martes, 17 de julio de 2007

¿POR QUE LOS EMPRESARIOS NO QUIEREN IR A 80?



Por Lluis Casas


Como ya les anticipe en la anterior entrega, el Instituto San Isidro es un gozo de estudios, ahora, gracias a una encuesta que ha utilizado las técnicas sociológicas y matemáticas de investigación inmediata del Nóbel más reciente, puedo desvelarles un misterio que preocupa a la sociedad catalana: ¿por qué los empresarios se oponen a la reducción de la velocidad en las cercanías de la ciudad de Barcelona a 80 K*H?


Como ustedes habrán podido leer, el gobierno catalán y los municipios del área metropolitana impulsan una serie de medidas para reducir la contaminación atmosférica de ese territorio. Como todo el mundo sabe, los índices de contaminación superan cualquier tope europeo y afectan gravemente a las personas y otros animales de compañía. Se tienen estudios de salud sobre el efecto de esa contaminación y son muy graves. El causante principal de la contaminación, una vez que la industria se ha adaptado a las medidas que la UE recomienda, es, sin lugar a dudas, el tráfico y por ello la propuesta de reducir algo dicho impacto a través de una medida blanda como es la velocidad.


Pues bien, al RACC, a los empresarios y a un periódico de la mañana no les ha gustado la propuesta. Aluden a que hay otras vías, todas de largo recorrido aplicatorio y que sorprendentemente ya constan en la previsión gubernamental (enlaces ferroviarios, transporte público, más carreteras, etc.). Explican que no está probada la reducción contaminante a través de una menor velocidad, opinión basada en otras opiniones lejanas. Incluso ese profesor de mala economía que circula por Barcelona con brillantes chaquetas de tutti colori expresa en el diario de la mañana que la medida impedirá el desarrollo económico catalán y aduce que el gobierno la quiere aplicar por cuestiones de gónadas políticas: marcar paquete en el inglés del susodicho profesor que está a años luz de la paridad de sexos. Está claro que hay barullo y que no se sabe muy bien porqué.


Una serie de eminentes ciudadanos con posibilidades intuyó que el asunto de marras traería cola y decidió ponerse en manos del San Isidro, con una petición desacostumbrada, era necesario que el estudio y sus valoraciones estuviesen disponibles en tres días. El San Isidro dispone desde principios de año de un acuerdo con la universidad de Kyoto para utilizar los modelos de reacción social inmediata que descubrió el Nóbel y los ha aplicado por primera vez. Veamos los resultados:


El estudio se realizó la semana pasada y se basó en estratos de interés mutuo, con una muestra selectiva del 10% y preguntas inducidas. Las conclusiones a que los investigadores llegaron fueron las siguientes:

1. A los empresarios les importa un pimiento lo de la reducción a 80 k*h. Ellos conducirán a la velocidad que les convenga, independientemente de los límites. Como afirma una respuesta a la encuesta, ya lo han hecho así desde siempre.


2. Esa posición se descompone en dos estrategias: la primera corresponde al empresario de furgoneta. Su respuesta mayoritaria, un 99%, fue que siempre iban a 140 en autopista i a 90 por ciudad y no veían motivo alguno para cambiar dado que iban mal de frenos y aceleración. La segunda está motivada por lo que el investigador ha dado en llamar empresario-mercedes (a causa del vehículo mayoritario en este subsector) y la respuesta fue dada por los chóferes correspondientes. Estos confirmaban que nunca leían el periódico, ni el DOG, por lo que circulaban como siempre a 200, sin ninguna queja por parte del propietario.


3. Un pequeño porcentaje de las respuestas, un 1%, argumentó que a el nadie le decía a que velocidad corría o se corría. Hay en el estudio una cierta confusión de términos, por otro lado perfectamente comprensible dada la metodología japonesa utilizada.


4. El sistema de análisis complejo utilizado por el San Isidro ha hecho aparecer opiniones consolidadas que no se expresan habitualmente en las encuestas, de este modo podemos informar que el 80% de los empresarios no entienden porque sus líderes patronales se meten en berenjenales que ni les importan, ni les afectan, aunque sostiene una mayoría del 70% que esta repulsa se entiende desde el punto de vista que nunca hay que estar de acuerdo con medidas de protección ambientales que se propongan para Catalunya. Otra cosa es que fuese para otros territorios lejanos, a la que darían su aprobación unánime.


5. El sector empresarial vinculado al mundo del automóvil tuvo un tratamiento específico, dadas las características de la investigación. El 100% se manifestó por la libertad en la elección de la velocidad, color, potencia y contaminación. Expresan con emotivo furor que el automóvil o coche, es un derecho fundamental y no así la salud. Aludieron a las consecuencias de reducir la velocidad sobre la ocupación laboral y amenazaron con decírselo a los sindicatos. Para demostrar el sumo interés del sector para reducir las emisiones de los vehículos entregaron al encuestador una propuesta que implicaría una reducción del 10% a lo largo de los próximos 100 años.


La lectura de los resultados arriba descritos no hace más que demostrar el grado de entendimiento entre las políticas ambientales y, lo que podríamos llamar, el mundo de los negocios. Esa expresión, ahora cuantitativa, permitirá cambios sorprendentes en la evolución técnica de los vehículos, según palabras de un portavoz del RACC, aludiendo sin duda a la próxima generación de todo terreno para llevar los niños al colegio que aparecerá de inmediato.

Lluís Casas, dios mío donde nos hemos metido

viernes, 22 de junio de 2007

NUEVAMENTE LA VIVIENDA



Lluis Casas

Como doy por supuesto que ustedes han leído la serie de artículos sobre el maldito embrollo de la vivienda que esta digna casa virtual ha ido publicando, me ahorro el espacio del recordatorio y salto a consideraciones de actualidad. Si alguien tiene tiempo y ganas puede acceder a lo publicado con dos o tres pulsadas del ratón. Lo tienen fácil.

La prensa ha señalado una reducción en el incremento del precio de las viviendas, al tiempo que anuncia que numerosas inmobiliarias se han ido al garete (¿He leído una cifra de 50.000 o lo he soñado?). Intuyo que en realidad se han escondido. La alarma sobre la evolución de los precios ha crecido en las últimas semanas y se dice que éstos no sólo no crece sino que se reduce a mayor velocidad de la que cabria esperar. Por lo que se sabe el tiempo de espera en una venta es de varios meses, cuando un año atrás era pocos días. Incluso he visto en televisión cómo una vendedora ponía verdes a los propietarios privados de pisos que, al venderlos, quieran ganar tanto creando problemas en el proceso de venta. Algunos tienen mucha cara dura y poquísima memoria.


No solo la prensa se ha hecho eco de ese cambio de coyuntura: el gobierno y otras instituciones públicas y privadas descuentan algunas décimas de crecimiento con cargo al reajuste inmobiliario. Incluso ese instrumento de brujería económica que es la bolsa se está viendo azotada por solemnes transferencias de riqueza o, pura y llanamente, reducciones considerables de la misma. Entiéndanme ustedes, riqueza bolsaria, no estrictamente real. La cotización se disuelve en la dura realidad como un azucarillo. En definitiva que el sector --y lo que le cuelga-- está de los nervios.


Veamos si es posible traducir al buen dialecto de Parapanda ese flujo de noticias y aseveraciones. Todo el mundo estará de acuerdo que en España se ha vivido una fase de especulación inmobiliaria basada en un crecimiento de los precios que nada tenia que ver con los costes, ni siquiera con una demanda solvente y real de vivienda. Probablemente más del 50% de la vivienda construida ha ido a parar al ahorro o a la pura especulación, no a la satisfacción de una necesidad social (independientemente del tipo de vivienda y de su coste). Si analizamos la distribución del precio podemos afirmar que una parte substancial han sido beneficios más que extraordinarios para promotores y en su caso para particulares (los que efectivamente ha procedido a una venta). El coste real de la vivienda, expresado en términos reales (beneficios estándar incluidos) estaría en torno del 50% del que ha estado vigente durante varios trienios. Ese inmenso flujo dinerario se ha transferido a la bolsa, con algunas compras mayestáticas y realmente sorprendentes, a la reinversión del sistema especulativo (compra de suelo a recalificar), al consumo suntuario y a un incremento importante de los trabajadores de la construcción y sectores afines, lo que facilita su difusión a toda la economía. Todo hay que decirlo, ese incremento laboral y de salarios del sector no han seguido paralelamente el alza de los precios, en caso contrario hablaríamos de trabajadores de la construcción millonarios.


El siguiente efecto hay que buscarlo en la deuda financiera que se ha generado --los hipotecados de por vida, así en esta como en la otra-- aunque también existe un efecto deuda entre promotores, que ahora están pagando caro si se rompe el mecanismo con que han funcionado. Ese efecto se dejará sentir a lo largo de la difícil digestión del coste de la compra. Los trabajadores que se han visto obligados a adquirir una vivienda a precio de “mercado” han depositado a manos de las entidades financieras la mitad de sus salarios actuales y para los próximos 30 años.


Bien, tal como advertía en uno de los primeros artículos, el ajuste de la vivienda ha venido de mano de ese ciego y cruel mercado. Y ello tendrá múltiples efectos. Señalo con insistencia que la política y la administración poco habrán hecho para mitigar los costes del alza y los otros costes que la recesión provocará. Han estado contemplando el paisaje y olvidándose de sus responsabilidades y de un sentido adecuado de la democracia que exigía actuar con contundencia. No ha sido por falta de instrumentos, los hay y muy eficaces, tampoco por falta de tiempo, lo hemos contado en trienios, ni siquiera por falta de recursos económicos, la misma vivienda ha generado ingresos fiscales a chorro. Ha sido por que han creído que esa era la política adecuada, simplemente. Y ahora, ¿qué podemos esperar?


Lo típico en un proceso de ajuste, bajas de diversa consideración en el sector empresarial, una limpieza de bajos, podríamos decir y un reenfoque de la actividad. Con seguridad, los promotores sólidos pretenderán que la administración les ayude en la transición, es decir, exigirán planes públicos de vivienda a los que adscribirse y otro tipo de ayudas bien conocidas. Capear el temporal, como dicen. Ello reducirá la demanda de mano de obra, que en un entorno decrecimiento económico podría ser absorbida por otros sectores.


El mayor daño, a mi parecer, estará en el mercando secundario. Me explico. Las ventas de vivienda de segunda mano, mayormente de propiedad individual, pueden notar el impacto de reducción de precio. El balance entre esfuerzo inversor (la compra) y la venta puede resultar doloroso. Mucha gente verá reducida su valoración de la riqueza y se agitará su relación con la hipoteca. Hará mucho daño. Ya lo habíamos dicho.


Lluís Casas, rendido a la evidencia que no habrá comprador para su plaza, bajo la puente.

jueves, 21 de junio de 2007

CATALANUYA Y LAS INFRAESTRUCTURAS




Lluis Casas


El asunto que encabeza el articulillo lleva de cabeza a varios gobiernos catalanes, a sus oposiciones parlamentarias, a catedráticos de diversas materias, sindicatos, patronos, empresarios y un largo etcétera. Y ello a causa de su gran trascendencia, sin lugar a dudas.


En el periódico La Vanguardia del domingo 17 de junio aparece un amplio reportaje sobre la materia que debe leerse con atención e inteligencia. No todo lo que dice es ajustado a la verdad, pero mucha verdad está descrita en él. Algún comentario solo es mera murmuración, pero en general late la cruda realidad. Como vengo comentando aspectos de la gestión de las infraestructuras no resisto la tentación de recomendarlo primero, léanlo y piénsenlo, para a continuación incidir en lo que considero más importante.


Primero, la sensación existente en Catalunya de estar perdiendo oportunidades en la pugna del desarrollo europeo no es broma. Unos lo manifiestan en función de intereses económicos, otros por su preocupación académica, otros desde una perspectiva emocional, pero esa sensación tiene consistencia, está basada en datos constatables y ha generado una alarma más que significativa. Incluso la calle, taxistas incluidos, se hace eco de ello.


Segundo, el problema, real y psicológico, ha saltado con dureza al patio de vecinos con un gobierno de izquierdas en Barcelona y en Madrid. Hablo del (des)encuentro entre Zapatero y Maragall y ahora, entre Zapatero y Montilla. En el artículo de referencia hay una frase, destacada, que considero como lo más duro dicho públicamente sobre la cuestión hasta ahora, dice, “con esta política (el freno al desarrollo de Catalunya), los más preparados (nuestros jóvenes) deberán emigrar (de Catalunya) en unos años”. Nunca había leído nada como lo anterior. Me quedé estupefacto. ¿Y si fuera cierto? Un desencuentro de ese calibre entre izquierdas hará daño, podemos estar seguros.


Tercero, se trata de una cuestión con dos aspectos principales, El financiero, los recursos que el estado y sus administraciones aportan a la financiación de las infraestructuras y el del poder de decisión, cuando, cómo, donde, por qué y qué. El primero ha estado en muchas portadas durante tiempo más que suficiente y no considero que desde un punto de vista racional haya mucho que discutir, aparte, claro está, de si son diez o doce los ministros de Cristo. El segundo se ha hecho más que evidente a raíz de la crisis del aeropuerto y del sistema de ferrocarril de cercanías. Ahora mismo es el núcleo de la cuestión y tiene más poder de convocatoria que las malditas finanzas. Nadie quiere ya que el autobús de su calle lo dirijan desde 600 kilómetros. De hecho, quieren dirigirlo desde casa. No es broma.


Cuarto, no se trata de competencias, ni de debates sobre federalismo. Si una sociedad se siente amenazada en su futuro al nivel que se aprecia en Catalunya se corre un riesgo cierto de ruptura de todas las compuertas y entonces habrá que mirar muy lejos y muy rápido para salvar los muebles.


Quinto, ningún país puede permitirse el lujo de frenar el desarrollo (o que se piense con cierta base que así ocurre) del territorio que ha tenido mayor impulso en los últimos 150 años y que está ensamblado fuertemente a la economía europea. Ello no perjudica a la necesaria política de reequilibrio territorial general, todas las zonas del estado deben acercarse al nivel deseable de bienestar y prosperidad. No son objetivos antitéticos, tal como el desarrollo impresionante de Madrid confirma.


Sexto, el calendario político deja poco margen para las florituras. O se da el paso: cumpliéndose ampliamente las expectativas estatutarias o el próximo encuentro va a tener interlocutores distintos.


Séptimo, las rentas del centralismo (tiene otros nombres, pero los evito) tienen costes. No es una renta limpia, ni claramente positiva. Quien se apoye en ella comete un error de bulto, no entiende la nueva y consolidada estructura del estado. Ni el papel de cada cual. Haría bien el gobierno en entender que ya hay más estado en las CCAA que en la sede del gobierno. El débil es él y se está enterando todo el mundo.


Octavo, la eficacia social de la maquinaria pública está hoy en manos de las CCAA. Quien no lo vea debe dirigirse al oculista más próximo. Los ciudadanos valoran positivamente la acción política y administrativa de las administraciones cercanas. Se han ganado un cierto respeto. No ocurre lo mismo con el centro.


Noveno, no se trata ya de Catalunya, aunque también. Catalunya es la punta de lanza de una concepción política con poderes diversos que cooperan con cierta elegancia y sinceridad, sin zancadillas continuas, ni miedo al balance fiscal. Mejor, sin miedo a la verdad del balance fiscal. Pero detrás de Catalunya están todos los demás. El juego del estatuto no es yo también por que sí. Es yo también porque esta es la lógica del sistema.


Décimo, no hay nadie en Catalunya que tenga un peso valorable que ponga en cuestión un sistema financiero solidario. Nadie pretende que otros territorios del estado se mantengan al 70% de la riqueza media. De lo que se trata es que los sectores populares y medios en Catalunya disfruten de parecidos sistemas de bienestar que en el resto del estado y que los sectores de más amplia riqueza aporten por igual, estén donde estén y que, aquí está el tomate, nadie vea frenado su futuro.


Termino augurando una solución elegante, tomando el término del optimismo del reconocido físico para resolver una parte de un problema que todavía ha de durar.

Lluís Casas, licenciado en temperatura social

martes, 12 de junio de 2007

¿ALGO QUE DECIR SOBRE EL CRECIMIENTO ECONOMICO?



Lluis Casas

La tormenta mediática en la que los dioses olímpicos nos han situado deja poco margen para la reflexión pausada y el comentario responsable sobre cualquier asunto de público interés. Ni que decir tiene que el mundo de las propuestas posibles y razonables está ahora mismo a años luz y en dirección contraria a la nuestra, sea esta la que fuere. Para la tranquilidad, o no, del lector residente en Marte lo sitúo en las concretas coordenadas espacio-tiempo en las que escribo: Elecciones locales y autonómicas, fin de la tregua de ETA, tensión en los medios acerca de la política de seguridad en Catalunya, inestabilidad de las fuerzas políticas que gobiernan, ahora, en régimen de casi exclusividad en Catalunya, dudas respecto al calendario de las elecciones generales, el PP haciendo de la suyas y un largo etcétera a gusto del lector. La situación podría ser más que angustiante, pero una larga práctica en la tensión política nos la hace, si ello es posible, más llevadera, pero no por ello menos preocupante.

El síncope inicial se debe a un deseo de plasmar una cierta perplejidad causada por una realidad económica confortable y duradera y una coyuntura política permanentemente agitada. La suma de fuerzas, que en física mecánica determinan una resultante, aquí origina perplejidad en el público lector e incongruencia en el menos leído. Por lo tanto, ninguna resultante útil. En cualquier otro momento o en distinto patio de escuela, una situación de crecimiento del PIB como el de ahora debería corresponderse con tensiones políticas y sociales en torno a la distribución de la riqueza existente: más y mejor educación, extensión de los sistemas de protección social, mejora razonable de las infraestructuras, aligeramiento de las tensiones en la vivienda, búsqueda de nuevos modos de desarrollo (cuanta falta hace esta palabra y su significado) e impulso a las medidas medio ambientales. Imagino a los Sindicatos, en mayúsculas, pretendiendo recuperar una parte del PIB hacia los salarios, a los responsables del desarrollo regional exigiendo aportaciones crecientes a infraestructuras locales y regionales, a los actuales e inmediatos pensionistas a lo suyo, ¡qué ya está bien! Y a los empresarios, como no, a desarrollar programas de I+D que hagan mucho más eficaz la empresa, la verdadera productividad y la mejora de los productos. En fin, programas económicos y sociales. El debate en el crecimiento. Ello no se ha dado, o no se ha dado suficientemente. El schoc mediático-político paraliza los esfuerzos sociales que deberían impulsar esa necesaria renovación de prioridades.



Hago aquí un alto y anuncio mi sincera disconformidad con el valor del PIB como sustancia de la realidad económica, pero me atengo a ello ya que no distorsiona lo que vengo a decir a continuación.

El crecimiento económico consistente estos últimos años y con unas tasas cercanas al lujo (al menos en Europa) está generando altos beneficios empresariales (hoy leo que una empresa incrementa el beneficio en un 36%), mucha ocupación (se ha absorbido un impacto inmigratorio inmenso con una elegancia en los modos que reconforta los ánimos humanos), excedente presupuestario público (el efecto de la expansión de los ingresos y de una acentuada torpeza en cumplimentar los gastos, sobre todo en la inversión descarga las tensiones en el déficit y aparecemos como los campeones del superávit presupuestario), los números positivos en la SS son anuales y permiten ir creando un formidable fondo de reserva. Además los tipos de interés, a pesar de los paulatinos aumentos, siguen estando en una zona controlada (los hipotecados disculpen las molestias), la inflación diferencial con Europa parece tender a suavizarse y los fondos europeos aterrizaran en la pista cero controladamente (cosa que podía haber tenido un altísimo riesgo).

Con lo dicho, el tío Solbes ha de estar más que contento. Si la economía va con el viento en popa, la política debería estar tranquilizada. Pocos gobiernos sufren castigos y ametrallamientos cuando el bolsillo está agradecido. Pues parece que no es así. La idiosincrasia hispánica adolece de muchas peculiaridades y estamos en una de las más sangrantes. Razono que una falta de administración de la bonanza económica está en la base de la turbulenta agitación. Unos buenos beneficios adecuadamente distribuidos contentan y satisfacen a los accionistas. Acumular excelentes cuentas de resultados con cargo a reservas y sin proyectos inmediatos hace subir la inquietud del pequeño propietario. Me pregunto de forma forzosamente retórica si seria posible semejante emplaste agitador con la población contenta. Pienso que no.

Veamos lo que pienso que ha faltado. Podemos matizar el éxito económico descrito evidenciando algunos agujeros mal parcheados que intuyo en la base de la escasa solidez gubernamental.

En primer lugar y en honor a la verdad de su importancia cito los salarios. La pérdida de capacidad adquisitiva y de peso en el dichoso PIB es más que constatable y ello en plena incorporación femenina al trabajo y con incrementos de trabajadores inmigrados de dos dígitos. Añadiré además que los trabajadores públicos no compensan la inflación desde principios de los noventa. Probablemente en Catalunya, con una inflación superior a la media, la pérdida se acerca al 18% del salario. Un gobierno socialista no debería haber dado la espalda a substanciales mejoras del salario base, de la contratación laboral (soporte de los salarios menos que mínimos) y de sus funcionarios. Aunque fuese una política tímida, los signos en ese sentido son imprescindibles.

En segundo lugar, la economía permite afrontar mejoras consistentes en la financiación de las CCAA. Catalunya arrancó con el beneplácito presidencial, con previsiones de desarrollo legislativo y reglamentario fluidas y se encuentra en el aparcamiento, planta novena. Con Catalunya, todas las demás. ¡Ojo! La financiación autonómica no solo es cuestión de sentimiento emancipatorio, es ahora mayormente la financiación de los servicios públicos, prácticamente todos transferidos: sanidad, educación, etc. Algo más que fundamental para el bienestar de los ciudadanos.

Tercero, la inversión, planificada a cotas excelentes en cifras en los presupuestos está dormida y no se ejecuta, o se ejecuta con la lentitud del que no le importa. Añádase a esto la crisis de algunos servicios de inversión, como ferrocarriles, aeropuertos, etc. y tendrán ustedes una situación menos que buena. En este sector de las infraestructuras aparece un fantasma que había pasado casi desapercibido hasta ahora: la presión corporativa de los cuerpos de funcionarios (o grupoide ellos más bien) que no han entendido que todo fluye y todo cambia. Filosofía griega que nuestro venerable barbudo –el de Tréveris, naturalmente-- asimiló y doctoró. Incluyo en el apartado la escasa consistencia en algunos objetivos de inversión. No hay la atención necesaria sobre la red de ferrocarriles que nos conecten con Europa, ni la intensidad exigida para convertir en eficaz y en eje el transporte de mercancías. Como ejemplo mayestático cito un problema más que doméstico: el coste en todas las monedas posibles de imaginar de lo que sucede en los servicios ferroviarios en Barcelona es elevadísimo y las respuestas dignas del malogrado dúo Tip y Coll.

Cuarto, la tensión brutal de los precios especulativos de la vivienda. El juego entre riqueza aparente, el valor del piso, y el coste en términos de porcentaje del salario familiar, se torna mortal por momentos. Incluso manteniendo una agresiva expansión inmobiliaria, que soporta una buena parte del PIB, era posible suavizar el coste sobre el ciudadano trabajador o dependiente del salario. Además es una obligación moral y por lo tanto política.

Quinto y último. El sistema fiscal y su honorabilidad. La tendencia suicida a la reducción de la presión fiscal (mucho más leve que en el resto de Europa) hipoteca los programas de equiparación de servicios públicos con nuestros socios europeos. Añadiendo a ello la escasa eficacia de la acción contra la evasión fiscal, un cáncer crónico totalmente innecesario y fácil de combatir que mezclado con el mundo inmobiliario ha creado un monstruo que no nos podemos permitir.

Acabo, de momento.

Lluis Casas, más bien filósofo (desde Parapanda)

domingo, 29 de abril de 2007

¿SON INDEPENDENTISTAS LOS SUIZOS?



Lluis Casas*



¿Qué tendrá que ver, pensaran ustedes, Lluis casas y sus neuras infraestructurales con las ansias cantoneras de los espartanos suizos? Pues bien, mucho a mi parecer.

Recuerdo a quien no es usuario del ferrocarril el estado de las líneas de cercanías en Catalunya. No solo las que afectan a los desplazamientos de lo que se ha dado en llamar región metropolitana de Barcelona, sino también, otras más lejanas del centro del mundo, que a diferencia de Dalí yo sitúo no en la estación de ferrocarril de Perpinyà sino en la de Barcelona, la de Sants concretamente, en donde si quieren pueden ver el caos genético del mundo.

Si ustedes van a Lleida, cosa que aunque les parezca extraño les acontece a muchas personas, deberán eliminar una jornada completa de su agenda y dedicarla a leer, si tienen suerte con el asiento, en un cochambroso vagón de RENFE, total por 130 kilómetros des de Barcelona. No les auguro un viaje hacia el Pirineo, Puigcerdà o Tremp, no les quiero tan mal, a menos que gusten de las aventuras viajeras. Y, siento decirlo, por la ubicación de algunos paparandeses, las líneas del norte van a conseguir nuevos records de incidencias. Lo están anunciando.

El mal, tal como ha quedado probado, no es fruto de la voluntad de los dioses, a menos que dioses signifique políticos y altos funcionarios erradicados en Madrid. Des de principios del siglo pasado, la red de ferrocarril en Catalunya no ha crecido un solo metro (AVE exceptuado y metro también), más bien al contrario se han cerrado líneas, estaciones, apeaderos, etc. El transporte de mercancías, única solución a la debacle circulatoria, es el enano del transporte.

No me discutirán ustedes que el asunto ferroviario es de rabiosa actualidad, tanto por las continuas incidencias que impiden una vida regular a los ciudadanos que lo utilizan, como por el sorprendente contraste con el tesoro de las Indias (fondos europeos) gastado en el lujo asiático del AVE. El contraste, término que utilizo por mi educación barroca, es todo un ejemplo de la priorización política española. Millones de personas ven afectada su vida diaria, laboral y familiar a cambio que los ejecutivos inmobiliarios se desplacen cómodamente a los territorios comanches en donde pueden establecer nuevas perspectivas de especulación. Si señores, me permito unos centavos de demagogia.

¿Quieren que hablemos del transporte aéreo? En donde el escándalo puede ser sublime. ¿O quieren que les recuerde la red de carreteras nacionales o autovías que mal cruzan Catalunya? Para no aburrirles solo les recordaré que dicen las malas lenguas que en algunos pueblos que tienen la desgracia de estar en torno a la nacional BCN- MDR, en los kilómetros de Igualada a Cervera, no hay familia sin victima mortal. Creo que se ha tardado veinte años en disponer de una autovía aceptable. Afortunadamente La Panadella y sus curvas con pendiente contraria han pasado al olvido.

Si esa es la eficacia del estado en algo tan planificable como las infraestructuras, no es de extrañar que el aliento cantonés se expanda. Suiza, con cantones, tiene unas infraestructuras estupendas en donde un ciudadano es un ciudadano, coja el tren que coja. Por ello, los suizos no son proclives al independentismo. Los suizos sienten con la razón y sin ella que la maquinaria estatal está razonablemente a su servicio.

Para confirmar las diferencias entre un estado contra sus ciudadanos y un estado de sus ciudadanos, lean la prensa diaria. Pueden situarse en Cataluña o en otras muchas zonas hispánicas, da lo mismo. La decisión, la planificación, las prioridades, etc. son cosa de expertos en estar en Madrid (nada contra Madrid de la que seré suegro a no más tardar). Y para terminar de aclararse, tomen el número 196 de la revista Cuadernos de Información económica de la FUNCAS (fundación de las cajas de ahorro), editada en Madrid recientemente, en donde se exponen los argumentos de un estado federal: el título de la edición es “Comunidades autónomas: aprendiendo a crecer”. La descripción del impacto sobre los servicios públicos y las infraestructuras de los gobiernos regionales es impactante, si vale la reiteración de tan sonoro término. Y las encuestas sobre el sentido de la vinculación social con comunidades autónomas y estado, es para chuparse los dedos. Por fin tenemos los españoles una base estatal en la que empezamos a confiar: las autonomías. Todo ello por el desplazamiento de las decisiones y las prioridades al servicio del ciudadano, no del imperio.

¿Les parece bien ser suizos? Pues parece ser que no estamos tan lejos, cariño. Que nadie lo estropee. Y recuerden que afortunadamente papa estado les devuelve el valor de su billete si han llegado tarde a su cita de amor, o si no han llegado. Los otros costes, se entiende, van a su cargo. Maravilloso.

Lluis Casas (Polopo's College)

viernes, 13 de abril de 2007

LA ONU Y EL TIEMPO METEOROLOGICO

Lluis Casas

Me permito sumarme al alud de comentarios que el reciente informe de la ONU sobre el cambio climático ha suscitado. Informe que ha sido completado por un análisis más en detalle sobre áreas geográficas continentales. No entraré, faltaría más, a detallarles lo que dicen uno y otro. Son ustedes leídos para encararse con la prensa o con los medios diversos que la tecnología nos ha dado. Sólo me permito un brevísimo resumen de ambos: el asunto está que arde y más en el Mediterráneo. Como indica la canción de Serrat.

A partir de esta apreciación científica, permítanme ustedes dos comentarios de pasada: ¿Cómo es posible que a la prensa en general se le hayan abierto los ojitos tan glaucos que tiene en un abrir y cerrar de ojos, nunca mejor dicho? Y, ¿cómo es posible que el aparato político administrativo doméstico no haya abierto la boca, que para esto está, la boca y el aparato?

En el primer caso, uno llega a pensar que alguien está diciendo, ¿anda, cómo no nos habíamos dado cuenta, con la de portadas que podríamos haber hecho? En el segundo, la expresión es más infantil: yo creía que a mi esas cosas no me pasarían, o que alguien las evitaría y me ahorraría preocupaciones, decisiones y costes.

Y no crean que sea un decir. Hoy mismo, un economista académico (sector neoliberalismo-pijismo) que en Barcelona viste chaquetas en eastmancolor, made in Bob Hope, viene a decir en La Vanguardia, que para qué: total, el mundo se va a hundir igual. Y lo hace en términos del tipo de interés, que posiblemente es el interés de ese tipo. Cosa elocuente e incluso poética, si lo piensan bien. Una demostración de la consciencia del periodismo y de la académica sabiduría del corto plazo.

Ciertamente, el paisaje que se nos deviene no es como para amortizar la hipoteca. La ONU lo ha dicho claro, meditado y con datos suficientes. Ahora bien, no ha dicho nada nuevo, simplemente lo ha expuesto en una vitrina mediática sólida y considerablemente fiable. Eso es todo lo nuevo.

Si el deshielo es o no es, lo sabíamos. Si el nivel de mar subirá, lo sabíamos. Si van a desaparecer un montón de especies, lo sabíamos. Y así un largo etcétera. Incluido en el etcétera que no tenemos tiempo para echar una cabezada, y hay que ponerse a toda velocidad a suavizar los efectos, modificar el rumbo y plantar alternativas.

¿Tenemos lo que hay que tener para la misión que nos compete? Me permito responder, recordando dos detalles recientes: El informe inglés de hace unos meses que ustedes tuvieron a mano en este medio y el asunto Al Gore, a su alcance en forma de libro o película. Los dos son planteamientos realistas y políticos, con una excelente base técnica y científica. Los dos expresan alta preocupación y los dos dicen que es posible rectificar y retomar el mando. Antes de la ONU y por personas vinculadas a la alta decisión política, que es mucho decir.

¿Y por aquí?, es decir Europa, España, Catalunya, Barcelona, Parapanda? Muy bien y ¿ustedes? Yo no he oído nada, aunque es de sobras conocida mi tendencia a la sordera doméstica. Aunque sugiero algunas preguntas de itinerario:

¿Quién es nuestro Al Gore? ¿Dónde está nuestro informe? ¿Qué medidas, que no sea apagar la luz a las diez o poner depresores en los grifos, están preparándose? ¿Hay alguien, político personal o político orgánico, dispuesto al sacrificio o al menos a pagar el coste de cumplir con el deber? ¿Qué hace al respecto esa cosa llamada sociedad civil y económica?

Entretanto nos responden, definamos algunos escenarios:

El primero es que todo sigue igual. Hoy por ETA, mañana por Afganistán, esperaremos que alguien haga lo que deberíamos hacer por nosotros. Como la conocida avestruz australiana, que prefiere no verlo. Puede ir bien, si otros hacen nuestro trabajo y puede ir mal. Muy mal.

El segundo es que se tome como prioridad tanto la acción doméstica (a todos los niveles administrativos) seria y la acción internacional en beneficio de la movilización de recursos económicos, tecnológicos y científicos. Como si se tratara de una tercera guerra mundial, pero sin guerra. Una verdadera sorpresa histórica. Puede ir mejor en cualquier caso y razonablemente bien si coincidimos unos cuantos. Se trata que ponerse delante del carro. Recuerdan la psicología de la lucha por la democracia y contra el fascismo. Pues algo parecido: consciencia social y lucha política en un nuevo territorio.

El tercero es que todo era mentira. Los automóviles son sanos, el CO2 tiene gusto a almejas y la Tierra es plana, mide seis veces más de lo que dicen y el Sol, los planetas y les estrellas giran alrededor suyo. Prefiero no verlo.

A modo de ejemplo de cómo estamos si no nos movemos, les incluyo una noticia digital que aparece hoy en un periódico en catalán y que, para evitar suspicacias con la administración Aguirre, traduzco debidamente:



Titular: EL CAMBIO CLIMÁTICO PUEDE REDUCIR LA TEMPORADA DE ESQUÍ EN CUATRO SEMANAS.

Debajo sin remarcar:

La falta de lluvia acentuará la sequía y reducirá la producción eléctrica.

Lluis Casas angustiado

martes, 3 de abril de 2007

JOSEP PIQUÉ EN LA PENDIENTE



Don Lluis Casas

La ciudad de Parapanda y su medio de prensa principal me han brindado un retorno al pasado con un artilugio editado el 11 de marzo y cuyo título responde a la clave de “¿Es Josep Piqué un personaje de Matrix?”.

No tengo la menor intención de discutir los intrincados diagnósticos que se exponen en el artículo, pero sí, en base a unas antiguas fotografías, repensar las biografías de algunos conocidos.

Algunos pensaran que el 11 de marzo está muy lejos. Es cierto, pero las fotografías que ilustran y justifican el comentario también lo estaban y ha sido necesaria una operación logística compleja y arriesgada para sacarlas del olvido. Les pido perdón por ello.

Les referiré en primer lugar las circunstancias fotográficas. Circunstancias que tienen mucha relevancia respecto a lo que expondré a continuación.

Se trata de la impresión del testimonio de un tiempo pasado: una “matança del porc”, antes de que estas fueran prohibidas o reguladas (como quieran ustedes) por la autoridad competente. El medio físico, un pueblo de l’Alt Empordà, concretamente en una finca relacionada con unos amigos, buen político uno y excelente profesor otro, ya prejubilado el primero y desgraciadamente desaparecido el segundo. El tiempo histórico: eran los años setenta. La localización social: hay en la foto una cierta meritocracia catalana y el PSUC universitario de entonces. Creo identificar en la memoria algún (con perdón) polvo de estrellas, escritor o cantante y pequeñas muestras de la clase obrera organizada, es decir CC.OO. Situación normal en los tiempos y las personas de entonces. Una mezcolanza social en absoluto criticable y que algunos la echamos a faltar. Todo hay que decirlo, en la mesa cuenta el buen conversador y no el socio ideológico.

Entre los asistentes aparece la cabeza y la barba de Piqué y con menos pelo su consorte. Un colega del mentado Pep Piqué (PP), afamado bioquímico y miembro del comité local del Psuc, se pone detrás de la máquina de retratar y deja la foto for ever. Hay niños en los alrededores, algunos creían en el futuro. En la mesa un “platillo ampurdanés” y la promesa de los menudillos cerdiles. Todo bien regado con vino y cava (entonces todavía champán) y lo que hiciera falta. Estamos en el campo y con buen tiempo. Y éramos jóvenes. Yo, por ejemplo, todavía no había visitado las universidades norteamericanas como profesor invitado. De todas formas, una delicia.

Ahí aparece mi teoría explicativa de por qué Josep Piqué no es un personaje de Matrix: en Matrix no existe la ley física; en cambio, Josep Piqué la experimenta con intensidad.

La melancolía que produce el paso del tiempo y la apreciación de que este todo lo cambia me impulsan a exponerla. La teoría está basada en la constatación empírica de que la ley de la gravedad afecta a la materia que conforma el cuerpo de las personas (efecto más que evidente en Sofía Loren) y también a las mismas como entidades con contenido político y moral, el caso de Josep Piqué. A esa teoría la llamo “la pendiente”. Concepto que vinculo con la ley física que explica el fenómeno del incremento de la velocidad en el cuerpo que se desliza por la pendiente. Si no hubiera aire, ni rozamiento llegaría a una velocidad infinita. Nada puede pararlo. Nada, excepto mantener el freno desde el comienzo.

Piqué es una excelente muestra de la falta de freno. En la foto no está solo en el asunto. Pero si tiene, ahora, el record de velocidad. Nuestro ilustrado economista, manager y político ha cursado estudios en todas las universidades, en el PSUC (puedo confirmarlo), en Convergencia (fue público y notorio), en el PP (una realidad evidente) y, esperemos, lo que llegará después.

Una vez iniciado el recorrido por la pendiente, siempre con acelerones basados en retribuciones de prestancia, o en manoseos directos, el futuro no tiene relieve, no hay paisaje que observar. Un Voltaire deviene monárquico sin notarlo. ¡Qué dulzura de argumentos defender lo peor de la historia con la inteligencia del que los había puesto a caldo!

Como condimento a tan excelente plato les explicaré que la teoría tiene un complemento necesario al que ahora he podido darle nombre: el efecto “estasi”, que es cosa diversa de “éxtasis”, ¿no es cierto? La película (yo nunca veo filmes, solo películas). La Vida De Los Otros lo expresa con magnífica claridad: la mayoría de la gente tiene precio y no es muy alto, relativamente. Solo hay que desorientarse un poco, hacerse acreedor de una buena amenaza y la promesa de algún dinerillo o equivalente (triunfo social).

Ambos fenómenos afectan a muchísimas personas, pueden aparecer en cualquier momento de la vida, independientemente de las creencias y del patrimonio no mobiliario. Al principio no tiene coste y si muchos beneficios. Con el paso del tiempo, el individuo como ente complejo tiende a desaparecer, ya no se le puede fotografiar siquiera, el cloruro de plata no se deja impresionar. Fíjense que Josep Piqué ya no sale en las fotos, solo aparece un fantasma borroso que nada dice, que nada sugiere, pero que no calla nunca.