miércoles, 19 de septiembre de 2007

DON ALLAN GREENSPAN


Don Lluis Casas



Dicen que los escritores se dividen en dos clases, aquellos que alaban a su editor y los que huyen de él. Yo por si acaso, me acojo a la primera categoría, añadiendo que para mi las sugerencias de mi editor son ordenes de realización inmediata.

Digo lo anterior por la inconmensurable sorpresa al leer el correo certificado con el que el editor más importante de Parapanda me conminaba a opinar sobre las graciosas declaraciones del ex-mandamás económico de los USA a propósito de la burbuja inmobiliaria, la guerra de Irak y otras menudencias.

Siempre procuro alejarme a la mayor distancia posible del Imperio, pero como temo más a mi editor que lo tengo más cercano, voy al grano.

Si alguien no lo recuerda, Allan Greenspan (81 años) fue presidente de la reserva federal de los USA durante un largísimo período. La reserva federal es algo más que el banco central europeo respecto a las políticas financieras y monetarias americanas del norte, puesto que nadie ha obligado nunca a la reserva federal a tener un credo fijo como el que reluce en Europa por influencia alemana: stop a la inflación. La reserva federal estadounidense siempre ha basculado con comodidad entre el control de la inflación y el impulso al crecimiento, unas veces gana uno y otras la otra. No es menor contar con un sistema financiero mundial al que expulsar los déficits inflacionarios y hasta ahora el dólar tenía esta fuerte personalidad. La inflación estadounidense se disolvía en el mundo mundial. Ojo, ahora el euro empieza a competir en ello. Lo dicho es pertinente, puesto que el presidente de la reserva federal es uno de los responsables del crecimiento habido y so solo de la continencia monetaria.

Presentado el personaje en su faceta profesional, diré que A.G. corresponde al prototipo del experto liberal americano de gran carácter, sinceridad verbal y física y valor y autonomía reconocidos y muy longevo en edad y capacidad. Demócrata probablemente. Ha sobrevivido, más bien que mal, claro está, a diversos gobiernos y a períodos económicos variados, aunque en el fondo podríamos afirmar que presidió una década prodigiosa para la economía estadounidense con el presidente Clinton como eje político.

No es de extrañar pues que, liberado de sus responsabilidades gubernamentales, se explaye en sus memorias contando lo que piensa sobre lo divino y lo humano, de todo aquello sobre lo que no tiene ya influencia directa. Y a este propósito ha dejado retratado a esa mente prominente de Jorge Bush, diciendo que la guerra de Irak responde a los intereses petroleros, que la especulación inmobiliaria era sabida y que no hay sorpresa en su explosión y otras lindezas por el estilo.

Con respecto a Irak y el petróleo no puedo confirmar o negar lo dicho por el colega, solo señalar que Bush es un producto del petróleo de Tejas en todos los sentidos, su experiencia empresarial (hundió algunas empresas), la salvación de su alma (un santo bebedor), el modelo de crecimiento (sin límites, ni coartadas) y la financiación de sus campañas, todo del petróleo. Lo tomado fue devuelto en forma de políticas anti-ambientalistas, con libertad absoluta para la poderosa maquinaria petrolera, Alaska incluida y, tal vez, una aceptación del calentamiento global como instrumento de dominación. Por lo que a nadie le extrañaría lo dicho.

Con respecto a la burbuja hallo en mí más claridad de respuesta, efectivamente nadie mínimamente cuerdo puede negar que se veía venir, que todo el mundo sabia como se cocían las hipotecas en los USA y que la única incógnita era la hora del estallido. Más aún, todo el mundo sabe, Leonard Cohen dixit, que muchas entidades bancarias y oficinas financieras siniestras estaban jugando con un fuego que podía quemar la economía mundial. Exprimo su esencia: la gente en los USA, como aquí, necesita vivienda. Uno. Le ofrecen hipotecas (en los USA la hipoteca no es como aquí, es una deuda endeble jurídicamente) a tipos muy reducidos. Dos. Le prometen que en tres meses habrá una revalorización de su finca impresionante y podrá, a crédito, comprase un cadillac. Tres. Los hipotecantes, bancos y otras empresas financieras especializadas, venden esos compromisos otras entidades con el anzuelo de su revalorización. Cuarto. El proceso se repite y se extiende. Cinco.

El mundo vive de rentas sobre una deuda original que podría ser como la que sigue:

- Piso de 60 metros, en zona colindante con la RENFE, necesidad de restauración profunda, parece ser que hay un desconocido plan urbanístico sobre la zona, precio de entrada 60 millones de pesetas, pago diferido a 40 años, tipo de interés variable al 1%, no se necesitan garantías salariales. Podrá venderlo por más, mucho más. No haremos preguntas capciosas.

Finalmente, el tipo de interés sube al 8%, el comprador no paga, el piso no se revaloriza por que nadie lo quiere. El banco o cosa parecida se puede quedar con el piso, pero ha contraído una deuda con otros inversores, no tiene efectivo. Chilla, se le oye, los que mantienen depósitos en el banco corren a sacarlos…..El movimiento se expande, crece y llega a Tokio, vía Madrid.

¿Por qué se ha esperado tanto en reaccionar?, ¿por qué les entidades públicas reguladoras y las privadas encargadas de valorar riesgos no han funcionado correctamente? ¿Por qué entidades serias juegan con fuego? Que nadie responda en base a la libre empresa y a la libertad de capitales, como con seguridad hará ese profesor enchaquetado en colores que circula por Barcelona defendiendo al poderoso y al especulador. No se trata de libre empresa, ni de zarandajas parecidas. Simplemente de un funcionamiento honrado y eficiente de los jefes de los bancos y de las auditoras nos librarían del gangsterismo financiero. ¿Recuerdan la crisis de ENRON, facturas falsas con la firma del auditor?

Alguien habrá ganado mucho dinero, los bancos centrales habrán desplazado recursos públicos para cubrir agujeros y el piso sin pagar y el ocupante desahuciado.

De eso se queja Greenspan y yo.

Lluis Casas, preparando cátedra

martes, 11 de septiembre de 2007

HOMENAJE A SALVADOR MILA: Otra vez el Pacto por la vivienda

No podía faltar a la cita de actualidad mi comentario sobre el recién firmado pacto de la vivienda (no por la vivienda, ¿estamos?) del gobierno catalán. Lo que viene a continuación requiere un cierto esfuerzo anímico e intelectual por parte del que escribe; huelga decir que por razones obvias desconozco el esfuerzo del lector. Y ello a resultas de un sentimiento de ambigüedad frente al conjunto formado por el pacto en si mismo y las delimitaciones que se han establecido en torno a el. No es raro en política sentir esa impresión, pero en este caso, a mi parecer, resultaba posible una clara victoria y la satisfacción consiguiente. El retraso respecto a la fecha de la foto de presentación del pacto se debe a ese estado anímico. Foto a todas luces excesiva e innecesaria. Yo diría hiriente. No es justo tener que ver desde el televisor de la habitación a 400 euros como se celebra intramuros algo que tienes muy distante o que estás pagando con 40 años de tu vida.

Les recordaré en pocas líneas que la propuesta de ley, substrato del pacto, fue presentada en sociedad en noviembre del 2005, con la aquiescencia entusiasta de las reinas promotoras del mercado inmobiliario catalán (veían una oportunidad de evitar males mayores y de asegurarse actividad empresarial en las futuras horas bajas). La propuesta fue frenada por medios nada claros, pero que en esencia correspondieron a una fuerte incomprensión de la fueraza política hegemónica en el gobierno, el verlas pasar de la segunda, al frente populismo de la derecha contra ese instrumento democrático y jurídicamente impecable de la expropiación y a una campaña de prensa durísima. Unos por no decir lo que había y otros por decir lo que no había. No se debe dejar de citar que esa sociedad de creencias de progreso, sindicatos, asociaciones de vecinos, intelectuales sin organismo y un largo etcétera que dejaron desnudo de apoyo real y moral al impulsor del proyecto. Es de suponer que piensan que el marxismo-leninismo es esperar sentado que te sirvan el vermú. El consejero que se lanzó al ruedo con la propuesta de ley, con el apoyo de la racionalidad más exigente y la moderación adecuada, pero convencido de su necesidad y bondad, fue extirpado del gobierno seis meses después. Por razones de cuota, dijeron algunos.

Lo que pasó a continuación fue un intento de salvar los muebles en un incendio causado por cobardía política. La propuesta quedó obturada en el parlamento por efecto de la derecha, que siempre aplica medidas drásticas cuando se trata del mundo del dinero (no quería perder la posibilidad de la ley si recuperaba la mayoría gubernamental) independientemente de la necesidad social de que se trate. Se perdieron muchos meses debatiendo si eran tirios o troyanos. Las elecciones dejaron despejado el camino y la propuesta recayó en un nuevo gobierno ideológicamente replicante del anterior. Desde noviembre del 2006 ha estado en la cocina en manos de un cocinero de puchero que no cree en la propuesta porque no cree en nada. Su objetivo ha sido, no la ley, sino el acuerdo. De ahí una espectacular fotografía de prensa en la que el consejero y el líder de la especulación inmobiliaria si no se besaban (como antaño el tío Brezneff y el tío Walter Ulrich: dos estantiguas), estaban a punto de hacerlo. Foto que hizo un enorme daño político al consejero, bien merecedor de ello.

Bien, después de dos años del inicio de la partida estamos de nuevo en el frente parlamentario, con la derecha cabreada (se prefirió el mundo económico a la derecha política y por motivos de maquillaje escénico los echaron del escenario). Nos espera al ritmo del parlamento unos seis meses más. Después ley, reglamento, financiación, acción….Es decir estamos, si nada se estropea, a más de dos años de apreciar los primeros efectos. Tiempo de cocción, cuatro años. Y eso que las hipotecas suben.

Hasta ahora me he situado en las discontinuidades del terreno, ahora entró en la parcela. Las medidas propuestas son posibles, si el cabo furriel lo permite, son adecuadas y podrían ser suficientes si estuviéramos en el año 2000. Por lo tanto, unos reformistas acérrimos como los residentes y habitantes parapandeses estamos de acuerdo. Excepto que...

Excepto que la adjudicación de la vivienda de protección se haga a través del promotor privado en un porcentaje del 30%, el porcentaje está equivocado, debería ser el 0%. Y para entenderlo les remito al escándalo gallego. Un líder del PP de Galicia, promotor inmobiliario, se hacía pagar en negro 50.000 euros por vivienda protegida, sino te quedas sin ella. Piensen ustedes que si están en ese cupo del 30% podrían tener que pagar incluso derecho de pernada. Un verdadero medioevo inmobiliario.

Este excepto no es económico, ni político. Corresponde a lo más profundo de un ser honesto, honrado y garante de la cosa pública. Por todo lo demás me atengo al padre de la ley, consejero caído: es lo que ahora podemos hacer y lo que ahora debemos hacer.

Lluis Casas, en honor de Salvador Milà

martes, 4 de septiembre de 2007

EL PACTO POR LA VIVIENDA ¿CON QUIEN?


Retomo el teclado informático después de unos días de playa con lo que considero el asunto estrella de la década política y económica: la vivienda. El verano agosteño ha sido desprendido en noticias, de las que les recuerdo algunas, por si acaso no han mirado el recibo de la hipoteca o la siesta se ha prolongado excesivamente:

La esperada crisis de las hipotecas basura norteamericanas explotó por fin. Y con ello se ponen en evidencia la falta de controles reales sobre ciertas oscuridades del sector financiero, entre ellas el mal funcionamiento de las agencias privadas de control y el penoso pensamiento débil de los responsables económicos que sabían lo que tenia que suceder, pero esperaban que no llegara nunca.

La reacción pública, americana y europea, hecha de miles de millones de euros y dólares en beneficio de un sector torpe y egoísta. Pregunta retórica e ingenua: ¿Podían los mencionados millones haber llegado antes y en beneficio del acceso digno a la vivienda? No dude nadie de mi beneplácito a reducir los costes de la crisis, simplemente contemplo la posibilidad de haber reducido antes sus efectos.

Los tipos de interés siguen la empinada senda que produce agonía en la economía familiar. Los políticos y los ecónomos se ponen de los nervios y empiezan a emitir las señales de su fracaso (?) en forma de posibles desgravaciones y otras hiervas de mal gusto. Todo por no hacer los deberes debidos: oferta pública de vivienda y regulación urbanística.

La alarma fiscal se desata, la reducción paulatina del “mercado” inmobiliario afecta a las administraciones regionales y locales, que ven como sus ingresos provenientes de un mercado inflacionario disminuyen significativamente. Todo el mundo sabía que si el negocio inmobiliario se reducía, el negocio fiscal también y que iba a pasar de inmediato. Pues bien, a algunos les ha cogido por sorpresa.

Si ustedes tienen la paciencia de repasar hemerotecas o simplemente este diario digital, comprobaran que todo lo sucedido estaba previsto. Nada ha ocurrido que no se supiera y que no dispusiera de posibles medidas correctoras eficientes. Mientras tanto en casa hemos cambiado de ministra del ramo, una operación de cirugía a un muerto, que lógicamente no logrará que resucite oportunamente. El ejemplo de las malas prácticas continúa en nuestra otra casa. En Catalunya la ley de la vivienda, propuesta en noviembre del 2005 sigue por caminos extraños, pendiente de acuerdos gubernamentales, parlamentarios y de un esperpéntico pacto de la vivienda con los promotores inmobiliarios. ¿Se dan cuenta que unos adultos todavía creen en los reyes magos? ¿O es que simplemente no creen en nada?.

El pacto de la vivienda es un estropicio político que significa reducir los objetivos de la política de vivienda pública en beneficio de los promotores habituales. Estos consideran que son los dueños del rancho y que la política pública debe servir para asegurarles la actividad en tiempos de cólera, es decir: mercado reducido, tipos de interés altos, alarma familiar, etc. No para ofrecer a los ciudadanos una vivienda accesible económicamente y poco supeditada a los vaivenes del ciclo económico, sino dirigida a satisfacer la demanda demográfica.

La realidad del poder económico y la debilidad política frente a retos claros como la política de vivienda es en nuestro caso transparente y alarmante. El ciclo inmobiliario ha durado lo suficiente para que a nadie extrañe el resultado. Todo se ha visto venir, lenta e implacablemente. Los ciudadanos han visto desaparecer las rentas del trabajo hacia el pozo sin fondo de una vivienda ultra valorada por el precio del suelo (precio absolutamente especulativo o político, puesto que no se desgata, ni desaparece con el uso), y ahora podrían ver venir una reducción significativa del valor pagado. Ello ha comportado un notable disfunción en el posible ahorro y en la diversificación del gasto familiar. La vivienda lo absorbe todo y no deja nada para otros: cultura, ahorro, equipamiento familiar. La expresión “dejaré a mis hijos como herencia un piso y una hipoteca” no es un simple chiste, sino una realidad social. La calidad de vida entre españoles y europeos tiene un diferencial permanente a causa de ello.

Durante algún tiempo pensé que el sector inmobiliario era susceptible de nuevas política públicas que beneficiasen a la comunidad. Los márgenes de beneficio eran tan altos que permitía ajustes significativos y que incluso el sector más digno empresarialmente podía entender que no era bueno para nadie participar en carreras con un caballo desbocado. Alguien terminaría con los huesos rotos. Pues bien, en beneficio de la historia, debo reconocer que no disponemos en España de valor político y democrático para favorecer a la mayoría reduciendo lo que se lleva la minoría. La lista de políticos y de partidos de débil carácter es muy larga y afecta a todas las esferas de la derecha y la izquierda. Bien es verdad que con intensidad desigual. Lo que en un artículo anterior llamé el gran fracaso de la democracia española: la renuncia a una política pública de vivienda estable y consistente, se ha hecho este verano más que patente.

Por lo que doy por acabadas mis reflexiones acerca de ello y me hecho a llorar.

Lluis Casas en plena depresión pos vacacional.

miércoles, 29 de agosto de 2007

EURO VERSUS DOLAR



Don Lluis Casas

No estoy muy seguro que lo que viene a continuación sea de interés mayoritario para los lectores de esta revista digital. La sugerencia me ha llegado desde las más altas instancias corporativas y entiendo que no ha lugar a pasar página. Por lo que me pongo a ello.

Pienso que el posible interés sobre el valor de conversión del euro respecto al dólar esté en un inmediato viaje a Nueva York, en legítima correspondencia al que está efectuando nuestro amigo Woody a Barcelona. Todo el mundo sabe que el coste de unos tejanos en la Quinta Avenida se está reduciendo a ojos vistas por la apreciación de ese oscuro objeto de deseo del euro. Otra cosa no se imaginar. Porqué, ¿existe en la especie humana alguien preocupado por el distinto valor de un BOING 818 o de un misil de última generación si se paga a dólar contante o euro creciente? No lo creo, aunque, por lo visto, compras de los mencionados objetos se realizan promiscuamente si seguimos la prensa de color sepia. Veamos.

El dólar tiene distintas consideraciones como moneda, es el aceite lubricante de una enorme economía doméstica mucho más cerrada que la europea. Si señores, los USA son poco dados a las importaciones y exportaciones materiales (Se han especializado en los mercados de esclavos y capitales). Al menos en términos relativos a Japón y a Europa. El dólar también es (con tendencia a la baja) la unidad de cuenta de las transacciones internacionales. Y finalmente, último refugio especulativo internacional si van mal dadas. Es obvio que el sistema también ha funcionado como un seguro de vida de la deficitaria balanza comercial norteamericana y ha ayudado más que mucho a los déficits presupuestarios del imperio generados por la actividad física de los marines.

Nada de lo dicho ha cambiado substancialmente, pero eso sí, se están introduciendo matices de consideración. La unificación monetaria europea genera, sin intención maligna ninguna, un territorio euro, continental y externo de muy ejemplares dimensiones planetarias. Ello se debe a la propia lógica mercantil. Para que vamos a pagar y a cobrar en dólares si el euro nos es útil a ambas partes y las dos partes son muy grandes. Además, el banco central europeo, institución más germánica que Bismark, garantiza la fortaleza de la moneda: inflación controlada y todos tranquilos. Europa es el mayor cliente y abastecedor al este de donde se pone el sol. Eso se nota. Vaya si se nota. Por lo que puedo recomendarles el euro para sus ahorrillos y viajes internacionales. Los trávelers pueden adquirirlos en euros, estén seguros de ello (al menos para este verano). El mundo financiero, al que le salen sarpullidos por una milésima de variación en la temperatura monetaria, le place la seguridad del funcionario. Y Bismark lo es y mucho.

En otros tiempos el asunto se hubiera resuelto con la política de las cañoneras y con un paseo imperial. Hoy resulta todo más complicado, para qué nos vamos a engañar.

Alguna inteligencia artificial ha dado en pensar que no es tan grave lo que ocurre. Del mismo modo que el euro se hace fuerte, le aumentan los gastos viceimperiales a la Unión. Una cosa por la otra. Al fin y al cabo, el euro ha pagado dos veces la reconstrucción palestina y ahora va a por la tercera. (les informo, por si no lo sabían, que la deconstrucción va a cargo del dólar). Y también que el mercado internacional está dando saltos de gigante año tras año. El pastel aumenta velozmente y hay para todos. Con el permiso de China, desde luego y si el Yang Tse continua apagado.

Lo dicho aclara el porque y el ahora. ¿Pero así seguirá?.

Ya saben que las predicciones no son asunto de ecónomos, excepto si son sobre suelo rústico y en situación retrospectiva, por lo que solo les diré que a fe mía sí, que la cosa seguirá con ese leve movimiento entre dólar y euro, acompasado por la eclosión asiática que pedirá mesa en el convite. Unos años de sinuoso y placentero devenir monetario en perspectiva de cambios importantes más allá del próximo quinquenio.

Parece un consejo de astrólogo, pero más no se puede pedir, ni se debe.

Lluís Casas, analista de la Caixa.

jueves, 26 de julio de 2007

ECONOMIA, NEGOCIOS Y SENSIBILIDAD




Como ustedes ya han comprobado, el que suscribe tiene una evidente deriva hacia lo que podría llamarse economía divulgativa. Esta rama del saber, escasamente cultivada en nuestro terruño por desgracia, requiere una escritura muy pegada al terreno, es decir al día de las preocupaciones y ocupaciones de los comunes mortales y un excelente conocimiento de la ciencia de origen. Existen precedentes y escribientes hoy día de ello, alguno de los cuales, manejando una subsección de la citada rama del saber, dan una lección semanal de la técnica. Les recomiendo a Fabián Estapé, aunque les advierto que es un verdadero artista para escribir entre líneas diciendo cosas muy gordas.

Hoy voy a suscribirme de nuevo a la sección mentada y les hablaré con ejemplos de rabiosa actualidad de eso que algunos han teorizado con el término “responsabilidad social corporativa”. Les resumo lo que es, por si no están al “loro”. La RSC la componen todos los instrumentos y políticas de gestión empresarial dirigidos a ser consecuentes con el medio ambiente, con los derechos laborales, con la equiparación de sexos, con la compatibilidad del trabajo y la vida familiar, etc. En resumen, es una especie de contrato entre empresa y sociedad democrática en la que la empresa se erige en territorio decente. No vayan a creer que es poca cosa y poco importante. Al contrario, ya se están contratando especialistas en aplicarlo y extenderlo. Insisto que lo que viene a continuación no es ni crítica, ni burla a ello, simplemente unas gotas de cruda realidad.

Para encabezarlo les cito un reciente titular de un periódico catalán de nombre redundante: “La tercera edad es un negocio como el de las autopistas”, firma la frase sin ninguna vergüenza el presidente de una mutua de seguros, oriundo de Vilanova i la Geltrú, a dos pasos de Barcelona, y licenciado en varias especialidades. Como ven no es un desconocido, en realidad es un vecino. Tiene al parecer una excelente formación universitaria y dirige una gran empresa que tiene una estructura de base social, una mutua. ¿No les choca este currículo y el titular de referencia? ¿Cómo es posible que una persona, probablemente sensata, con un nivel de cultura por encima de la media, que se relaciona empresarialmente en un marco de preocupación social, termine diciendo lo que dice? Puedo ampliarles la afirmación del sujeto: “Queremos que nuestros inversores se sientan seguros y, por lo tanto, seremos selectivos (en el negocio de la tercera edad se entiende)”. A la mujer objeto añadiremos ahora el anciano seleccionado objeto. ¿No es esta una razón para llamar al RSC y con urgencia?

Para compensar la cercanía de lo anterior, les añado algo de hoy en toda la prensa: NIKE despide a 14.000 trabajadores en Indonesia. La noticia es apabullante. Una empresa tira por la borda y sin pestañear un mundo entero. 14.000 empleados son aproximadamente 50.000 personas vinculadas familiarmente y lo que te rondaré morena si sigo con la cadena de empresas vinculadas. Podríamos resumir que NIKE desmonta la vida a toda la ciudad de Mataró, por poner un ejemplo más próximo y comprensible. Huelgan los comentarios al respecto. En este caso, ni los de la RSC podrían hacer algo. NIKE está en los USA, donde todo está permitido, al parecer. Fíjense que mientras unos se ponen una NIKE para chulear y divertirse sudando, otros sudan haciéndolas y luego cuando conviene los tiran a la basura con niños y todo. Todo un sistema del que está exultante ese protagonista nuestro tan querido, el profesor de economía residente en Barcelona que luce, esbelto el, chaquetas fosforescentes y una teoría de la empresa proveniente directamente del siglo 19 y no precisamente de la zona renana.


Tercera entrega, volviendo a la realidad circundante: Mes de julio, diario peninsular con edición local, página de economía (no de sucesos), “cinco muertes en accidente laboral en un solo día en la construcción”. El diario resalta que los obreros fallecidos pertenecían a empresas (¿) subcontratadas. Sería muy fácil reclamar la acción de la policía, o del departamento correspondiente, pero en realidad hay que llamar a los técnicos en RSC por si tienen algo que decir. Insisto en recordarles que las subcontratas y la accidentabilidad en la construcción solo viene comentándose desde hace unos 200 años, y ahí sigue. Cito como tema relacionado una propuesta del gobierno catalán para reducir los trámites administrativos que deben cumplimentar los empresarios (en un primer momento el borrador se llamaba: eliminar barreras. Término del que me ahorro el comentario). Me pregunto si los empresarios que cumplen tan escrupulosamente las normas de salud y seguridad en el trabajo también se verán beneficiados por tramitaciones benévolas o deberán continuar con los trámites duros. Esto requerirá un artículo en exclusiva.

Con gran ilusión, puesto que afecta a mi primera especialidad creativa, incluyo lo que viene a continuación: Los empresarios vinculados a la especulación urbanística en la provincia de Málaga pagaban una tasa al alcalde. La llamaban tasa de soborno y estaba valorada en 80 euros por metro cuadrado y 6.000 por vivienda. El diario que hace referencia al caso no explica si la tasa se aprobaba en el pleno municipal o en el bar “Aquí cabe todo”. Este grupo de empresarios, tanto los inmobiliarios como los regidores, pertenecen a la especie selvática, es cierto, pero solo porque son tan torpes y exagerados que se hacen pillar con los bolsillos rebosantes de billetes de 500 euros. Otro motivo para llamar a los de la RSC.

Les insisto en que reflexionen sobre el hecho en sí: una tasa, una obligación contractual y regulada. Es toda una teoría del estado y un manual de economía aplicada. Chicago años treinta. Casi nada.

Termino de momento con lo siguiente que afecta al departamento de sueldos y salarios y al sector público: Catalunya no puede evitar la fuga de enfermeras y tendrá déficit de ellas, por razón de las bajas retribuciones actuales y las condiciones de trabajo. Los espectadores del resto de España tal vez no terminen de entender la cuestión, puesto que Catalunya dispone de un modelo sanitario peculiar, todo y que la sanidad está en manos de la administración, la gestión la realizan un conjunto de empresas públicas y mayormente privadas. Nada parecido al resto peninsular en donde impera un sistema de salud público casi al completo. La noticia se ha ido extendiendo a otros profesionales sanitarios y complementándose con la pretendida contratación de técnicos del este europeo para compensar las pérdidas. Es decir, nuestra gente se marcha a trabajar a Inglaterra y aquí vienen de Polonia. A mi entender, sería preferible que cada uno se quedara a gusto en su casa. La sanidad, los pacientes, los sanitarios serían mucho más felices y no creo que los costes totales (monetarios y sociales) se disparasen. También es un caso de la RSC.

Como memorando final les diré que economía, negocios y sensibilidad son términos que difícilmente pueden ir juntos. Las iniciativas responsables como las que impulsan la RSC y otras, junto al papel equilibrador de la administración democrática serán siempre necesarias, pero insuficientes. La vida es así y los negocios peor, somos humanos que salimos hace algunos años de la selva. Muchos (que la llevan dentro) piensan que aún están en ella.


Lluís Casas, incomprendiendo.

miércoles, 25 de julio de 2007

EL PAGON DE BARCELONA




Lluis Casas, Doctor ingeniero de telecomunicaciones



No les va a sorprender a los lectores habituales de este medio que les escriba sobre el apagón de Barcelona y ello por dos motivos, en primer lugar porque se trata de infraestructuras, no solo básicas sino, hoy en día, vitales y en segundo lugar por su trascendencia política y por ciertas picardías que puede hacerse con los ministros de Industria, mandamases aparentes de la energía en España (Clos, Montilla, Piqué y otros). Allá voy.


No les relataré algo conocido por los periódicos: ese estado de sitio que han vivido cientos de miles de personas y muchos servicios básicos, desde la sanidad al alumbrado público, aunque no dejaré de reseñar el alto nivel de civismo, paciencia y buen sentir que demostramos los barceloneses, cosa que no está nada mal en los tiempos que corren, pero que podríamos demostrar sin necesidad del apagón.


Iré al ajo manifestando que estamos viviendo en Catalunya una doble crisis de infraestructuras, la primera comentada en diversas ocasiones es la que se manifiesta por un, digamos, descuido histórico respecto al mantenimiento, reinversión y nuevas infraestructuras en nuestro país. En los últimos dos años ha sonado la alarma en diversas ocasiones, aeropuerto, ferrocarriles de cercanías, abastecimiento de agua, suministro eléctrico, etc. como demostración palpable de a donde hemos llegado. Dejaré por hoy esta cuestión y me traslado a un asunto colateral, pero de la mayor importancia para entender por qué funcionan tan mal algunos servicios básicos.


El asunto viene, a mi entender, de la enorme privatización de los servicios básicos y empresas públicas que emprendió el PSOE y culminó el PP (la energía como ejemplo paradigmático) y que no ha terminado todavía (faltan algunas piezas solemnes como los aeropuertos, las líneas de ferrocarril y otros). No criticaré, aunque podría hacerlo, la opción privatizadora. Ahora me interesa algo más sutil y entiendo de mayor importancia: el control sobre esas empresas mayúsculas que la sociedad posee o no. Control obvio dada la peculiar situación de ese no mercado y de la trascendencia de su funcionamiento. Partíamos en los años setenta de una situación que podríamos calificar en inglés como de poco adecuada. Las empresas estatales suministradoras de la mayor parte de los servicios y las infraestructuras respondían a un modelo político (muy franquista puestos a decirlo) que ensamblaba control político (absurdo y torpe en general), con los intereses de la oligarquía industrial y financiera de entonces. No hace falta citarles a Tamames y otros ilustres de entonces para que se hagan una idea de lo que quiero decir. El proceso democrático nunca emprendió una reforma en profundidad en ese sector, incluso con gobiernos elegidos y con las nuevas direcciones de les empresas públicas un cierto aire rancio se mantuvo y la cultura empresarial basada en que la empresa estaba por encima del servicio público siguió ahí y ahí sigue según podemos apreciar por los hechos. El paso a la gestión privada fue mal planteado, pero sobre todo se obvió lo mismo que antes: unos sectores en donde la competencia brilla por su ausencia y la opción del consumidor es menos que marginal deben continuar bajo una fuerte regulación pública (como mínimo). Y por lo mismo, unos sectores clave en el desarrollo económico y urbano, abastecedores de servicios básicos deben responder, incluso con la filosofía de la empresa privada, al servicio público por encima de cualquier otro interés.


Tenemos a mano infinidad de hechos que corroboran que los hechos se producen al revés: es el poder público y el interés ciudadano el que está supeditado a la estrategia empresarial, al margen de beneficios que honestamente pudiesen corresponder y a las casualidades de la vida, como el sr. Pizarro por poner un ejemplo. Puedo señalar, y señalo, los pagos a las eléctricas en concepto de entrada en la competencia como de pura poesía especulativa, la asunción del coste financiero de la red de autopistas de peaje como dádiva mortuoria (se entregó a lo privado una red en bancarrota financiera por la devaluación de la peseta y la administración asumió los costes. No cito al protagonista, ahora en Europa, porque produciría más de un patatús).




Ese modelo de carácter extremo dentro de un liberalismo económico que podría resultar aceptable ha producido monstruos en toda Europa. Recuerden ustedes el film que relata la cruz de unos trabajadores ferroviarios británicos que viven la gran privatización de la Thatcher, hecha sobre el cadáver del buen servicio y cadáveres reales de accidentados por renuncia técnica al buen servicio. Privatización que otro liberal más benigno, Blair, ha tenido que retocar en profundidad para que los británicos pudieran seguir llegando a la hora.


Nuestros monstruos gozan de buena salud financiera y de excelente salud de poder. Los ministros de industria con sede en Madrid, con reconocidas obligaciones en el ramo energético nunca han actuado con la decisión y la claridad de intereses que conviene al país, arrugados frente al poder real de los pizarros de este mundo. En Fomento, otro ministerio madrileño, otros poderes actúan de forma parecida, aunque ciertamente menos descarada y en Medio Ambiente, más de lo mismo. Luz, agua, gas, carreteras y autopista, aviones, etc. Son el pan de cada día.



¿Qué hemos hecho mal para merecernos esas empresas? La respuesta es muy compleja, pero esencialmente hemos renunciado a que estas empresas cumplan programas de inversiones y de mantenimiento adecuados a la expansión del consumo, la seguridad de las redes y la disciplina pública. Los beneficios son el resultado de una empresa que entrega un buen servicio, no de una empresa que alarga la amortización de cables y conexiones más allá de la razonable y sitúa en grave riesgo a la sociedad. Esas empresas, afirmo, se deben más al servicio que al propio accionista y, al revés, nunca el servicio debe verse afectado en riesgo por mor de beneficios o de especulación bolsaria.



Accidentes e incidentes pueden ser imprevisibles, pero nunca deben tentarse. Si no se renuevan las líneas y se adecua a las necesidades, los incidentes vienen solos. Ahí está el problema. La administración, en este caso el gobierno debe recuperar algo de no debió perder, el control del servicio y la capacidad de incidir en la actividad básica inversora de las empresas.



En el caso del apagón barcelonés, las enseñanzas vienen dobladas. Al sistema de garantía del servicio basado en la lotería del riesgo que impera entre las eléctricas, se añade la escasa capacidad de coordinación entre empresa abastecedora y la responsable de la red general. El espectáculo ha sido divino para quien tenía luz para poder ver la televisión, ni una ni otra empresa aceptan responsabilidades e incluso se niegan a comparecer en público. Para el sufrido consumidor catalán, que no ciudadano (puesto que parece que esos servicios no se corresponden al estado de ciudadano) la juerga continua con debates entre Endesa i Resa por quien es el culpable y qué cable se ha roto, si el tuyo o el mío. El mismo consumidor teme que dentro de quince años un juez decida que las empresas han de pagar una indemnización de 10 euros en razón a los servicios no prestados. Mientras, las mismas empresas habrán realizado inversiones de gran importancia estratégica en el desierto del Gobi, en donde ya son los principales abastecedores de energía. El cable culpable, se dirá luego, fue reforzado por el lampista del barrio y así continua.


Lluís Casas a oscuras

martes, 17 de julio de 2007

¿POR QUE LOS EMPRESARIOS NO QUIEREN IR A 80?



Por Lluis Casas


Como ya les anticipe en la anterior entrega, el Instituto San Isidro es un gozo de estudios, ahora, gracias a una encuesta que ha utilizado las técnicas sociológicas y matemáticas de investigación inmediata del Nóbel más reciente, puedo desvelarles un misterio que preocupa a la sociedad catalana: ¿por qué los empresarios se oponen a la reducción de la velocidad en las cercanías de la ciudad de Barcelona a 80 K*H?


Como ustedes habrán podido leer, el gobierno catalán y los municipios del área metropolitana impulsan una serie de medidas para reducir la contaminación atmosférica de ese territorio. Como todo el mundo sabe, los índices de contaminación superan cualquier tope europeo y afectan gravemente a las personas y otros animales de compañía. Se tienen estudios de salud sobre el efecto de esa contaminación y son muy graves. El causante principal de la contaminación, una vez que la industria se ha adaptado a las medidas que la UE recomienda, es, sin lugar a dudas, el tráfico y por ello la propuesta de reducir algo dicho impacto a través de una medida blanda como es la velocidad.


Pues bien, al RACC, a los empresarios y a un periódico de la mañana no les ha gustado la propuesta. Aluden a que hay otras vías, todas de largo recorrido aplicatorio y que sorprendentemente ya constan en la previsión gubernamental (enlaces ferroviarios, transporte público, más carreteras, etc.). Explican que no está probada la reducción contaminante a través de una menor velocidad, opinión basada en otras opiniones lejanas. Incluso ese profesor de mala economía que circula por Barcelona con brillantes chaquetas de tutti colori expresa en el diario de la mañana que la medida impedirá el desarrollo económico catalán y aduce que el gobierno la quiere aplicar por cuestiones de gónadas políticas: marcar paquete en el inglés del susodicho profesor que está a años luz de la paridad de sexos. Está claro que hay barullo y que no se sabe muy bien porqué.


Una serie de eminentes ciudadanos con posibilidades intuyó que el asunto de marras traería cola y decidió ponerse en manos del San Isidro, con una petición desacostumbrada, era necesario que el estudio y sus valoraciones estuviesen disponibles en tres días. El San Isidro dispone desde principios de año de un acuerdo con la universidad de Kyoto para utilizar los modelos de reacción social inmediata que descubrió el Nóbel y los ha aplicado por primera vez. Veamos los resultados:


El estudio se realizó la semana pasada y se basó en estratos de interés mutuo, con una muestra selectiva del 10% y preguntas inducidas. Las conclusiones a que los investigadores llegaron fueron las siguientes:

1. A los empresarios les importa un pimiento lo de la reducción a 80 k*h. Ellos conducirán a la velocidad que les convenga, independientemente de los límites. Como afirma una respuesta a la encuesta, ya lo han hecho así desde siempre.


2. Esa posición se descompone en dos estrategias: la primera corresponde al empresario de furgoneta. Su respuesta mayoritaria, un 99%, fue que siempre iban a 140 en autopista i a 90 por ciudad y no veían motivo alguno para cambiar dado que iban mal de frenos y aceleración. La segunda está motivada por lo que el investigador ha dado en llamar empresario-mercedes (a causa del vehículo mayoritario en este subsector) y la respuesta fue dada por los chóferes correspondientes. Estos confirmaban que nunca leían el periódico, ni el DOG, por lo que circulaban como siempre a 200, sin ninguna queja por parte del propietario.


3. Un pequeño porcentaje de las respuestas, un 1%, argumentó que a el nadie le decía a que velocidad corría o se corría. Hay en el estudio una cierta confusión de términos, por otro lado perfectamente comprensible dada la metodología japonesa utilizada.


4. El sistema de análisis complejo utilizado por el San Isidro ha hecho aparecer opiniones consolidadas que no se expresan habitualmente en las encuestas, de este modo podemos informar que el 80% de los empresarios no entienden porque sus líderes patronales se meten en berenjenales que ni les importan, ni les afectan, aunque sostiene una mayoría del 70% que esta repulsa se entiende desde el punto de vista que nunca hay que estar de acuerdo con medidas de protección ambientales que se propongan para Catalunya. Otra cosa es que fuese para otros territorios lejanos, a la que darían su aprobación unánime.


5. El sector empresarial vinculado al mundo del automóvil tuvo un tratamiento específico, dadas las características de la investigación. El 100% se manifestó por la libertad en la elección de la velocidad, color, potencia y contaminación. Expresan con emotivo furor que el automóvil o coche, es un derecho fundamental y no así la salud. Aludieron a las consecuencias de reducir la velocidad sobre la ocupación laboral y amenazaron con decírselo a los sindicatos. Para demostrar el sumo interés del sector para reducir las emisiones de los vehículos entregaron al encuestador una propuesta que implicaría una reducción del 10% a lo largo de los próximos 100 años.


La lectura de los resultados arriba descritos no hace más que demostrar el grado de entendimiento entre las políticas ambientales y, lo que podríamos llamar, el mundo de los negocios. Esa expresión, ahora cuantitativa, permitirá cambios sorprendentes en la evolución técnica de los vehículos, según palabras de un portavoz del RACC, aludiendo sin duda a la próxima generación de todo terreno para llevar los niños al colegio que aparecerá de inmediato.

Lluís Casas, dios mío donde nos hemos metido