión política nos la hace, si ello es posible, más llevadera, pero no por ello menos preocupante.

El síncope inicial se debe a un deseo de plasmar una cierta perplejidad causada por una realidad económica confortable y duradera y una coyuntura política permanentemente agitada. La suma de fuerzas, que en física mecánica determinan una resultante, aquí origina perplejidad en el público lector e incongruencia en el menos leído. Por lo tanto, ninguna resultante útil. En cualquier otro momento o en distinto patio de escuela, una situación de crecimiento del PIB como el de ahora debería corresponderse con tensiones políticas y sociales en torno a la distribución de la riqueza existente: más y mejor educación, extensión de los sistemas de protección social, mejora razonable de las infraestructuras, aligeramiento de las tensiones en la vivienda, búsqueda de nuevos modos de desarrollo (cuanta falta hace esta palabra y su significado) e impulso a las medidas medio ambientales. Imagino a los Sindicatos, en mayúsculas, pretendiendo recuperar una parte del PIB hacia los salarios, a los responsables del desarrollo regional exigiendo aportaciones crecientes a infraestructuras locales y regionales, a los actuales e inmediatos pensionistas a lo suyo, ¡qué ya está bien! Y a los empresarios, como no, a desarrollar programas de I+D que hagan mucho más eficaz la empresa, la verdadera productividad y la mejora de los productos. En fin, programas económicos y sociales. El debate en el crecimiento. Ello no se ha dado, o no se ha dado suficientemente. El schoc mediático-político paraliza los esfuerzos sociales que deberían impulsar esa necesaria renovación de prioridades.



Hago aquí un alto y anuncio mi sincera disconformidad con el valor del PIB como sustancia de la realidad económica, pero me atengo a ello ya que no distorsiona lo que vengo a decir a continuación.

El crecimiento económico consistente estos últimos años y con unas tasas cercanas al lujo (al menos en Europa) está generando altos beneficios empresariales (hoy leo que una empresa incrementa el beneficio en un 36%), mucha ocupación (se ha absorbido un impacto inmigratorio inmenso con una elegancia en los modos que reconforta los ánimos humanos), excedente presupuestario público (el efecto de la expansión de los ingresos y de una acentuada torpeza en cumplimentar los gastos, sobre todo en la inversión descarga las tensiones en el déficit y aparecemos como los campeones del superávit presupuestario), los números positivos en la SS son anuales y permiten ir creando un formidable fondo de reserva. Además los tipos de interés, a pesar de los paulatinos aumentos, siguen estando en una zona controlada (los hipotecados disculpen las molestias), la inflación diferencial con Europa parece tender a suavizarse y los fondos europeos aterrizaran en la pista cero controladamente (cosa que podía haber tenido un altísimo riesgo).

Con lo dicho, el tío Solbes ha de estar más que contento. Si la economía va con el viento en popa, la política debería estar tranquilizada. Pocos gobiernos sufren castigos y ametrallamientos cuando el bolsillo está agradecido. Pues parece que no es así. La idiosincrasia hispánica adolece de muchas peculiaridades y estamos en una de las más sangrantes. Razono que una falta de administración de la bonanza económica está en la base de la turbulenta agitación. Unos buenos beneficios adecuadamente distribuidos contentan y satisfacen a los accionistas. Acumular excelentes cuentas de resultados con cargo a reservas y sin proyectos inmediatos hace subir la inquietud del pequeño propietario. Me pregunto de forma forzosamente retórica si seria posible semejante emplaste agitador con la población contenta. Pienso que no.

Veamos lo que pienso que ha faltado. Podemos matizar el éxito económico descrito evidenciando algunos agujeros mal parcheados que intuyo en la base de la escasa solidez gubernamental.

En primer lugar y en honor a la verdad de su importancia cito los salarios. La pérdida de capacidad adquisitiva y de peso en el dichoso PIB es más que constatable y ello en plena incorporación femenina al trabajo y con incrementos de trabajadores inmigrados de dos dígitos. Añadiré además que los trabajadores públicos no compensan la inflación desde principios de los noventa. Probablemente en Catalunya, con una inflación superior a la media, la pérdida se acerca al 18% del salario. Un gobierno socialista no debería haber dado la espalda a substanciales mejoras del salario base, de la contratación laboral (soporte de los salarios menos que mínimos) y de sus funcionarios. Aunque fuese una política tímida, los signos en ese sentido son imprescindibles.

En segundo lugar, la economía permite afrontar mejoras consistentes en la financiación de las CCAA. Catalunya arrancó con el beneplácito presidencial, con previsiones de desarrollo legislativo y reglamentario fluidas y se encuentra en el aparcamiento, planta novena. Con Catalunya, todas las demás. ¡Ojo! La financiación autonómica no solo es cuestión de sentimiento emancipatorio, es ahora mayormente la financiación de los servicios públicos, prácticamente todos transferidos: sanidad, educación, etc. Algo más que fundamental para el bienestar de los ciudadanos.

Tercero, la inversión, planificada a cotas excelentes en cifras en los presupuestos está dormida y no se ejecuta, o se ejecuta con la lentitud del que no le importa. Añádase a esto la crisis de algunos servicios de inversión, como ferrocarriles, aeropuertos, etc. y tendrán ustedes una situación menos que buena. En este sector de las infraestructuras aparece un fantasma que había pasado casi desapercibido hasta ahora: la presión corporativa de los cuerpos de funcionarios (o grupoide ellos más bien) que no han entendido que todo fluye y todo cambia. Filosofía griega que nuestro venerable barbudo –el de Tréveris, naturalmente-- asimiló y doctoró. Incluyo en el apartado la escasa consistencia en algunos objetivos de inversión. No hay la atención necesaria sobre la red de ferrocarriles que nos conecten con Europa, ni la intensidad exigida para convertir en eficaz y en eje el transporte de mercancías. Como ejemplo mayestático cito un problema más que doméstico: el coste en todas las monedas posibles de imaginar de lo que sucede en los servicios ferroviarios en Barcelona es elevadísimo y las respuestas dignas del malogrado dúo Tip y Coll.

Cuarto, la tensión brutal de los precios especulativos de la vivienda. El juego entre riqueza aparente, el valor del piso, y el coste en términos de porcentaje del salario familiar, se torna mortal por momentos. Incluso manteniendo una agresiva expansión inmobiliaria, que soporta una buena parte del PIB, era posible suavizar el coste sobre el ciudadano trabajador o dependiente del salario. Además es una obligación moral y por lo tanto política.

Quinto y último. El sistema fiscal y su honorabilidad. La tendencia suicida a la reducción de la presión fiscal (mucho más leve que en el resto de Europa) hipoteca los programas de equiparación de servicios públicos con nuestros socios europeos. Añadiendo a ello la escasa eficacia de la acción contra la evasión fiscal, un cáncer crónico totalmente innecesario y fácil de combatir que mezclado con el mundo inmobiliario ha creado un monstruo que no nos podemos permitir.

Acabo, de momento.

Lluis Casas, más bien filósofo (desde Parapanda)