viernes, 14 de febrero de 2014

HUIR DE BARCELONA

Escribe Lluis Casas


Visitar la librería Documenta, junto a las Ramblas, fue para mí durante largos periodos un hábito ligado al lugar de trabajo y a los paseos substitutorios del desayuno o al mediodía, antes de reanudar la jornada laboral. Esto ya no es posible hoy día, pero de vez en cuando, si la ocasión lo permite, allá me lleva el impulso atávico como a los elefantes, amigos de la lectura.


Este sábado fue uno de esos días en que la circunstancia me permitió darme una vuelta entre las mesas expositoras de Documenta y, a la vez, oír a su propietario en una de sus permanentes conversaciones con uno u otro de sus clientes. Esta decía así:

“Es la ocasión de cambiar de lugar. Este barrio, que me encanta y donde he pasado tantos años, ya solo es territorio turístico”

La conversación, como adivinaran, iba por el asunto del anunciado traslado de  Documenta a otra zona de la ciudad, junto a un cambio de dirección por razón de edad. El cambio territorial está motivado en buena parte por ese espectro mortal que se llama «nueva ley de arrendamientos urbanos», que liberaliza los alquileres que estaban contingentados hasta ahora. Aparte de ciertas desventajas para los propietarios de esos locales, que en honor a la verdad hemos de reconocer, la contingentación ha sido muy útil para mantener el comercio más o menos tradicional en su lugar de actividad de siempre. Ello también ha comportado un poco de respeto hacia la arquitectura y la decoración que muchos comercios mantenían desde épocas más detallistas que hoy. Sin señalar a nadie, en Barcelona se mantienen o mantenían múltiples ejemplos de la evolución decorativa, de la marcha técnica del comercio y de la forma de vida que implicaba ser comerciante o tener un local abierto al público al margen del sector en el que desarrollaba su actividad.

Es obvio que es (era) un lujo disponer de las cererías (a pesar de su deriva eclesiástica), pastelerías, farmacias, colmados Lafuente, librerías Documenta, tiendas de vetes i fils, bares y restaurantes y tantos y tantos negocios que mantenían actividad y apariencia tradicional.

Durante años la resistencia ha sido enconada. Se perdían piezas irrecuperables obteniendo hamburgueserías, tiendas de moda londinense o cualquier nuevo negocio efímero basado en la tecnología circunstancial. En otras ocasiones, el poder del dinero simplemente transformaba un establecimiento tradicional en otro del mismo sector pero con luces de neón y mesas y sillas imposibles. Con eso también desaparecían oficios y habilidades nunca substituidos con ventaja. ¿Quién recuerda a un camarero que mantuviera en acción una docena de mesas repletas sin olvidar nada y sin tardar una eternidad en alcanzarnos esa copa que pedimos tardíamente? Recuerdo que un día éramos quince amigos en torno a una mesa, cada cual pedimos una cosa distinta. López Bulla para facilitar las cosas hizo la síntesis al camarero: «Ya lo ve usted, ¡café con leche para todos!». Éste respondió profesionalmente: «No hace falta, caballero, me acuerdo de todo». 

Hoy esa lucha de resistencia se viene abajo puesto que el tenedor del negocio, pero no del local, no puede asumir los incrementos de coste de alquiler. La ley ya no le protege. Por ello, los voraces tiburones --pobres tiburones, ¡que mala prensa tienen!--  de la especulación inmobiliaria simplemente aplican la tercera regla, la multiplicación, al alquiler vigente y este absorbe inmediatamente no solo los beneficios del negocio, sino todos sus ingresos. Por lo que el afectado opta por tomar las de Villadiego con o sin la actividad. Le reemplazará, sin duda, una tienda de moda de una cadena internacional destinada al turismo ex soviético.

La frase del librero va más allá del simple impedimento del alquiler. Dice sintéticamente que esta es la excusa para pasar a otra zona ciudadana, puesto que Ciutat Vella ya no está para el asiduo indígena, su cliente habitual.

La llegada del turismo masivo, que da a la ciudad ocasiones económicas, también las quita, y transforma territorios populares en todos los sentidos del término en cauces turísticos y en implantaciones de las actividades que rodean a estos. Desde sombreros mejicanos a joyerías de miles de euros la pieza. Sin citar hoteles, residencias, apartamentos y otros adminículos creados por la imaginación humana (¿) para que los visitantes duerman algo. A ello se refirió Sócrates en su día: «Hay que ver las cosas que tiene el mercado, que yo no necesito».

A pesar de mi dificultad para desplazarme conformado más allá de santa Coloma de Gramanet, he sido turista obligado y he necesitado y utilizado la parafernalia propia de esa especie humana transgresora y superficial, debo reconocer su utilidad tanto como activo económico, como activo cultural y de conocimiento mutuo entre humanos. También debo advertir que nunca he vomitado en ninguna calle de Berlín, ni he descargado la vejiga frente a la pirámide de Keops, ni he buscado un gorro frigio en Chile, aunque si intenté hacerme en Moscú con una gorra como la lucía Lenin en la estación de Finlandia y en su defecto con unas botas del ejercito rojo, esas altas que se calzan sin calcetines y con vendas de piel. Como no conseguí ni lo uno, ni lo otro, debo reconocer que hay ejemplos de pasotismo turístico excesivos.

Pero Barcelona se está yendo hacia un extremo sin consideración ninguna con el mundo indígena que hace años que intenta vivir en ella y que hasta ahora y por mayoría abrumadora se sentía satisfecho de la ciudad y de sus vaivenes culturales, industriales y políticos.

Los juegos olímpicos han obligado al mundo mundial a visitarnos, cosa que en realidad no pretendíamos, al menos en las dimensiones que esos cruceros monstruosos, esas naves equivalentes a la estrella de la Muerte Galáctica de George Lucas, nos están apareciendo día si y día también en las cercanías del dedo de Colon.

Una masa de esa dimensión, visitante urgente, comercialmente activo y selectivo, junto al visitante selecto de hotel modernista y de altísimo consumo se están tragando enteras barriadas barcelonesas. Sus residentes son desplazados por los precios de la vivienda, del comercio o del local y por la selectividad social. Se resiste, si; el Raval es duro de pelar. Lo ha sido siempre, con sus anarquistas eminentes, sus gángsters a la francesa y sus utilidades sexuales de amplio abanico. Pero otras zonas, menos dadas a la guerrilla urbana, como el núcleo del falso gótico, los ejes primordiales de la burguesía como el Passeig de Gracia, las zonas del Eixample castigadas con ilustres catedrales quiméricas son trituradas por la apisonadora turística sin compasión.

La administración actual del municipio, ampliamente satisfecha por no gobernar la ciudad, hace lo que puede para acelerar la creación destructiva que genera el turismo masificado. No es que sea fácil regular el número y la ubicación de los establecimientos hoteleros, tampoco es nada establecer horarios, circuitos y zonas de aparcamiento de autobuses, ni siquiera el tránsito de vehículos estrafalarios de color deslumbrante, ruido prominente y gases de invernadero abundantes son accesibles a cierto orden. Debemos comprender lo difícil que le resulta a un alcalde minoritario hacer comprender con buenas palabras a sus socios i amigos del bussines que la ciudad es de todos, aunque un poco más de sus residentes habituales, hablen la lengua que hablen.

A eso se refería el ilustre librero, hay que aprovechar que nos echan para irnos.

Como muchos otros barceloneses, sean o no barcelonistas tendrán que hacer.


Lluís Casas cronista, pidiéndoles excusas por no publicar el segundo artículo sobre productividad, denme una semana de paciencia. .




martes, 4 de febrero de 2014

PRIMERA PARTE: Sobre la productividad

Como veo que los grandes jefes se ponen a discutir sobre productividad, voy a meterme en camisas de once varas, a ver lo que sale. Lo hago a propósito,  esperando garrotazos que ayuden a la disección. Así que barra libre.

El concepto de productividad no tiene una descripción única, podemos hablar de productividad del trabajo, del capital, de la tecnología, de la sociedad como un todo, de un sector económico, etc. En general podemos admitir que casi siempre el término se usa como la relación entre producto (bienes y servicios) producidos por unidad de trabajo: hora, jornada, trabajador, etc. Y siempre viene acompañada con un cuadro comparativo con las alternativas de la competencia. ¿Cuántos vehículos produce SEAT en comparación con SKODA? En función del coste laboral, etc. ¿Qué productividad global tiene España en comparación con Alemania o China? La respuesta siempre viene acompañada con salarios, horarios laborales, etc. Por lo que por definición la productividad no es nada en sí misma, sino en relación a otro. Es como afirmar que fulano tiene más cojones que nadie y no hay constatación empírica de que ambos, fulano y nadie, hayan mostrado en público sus vergüenzas para constatarlo. Sin la comprobación, la frase inicial no tiene sentido. O al menos, no significa nada fuera de las fronteras de la taberna.

Esa tradicional visión ha impulsado a que los gobiernos, los empresarios y los sindicatos interioricen la gran bondad de tener mayores productividades que el vecino. Así se genera mayor producción, más puestos de trabajo, más retribución (hasta hace poco), etc. Es una carrera competencial con un destino desconocido, puesto que (en el extremo del razonamiento) si todo lo que se produce termina en manos del mejor productivista, los demás se quedan sin trabajo y el productor sin consumidores. Cosa que está pasando a marchas forzadas.

Insisto en un aspecto relevante: la productividad sea lo que fuere, se calcule como se calcule, se compare con lo que se compare, tiene sentido en el marco de la producción de bienes y servicios en los cuales la aportación de capital, de organización empresarial y del trabajo pueden sustituir favorablemente al factor elemental del trabajo (número de trabajadores, número de horas por unidad producida, etc.). Es decir, pueden ser más y más capital intensivas (ahora añadiríamos tecnológicamente intensivas, organizadamente intensivas). Ello determina una frontera sinuosa entre unos sectores que pueden cumplimentar lo dicho y otros que ven limitada, por su propia esencia, esa transformación, digamos técnica. Me refiero sobre todo a los servicios se sanidad, educación, atención social y a otros en donde el capital humano, es decir los trabajadores, son hasta ahora difíciles o imposibles de sustituir por tecnología (añadiría provocativamente al FMI y al gabinete Roca). Esperemos a ver si el robot médico o el robot limpieza o abogado aparecen y son eficientes en su función, pero, hoy por hoy, las variaciones en la productividad de esos sectores son lentas y muy alejadas de las que se producen en otros lugares productivos.

Si hacen una lista observaran que curiosamente muchos de esos servicios (en general son servicios, pero no exclusivamente) están sorprendentemente ligados a una fuerte evolución científica y técnica, o al menos a un desarrollo del conocimiento y de la cualificación extrema de los trabajadores. Es decir el capital, la tecnología y la organización tienen un papel relevante, pero afectan muy poco a su productividad. O, al menos, afectan de forma menor que en otros sectores. Otra característica es que son poco dados a la deslocalización territorial (la huida hacia lares de costes y normas laborales menores), cosa curiosa y muy importante para fijar una potencia económica y laboral estable.

El tiempo de intervención de una operación de cirugía torácica no creo que haya disminuido mucho, ni el número de personas, altamente cualificadas que intervienen, se haya reducido, pero su coste se ha elevado por la formación exigida, por la aportación tecnológica, por las pruebas complementarias de apoyo al diagnóstico, etc. A cambio, el éxito ha aumentado mucho. En esos casos, ¿Cómo deberíamos valorar su productividad y su comparación con alternativas en su campo? Si las hubiere. Un hospital público y uno privado no tienen a igualdad de condiciones productividades muy distintas, aunque uno retribuye a sus trabajadores de forma diferente al otro. Pero esa es otra cuestión. Le llamábamos a lo bruto explotación, es un decir.

Ahora bien, me pregunto si hoy la cosa es igual, o en función de la globalización mundial del comercio y de la producción, el asunto está cambiando. Añado además, ¿los costes financieros y la economía financiera absolutista universal actual tienen algo que ver con el concepto inicial de productividad?, ¿la tensión sobre el medio ambiente y sus derivados en costes de salud, ambientales, en el medio natural, en los recursos limitados (la energía, por citar la más llamativa), en la aglomeración humana, hacen que ese concepto limitado de productividad histórica sea hoy aún relevante?, la exigencia de calidad en los productos, de adaptación a normativas muy estrictas de todo tipo (también de momento), ¿la excluimos?. ¿Tenemos alguna cosa que decir al respecto de la obsolescencia de los productos, cuando esta es deseada y fabricada? La externalización de costes sociales, ambientales, financieros ¿la dejamos al margen?, ¿La esclavitud laboral se puede contabilizar como un debe o un haber?

Añado, en un aparte de la sustancia de la cuestión, lo siguiente: la productividad está íntimamente vinculada al concepto de crecimiento productivo sin límite y a las tensiones crecientes en torno a la distribución de las rentas entre trabajadores y empresarios (Iba a decir financieros y no me equivocaría mucho). Si es así, que lo es, ¿podemos seguir con el concepto sin variar muchas líneas plenas de matices y anotaciones prolijas al margen? Termino finalmente, el sistema fiscal estatal e internacional, para añadir eso del paraíso en la tierra, en donde el fisco no existe, ¿es asunto que afecta a la productividad?

Como observo que he consumido la primera página en consideraciones sin riesgo, me veo en la obligación de mojarme. Vamos a verlo la siguiente semana, dando opción a que alguien añada o rectifique.

Lluís Casas en China

Radio Parapanda. "Cartas sobre la izquierda"http://vamosapollas.blogspot.com.es/


sábado, 1 de febrero de 2014

... QUE VEINTE AÑOS NO ES NADA


No piensen que se trata de un cambio súbito en la letra del conocido tango de Le Pera escrito para mayor gloria de Gardel, sino de algo muy distinto, de una síntesis temporal que va desde el hoy hasta las presuntas elecciones generales del 2015. Poco menos de dos años.

El tiempo es corto o largo en la vida en según qué momentos, puede no ser nada en el amor, incluso cuando este está repleto de frustración y de añoranza como en el tango, pero cuando se trata de la degradación de la vida ciudadana la espera amorosa no se puede asumir, ni, por descontado, permitir.

El Streep Tease que el PP está haciendo público en estas últimas semanas, mostrando vergüenzas sabidas junto a otras menos conocidas y, aún, otras bien ocultas hasta hoy, no hace más que confirmar que un país no debe estar en manos de un grupo de clanes unidos por la avaricia del dinero y el poder, o por el poder y la avaricia del dinero. Incluso estamos viendo la lucha navajera fruto de la traición a la omertà. Solo nos falta ya, para componer por completo un panorama clásico, la aparición o la confirmación de algún cadáver y las fotos de las chicas (o chicos) ligeras de ropa al modo berlusconiano (excluyo los alicientes químicos por resultar obvios).

Martin Scorsese nos ha acercado a esos mundos en diversos films de gran factura y hoy mismo tenemos a disposición uno de plena actualidad: el “Lobo de Wall Street”. Tres horas de desbordante salto de los límites gravitatorios.

El PP, creyente por un lado en su misión redentora y por otro en la inexistencia de facturas a lo hecho, hace saltar la banca con mayorías no solo absolutas sino absolutistas en parlamentarios, alcaldías, presidencias de comunidad y todo lo que cuelga en votos. La dura realidad es que ese tipo de hegemonía no autoriza a un tipo de gobierno más propio de una junta militar al viejo estilo. Ni siquiera con puños enfundados en guantes de seda.

El estado real de los ciudadanos es deplorable en moral, en recursos para vivir y en opciones de futuro. Que tengamos que oír que España posee las cifras de pobreza más graves de casi toda Europa, que el número de desposeídos de vivienda y de trabajo está en los límites de la estratosfera, que el poco trabajo que se crea consiste en una especie de esclavitud que no alcanza al mínimo vital, que los Botines se cambian el calzado por botas de montar chapadas en oro al mismo tiempo que la información sobre usurpaciones de pisos por parte bancaria crece y sobrepasa lo que hasta ahora los mismos bancos nos permitían conocer, me parece fuera de toda lógica, incluso en la crisis, de toda razón humana y de toda conciencia religiosa para los que están en ella.

Aunque supongamos que la crisis va venciéndose, el ritmo de recuperación va a ser tan lento que sus influencias benéficas, si las hay, sobre la población sacrificada solo se notará, en el mejor de los casos, de manera muy discreta y poco reconfortante. Los problemas del paro, de la crisis de la vivienda generada por los embargos de hipotecas y ahora de alquileres, la intensidad de la reducción salarial no van a desaparecer en esos casi dos años que le restan al PP para ejercer de chulo piscinas. Por un lado, las tensiones que están aflorando en el seno de la derechota auguran meses muy fríos para su dirección actual. Por otro, la reacción ciudadana acumula razones y, ahora, incluso triunfos como en la sanidad madrileña y en el movimiento ciudadano burgalés. Otros han venido con mayor discreción mediática y, es de esperar, que la intensidad reivindicativa aumente e incluso se radicalice, como será el caso, sin duda, de la reforma de la ley del aborto. Todo ello, confío, que apriete las tuercas del magma derechil y le impida terminar la legislatura.

Si no fuera así, me temo, que las condiciones para el siguiente gobierno van a estar francamente imposibles. El cambio, que hay que desear, debe producirse pronto, lo más pronto posible, ya que tanto el proceso de descomposición actual puede durar lo suyo, como porque la recomposición social, económica y humana del país exigirá también un tiempo que la población puede no disponer.

Es hora pues, desde mi punto de vista, de reclamar alianzas políticas honestas, agrupaciones partidarias y un programa común de las izquierdas. Todo aquel que no asuma esa necesaria muestra de disposición unitaria (incluso con ciertas diversidades) va a hacer pagar un coste enorme al país.

Incluso para las reivindicaciones nacionales este momento exige aplazamientos, que podrán considerarse buenas inversiones de futuro. Digo aplazamiento, solo eso.

Personalmente observo en ciertos lugares de la calle, en donde se cuecen las desgracias de una crisis contra las clases trabajadoras, que el tiempo de las expectativas o de la espera a que escampe ha pasado. La realidad política, el hacer político institucional debe agriarse con todas las verdades y realidades que la gente ve y vive. Se trata de una inversión a corto plazo para no pagar una hipoteca a 30 años que no podemos asumir.

Lluís Casas, tomando medidas a la calle.

martes, 14 de enero de 2014

LA VIVIENDA, ESA NECESIDAD INCOMPRENDIDA

El término “incomprendida” no es el más adecuado, sin ningún lugar a dudas. La vivienda en este país autonómico, federal o confederal ha sido siempre o casi siempre un elemento de acumulación de capital por parte de sectores que han manejado el suelo como una propiedad privada exclusiva. Lo que les ha permitido mantener un sistema fiscal privado que recauda un impuesto a la vivienda fuera de cualquier tratado fiscal.

La crisis inmobiliaria financiera lo ha puesto en primera plana de los medios y en el primer lugar de los problemas domésticos para innumerables familias.

Los remedios que la administración central, autonómica y local han habilitado son como mínimo de una crueldad medieval, dejando en la indefensión a los más desfavorecidos, sin medios legales o prestacionales que les ayuden a superar, o simplemente, pasar unas circunstancias especialmente graves.

La implicación bancaria en la crisis y los efectos que ha provocado en el tinglado crediticio a la vivienda ha acentuado la gravedad de los daños, embargos, lanzamientos, etc. Generando un panorama realmente sorprendente: un stock importante de viviendas vacías y un innumerable conjunto de familias sin vivienda. Ni siquiera los recursos al alquiler, ni que sea provisional, que garantiza además el mantenimiento de la vivienda han hecho caer del caballo a esos Pablos que dirigen la oligarquía financiera.

El asunto se ha ido complicando con el paso del tiempo, mediante el  incremento del paro y de la pobreza con trabajo, de modo que la perspectiva actual nos augura tiempos peores.

El combate de la PAH y de otras organizaciones para defender y proteger derechos y viviendas en riesgo elevado de pasar a manos del Monsieur Guillotin de los bancos es merecedor de todos los apoyos y un ejemplo, como en épocas pasadas, del ánimo popular. Pero, incluso con el respaldo de algunos partidos, de los sindicatos y de las buenas gentes, el asunto no hace más que complicarse. Lo que ayer era miedo al futuro, hoy es tendencia al suicidio. Y no lo digo exagerando.

Las daciones obtenidas o arrancadas del sistema bancario, la liberalización de las deudas complementarias, algunos alquileres sociales otorgados cubren una parte no menor, pero insuficiente, de los problemas de la población afectada.

La banca, con su conocido sentimiento social opta por la venta de las hipotecas impagadas a fondos buitre para su especulación posterior. Y lo hacen a precios de risa, el 10%, 15 % o 20% del valor de la deuda. Sin que ese esfuerzo por quitarse de encima el problema tenga en cuenta al deudor que tal vez lograría estabilizarse en ese nivel de deuda tan sensiblemente reducido. Tampoco la administración reacciona adquiriendo esas viviendas a esos costes tan reducidos y a los que podría acceder con la legislación vigente, de modo que  poniéndolas en alquiler a sus usuarios cubriría probablemente el coste expropiatorio. Cosa que está sucediendo en los propios USA, núcleo central del neoliberalismo agresivo.

Recientemente algunos ayuntamientos aprueban y tal vez pongan en marcha un sistema de penalización a los bancos que mantienen viviendas sin ocupar (y sin pagar impuestos, registros o gastos de comunidad). El asunto es una novedad positiva, pero no pienso que sea la solución, ni que tenga consecuencias eficaces. Pero algo hay.

Otros elementos surgen del infernal sistema de la vivienda en crisis. Las mafias, es decir, las nuevas mafias, puesto que la promoción y la financiación de la vivienda pueden considerarse (con las excepciones que corresponda) verdaderas mafias primerizas.

Las nuevas mafias no son de alto copete, sino asociadas al delito menor. Te ofrecen un piso expropiado por un coste asequible. No hay, lógicamente, documentación oficial, simplemente el asalto hecho y los correspondientes servicios, agua, luz y gas en marcha. Por un módico coste uno puede hacerse con el uso de una vivienda y esperar que las maniobras del banco propietario, del ayuntamiento o de quien fuera tarden todo lo que sea posible. En realidad un tiempo considerable.

Esa nueva mafia, que actúa en territorios urbanos especialmente tocados por el abandono, es una oportunidad que podría calificarse de Robín de los Bosques. El ladrón que roba al rico y se lo da, cobrando una tarifa, a los pobres. Un negocio parecido a la protección que cobraba la Mafia Italiana en Chicago a todo quisqui que tuviera un portal comercial en la calle. Aquí el negocio se hace más seguro, puesto que el material de intercambio está discretamente el quinto piso, puerta C.

La síntesis de todo lo ocurrido, lo que ocurre y lo que va a ocurrir en torno a la vivienda y las familias sin expectativa de puente, es de una gravedad que no puede abastase. No es simplemente explotación, no es solo abandono de responsabilidades públicas, no es únicamente avaricia suprema, no es lo ignominia legislativa, no es ceguera social. Es un nuevo estado del bienestar del 1%.

Lo demás, los demás no importan a menos que no hayan nacido todavía.



Lluís Casas y diez mil más

jueves, 2 de enero de 2014

2014 ¿UN BUEN AÑO? YA LES CONTARÉ

Lluis Casas

Ante todo repartir parabienes a los autores y publicantes de los artículos sobre «sindicalismo y política», y sobre la crisis que durante los turrones nos han dado trabajo intelectual. La calidad es sinónimo de inteligencia, haya o no acuerdo entre contertulios y eso, francamente, se agradece a día de hoy. En todo caso, y dejando pendiente alguna reflexión propia sobre el sindicalismo, apreciaría el riesgo de quien se aventurara hacia adelante: ¿Por qué le cuesta tanto al sindicalismo europeo crear una política coherente y unificada (en lo que se pueda), si el adversario ya es, no solo europeo, sino universal? ¿Por qué resulta tan difícil hoy integrar al parado, cuando en otros momentos esa división no presumía la exclusión sindical? ¿Cómo es posible el reduccionismo sindical de hoy día, cuando la tradición propia contemplaba incluso los coros y danzas de alta calidad? Por ejemplo.

Por ello todo ello, nada mejor que empezar el año transmitiéndoles una felicitación navideña “a posteriori” que considero se merece el Oscar o el Nobel por su síntesis del absurdo que en estos días se palpa entre una crisis con efectos devastadores y el mito de la felicidad navideña, ahí la tienen. La  recibí de un amigo y dice así: “Este año he superado mis problemas con el Alcohol y las Drogas y no me ha quedado ninguna secuela. Por eso, quería desearos una feliz Semana Santa y un gran 1994. No me acuerdo muy bien de vosotros, pero creo que me caéis
bien, porque os tengo en la agenda... ¡Feliz verano y viva San Fermín!”

No pongo el nombre del autor, puesto que carezco de su autorización, pero reconózcanme su acertada ironía y lo bien que encaja en el entorno de bullabesa marsellesa a la vista en nuestro entorno.

Leída, comprendida y comparada la felicitación de marras desde el ahora mismo, es decir después de las intervenciones tradicionales de la realeza y de la presidencia del gobierno, su contenido es de una lógica aplastante como método de sobrevivencia en un psiquiátrico del antiguo régimen…

Ni la cabecera del estado, ni la del gobierno se alejan demasiado del mecanismo interno de lo que me dice ese amigo para ustedes desconocido. En sus relatos televisados de lo que fue el año finiquitado, de sus expectativas frente a la nueva anualidad el tópico ensamblaje marxiano (de Groucho) se hace evidente. Hay motivos coincidentes en una y otra versión. La real y la del gobierno, y también los hay de diferente carácter. En un caso es evidente que vivimos la fase final de, al menos, el ciclo político de una persona. Final que puede arrasar no solo con la persona sino con la institución, a poco que la torpeza  (por ser fino en el término) siga imperando en su estrategia familiar, personal e institucional. En el otro caso, restringido al estado federal, la presidencia del gobierno establece nuevas trincheras justificativas de una política económica horrenda y de un cariz autoritario y anti democrático de nuevo cuño. Esas trincheras son de obligada aplicación  por el alejamiento de las razones de defensa primaria en estos dos años de gobierno: la responsabilidad es del anterior, el máximo culpable es Zapatero. Como las canciones del verano, también en este caso, hay que cambiar al menos de estribillo y adaptarnos a la moda; en este caso es el brote verde, la esperanza en la mejoría que aflora y en la seguridad que da un gobierno que ha acertado en su quehacer. Los esfuerzos (robos a mano armada) que la mayoría de la población han sido aprovechados y digeridos por ese escaso porcentaje de poderosos, pero eso en los balances no tiene donde anotarse y en las tribunas gubernamentales no se menta.

Si en el caso de la jefatura del estado, lo dicho y lo hecho choca con lo que el personal sabe y ve, cargando en él debe más números rojos que nunca, en el segundo caso, el de la jefatura del gobierno, la cosa es más cínica. Ni siquiera la imprudente visita a Obama, hecha en busca de foto publicitaria, ha ilustrado la política de clase que el Presidente viene aplicando. Una política de clase errónea y frustrante para la economía del país. El inmenso coste aplicado a las clases populares y medias que la Europa neoliberal ha exigido y que el gobierno propio ha hecho suya a falta de otra cosa, está llegando al límite de la sin razón: el impacto sobre las exportaciones, el sector que aguantaba y daba aliento. El motivo es simple, la dureza del euro frente a las demás divisas. Es inútil buscar una productividad por la vía del despido masivo y la laminación salarial, si finalmente esos presuntos márgenes ganados se lo come la revalorización del euro.

En fin, como testimonio de las expectativas que las cúpulas del estado nos hacen llegar, les envío esta compleja felicitación tardía en el día en que los socialistas hacen público su suicidio político en Catalunya. Lo estoy viendo en directo.

jueves, 26 de diciembre de 2013

FAMILIAS VULNERABLES, FAMILIAS VULNERADAS

por Lluis Casas


Ponerse delante de la pantalla en estas fiestas navideñas parece un ejercicio de osadía o de excesiva confianza en uno mismo, incluso para un no creyente.

En esas horas, unos (unas) están en la cocina haciendo ver que se están convirtiendo en Ferrán Adriá sin pensar que el tal menudea con la comida como si fuera un laboratorio químico en pleno recorte. No es el caso de sus pretendidos substitutos que trabajan con cantidades inmensamente mayores y con elementos perfectamente descriptibles e identificados.

Otros estarán dando largas a las últimas compras (esenciales y austeras) con que enfrentar la noche y los dos días siguientes. Algunos estarán a la búsqueda de sillas a precario o incluso de metros cuadrados de prestado.

Sea cual sea la actividad que en estos momentos se desarrolla, es seguro que no está entre ellas la de la lectura del blog. Tampoco es de esperar que durante las próximas 48 horas alguien esté en disposición anímica y física de labores complejas.

¿Entonces a qué viene esta escribanía tan a deshoras? Si necesitan un motivo puedo apuntarles que lo que se escriba en esta hora va a permanecer en el más absoluto anonimato durante días y al alcance de todo el mundo, momento crucial para decirla muy gorda.

El encabezamiento es de por si un homenaje a estas horas de acuerdo al mito de la noche: una familia a la espera de un hijo, en trance de pasar por las necesidades de la burocracia y sin un salario que garantice el futuro: ahí está el pesebre, los pastores, el ángel y los magos (algo tardones de acuerdo al presunto calendario), junto a la algarabía animal que conlleva el lugar y la hora.

Todos hacen el papel de la PAH, de las ONG o de los vecinos, familiares y profesionales que se suman día a día a la solidaridad cívica. Un cuadro representativo del momento a poco que adaptemos el guión.

En realidad, el título que quería para encabezar el texto no es el que luce al principio, sino el que sigue:

            ESPAÑA UN ESTADO GANSTERIL DE DERECHO

No se me ocurre otro nombre que poner al tipo de estado/gobierno que tenemos en estos momentos. Pues no se trata solo del gobierno, supeditado (creo) al devenir del voto, sino de la multitud de instituciones que están en el núcleo constitucional del estado en perfecta disfunción de lo que deberían.

La semana sobrevenida desde el 17 de diciembre nos alumbra con sorprendentes situaciones que, dado lo ya acumulado,  no terminan por desencadenar lo que en otra hora devendría. La ley de seguridad ciudadana, la propuesta de cortar por lo sano las instituciones locales dando vuelo a una estructura obsoleta, las diputaciones, y de voto indirecto. La propuesta sobre la libertad de las mujeres frente a su maternidad. La visita y cerco de la guardia civil a las oficinas centrales de ese organismo motivado por el fraude y la corrupción que es el PP. El desparpajo de sus señorías frente a cualquier crítica o medida alternativa a lo que ellas creen adecuado. Su insistencia en transformar la cruda realidad en un pasatiempo circunstancial. Sus maniobras de tahúr frente a los incrementos de precios en bienes y servicios básicos, inalcanzables ya para una porción significativa de la población. Su supina inacción positiva para rehacer las conexiones con Catalunya y una ristra de ajos totalmente podridos.

Como ejemplo tenemos el asunto del precio/coste de la energía eléctrica y del sistema oligopolístico de gestión. No se me alcanza que un gobierno permita a sus íntimos una provocación de tal alcance, un incremento del casi 12% en el precio de la electricidad. Y como no se me alcanza, pienso que hay ahí una maniobra tendente a lograr un buen incremento pero que parezca casi lo contrario. Al final nos encontraremos con un aumento del 7% pensando con alivio ¡menos mal, de buena nos hemos librado!
Tal vez  en el proceso algunas torpezas se cometan y alguien termine contribuyendo con su cabeza al buen fin de la maniobra, pero eso es “pecata minuta” frente a lo logrado.

Si condimentamos, como es debido en estas fechas, estos elementos, es indudable que nada se corresponde al teórico estado democrático (con los adjetivos coyunturales que quieran, como monarquía). Las dimisiones en cualquier otra parte serian abundantes y seguidas y con toda probabilidad el gobierno hubiera caído y, tal vez, el régimen.

Si esto no es así de debe en primer lugar a la debilidad profunda de la ciudadanía frente a las agresiones conjuntadas de la  crisis y de las leyes en curso. En segundo lugar, a la discapacidad profunda de los partidos de la oposición (con escala variable de responsabilidades) que el algún caso conviven con problemas de la misma índole que el PP. En tercer lugar, la creencia del PP de que nada puede afectarle dado el estado del patio y puede hacer y deshacer a su gusto o al gusto de minorías ideológicas o núcleos de interés económico.

De tal modo es la situación que incluso desde fuera se hacen comentarios a través de ministros o de autoridades sobre la capacidad del gobierno para estar a la altura de los tiempos. Cosa realmente sorprendente, pero que induce a pensar que desde las afueras del barrio alguien entreve conflictos que no necesitan de más provocación.

Muchos titulares se avienen con la siguiente explicación: la vuelta al pasado, el retorno del franquismo sociológico, la recuperación del poder cedido (bien poco) del establisment de la iglesia católica (con Rouco en capilla). Me permitirán discutir esa escasa explicación, más propia de quien tiene debilidades bien repartidas en la estructura corporal.

No se trata, desde mi punto de vista, de un retorno al pasado, sino de algo nuevo, aunque con mimbres tradicionales de la derechota española. Y ahí apunto con lo del estado gansteril: un modo de concebir y gestionar el país que implica la destrucción de la democracia real, manteniendo las apariencias mediante la porra, la pobreza y el miedo: es decir, Chicago.

Lluís Casas and company con buenos deseos a los que lo necesiten y les sirvan



miércoles, 18 de diciembre de 2013

CHURCHILL Y LENIN


“ESTO NO ES EL FINAL, NI SIQUIERA EL PRINCIPIO DEL FINAL, PERO TAL VEZ SEA EL FINAL DEL PRINCIPIO”

(O Winston Churchill después de El Alamein)

En esta época en que las derechas andan tan sueltas y lejos de los marcajes que en otros países y en otros momentos resultaban habituales y ciertamente eficaces, suena extraño empezar con una cita de un político inmenso pero de derechas que podía llegar a ser un energúmeno en esa materia de exhibición troglodita del pensamiento conservador.

Por otro lado, con una biografía repleta de despilfarro propio y ajeno, con responsabilidades enormes durante la primera guerra (el desastre de Gallipoli, como el más llamativo) y vaivenes que semejaban descalabros, consiguió ser la cabeza vencedora (junto a otras dos) de la segunda guerra mundial. El hombre reunía, además de esos muchos defectos, una maestría ejemplar en el debate verbal y en la memoria escrita, de ahí (en parte) su premio Nobel de literatura. Dejemos al lado, tanto el humo de los puros, como los líquidos elementos que injería, sus accesos de melancolía, así como las pinturas de flores no muy lejanas de las rupestres que realizaba.

Entre la producción de multitud de frases y ocurrencias personales e institucionales que dejaban un largo rastro de descoyuntados detrás, esa del título representó el cambio de consigna en la guerra. Al “resistiremos, lucharemos en las calles, en las colinas…sangre, sudor y lágrimas”, prometido a sus conciudadanos así que las primeras derrotas dejaron casi sola a Gran Bretaña, elevó la nueva idea que apuntaba ya al cambio profundo en el devenir del conflicto. Quiso la casualidad que El Alamein fuese el anticipo del Big Bang de Stalingrado, acaecido pocos meses después, que rubricó ya para siempre el giro bélico.

Sirva esta introducción a diversos fines. Uno puede ser ese brote verde que el actual gobierno estatal (y ciertos elementos del de Catalunya) observan con confianza. En este caso, la frase obliga a pensar en largos años afectados por todo tipo de conflictos y amarguras antes de anunciar la verdadera victoria: trabajo digno para todos, distribución de la renta, servicios públicos adecuados, normalización democrática e institucional y un etcétera que ya rellenaran ustedes.

También sirve para aplicarla (la frase churchiliana) al devenir del conflicto España-Catalunya o al conflicto de base de éste, la obsolescencia institucional del régimen regurgito del final de la dictadura, con sus pactos sociales, territoriales y políticos. Este asunto, que en esta última semana ha tenido un giro espectacular (por espectáculo mediático lo digo), me ha tenido ensimismado. Con la sola excepción a ese ensimismamiento de una estancia en la cama con la pierna en alto y una inflación (tal como un economista explica la hinchazón a la médica de turno) incómoda y dolorosa. Las dos cosas han ocupado mis horas, una rumiando el independentismo, el federalismo, el íntimo amor entre las Españas y las Catalunyas, los enormes deseos de vida en común, respetuosa y afectuosa que los medios han explicitado. La otra, adoptando las posiciones más extrañas para atender el teléfono, manejar el ordenador y leer lo difícil que fue sobrevivir en la segunda guerra mundial. Forma de consuelo para los dolores propios.

No piensen ni por un momento en que ahora les resolveré sus dudas al respecto de la doble pregunta. Ni siquiera a la posibilidad real de que ésta se produzca o de las alternativas que las elecciones u otros medios puedan aportar para definir nuevos pasos. No es de mi interés suscitar más debate, confio en que el tiempo y las acciones de los grandes actores ayuden a ir definiendo poco a poco la opinión y la acción ciudadana. Aunque debo reconocer que tengo alguna decisión tomada y alguna por tomar. Dicho eso, termino con este asunto por el momento recomendando estar despejado, tener la vista fina y los oídos no obstruidos. No solo es la ubicación catalana es lo que se debate, sino el papel general del estado actual y de los derechos que lentamente han ido evaporándose. Atentos  y receptivos, todo va en el paquete.

Todo eso ha limitado la presencia de otros “conflictos” que pueden tener en el futuro efectos importantes. El primero es la formación de la “Grosse Koalition” en Alemania, dando a la derecha alemana cuatro años más de hegemonía europea. Este asunto, como los anteriores merece una cita histórica:

Según cuentan, Lenin le dijo el 3 de Abril de 1921 en Moscú al embajador de Turquía, Alí Fuad Bajá, lo siguiente: “Los alemanes son un pueblo de principios. Si se les mete en la cabeza una idea, se convencen de que es verdad y les cuesta mucho renunciar a ella”.

No he podido comprobar fehacientemente la cita, pero démosla por buena en función de que parece surgida de una conspicua inteligencia analítica y que coincide con las acciones del gobierno alemán y de una parte de su pueblo en estos últimos tiempos. De lo que se desprende, si la cita es buena, es que además es estructural. De 1921 hasta el 2013 van un montón de años y de hechos no olvidables fácilmente.

Si esto es así, y la confirmación en el cargo del ministro económico alemán parece asegurarlo, esa tozuderia alemana insistirá en el ajuste fiscal, dará algún paso en términos de regulación bancaria, aunque no muchos y tenderá a hundir más al antiguo imperio romano  en la estanflación, en el mejor de los casos. Mientras Alemania se financie a cargo de los romanos (el diferencial de intereses) y estos sigan adquiriendo carros de viaje “made in Germany” y substituyendo bancos alemanes por bancos propios en el balance de la deuda, Vladimiro mantendrá sólida su teoría.

Uno --en su conocimiento histórico-- pensaba que con la destrucción de las tres legiones augustas mandadas por Publio Quintilio Varo en medio de los bosques germanos de Teotoburgo, estos habían perdido interés en venganzas alternativas. De hecho, incluso Augusto dejó pasar el asunto con una simple citación hueca: ¿Varo, donde están mis legiones? Reacción sorprendente en su moderación y realismo.

También confiaba uno, en su inocencia mediterránea, que después de lo que paso tres o cuatro veces en 100 años, Alemania entendería cuál era su papel y su forma de ejercer la hegemonía económica. No parece ser así tampoco. Y para colmo añado otro elemento de radical importancia de estos días.

Ucrania se está convirtiendo en terreno de pugna imperial entre la UE (en realidad Alemania, que la pretende como su ampliación de entorno económico) y Rusia en fase de recuperación económica que puede financiarle añosas hegemonías regionales. En el centenario de la primera guerra mundial, basada en parte en las pugnas de signo imperialista (aunque no solo), ese conflicto tiene un tufillo de retorno al pasado un tanto terrorífico. Claro está que hoy hay otros medios aparte de las divisiones de choque y el desarrollo tecnológico de las armas ha establecido corchetes y paréntesis relativamente sólidos para repetir experiencias. Pero me temo que, al margen de los principios democráticos que hay que mantener siempre (votos y procedimientos limpios) Ucrania se está convirtiendo en la “stazione termini” de la debacle soviética y posteriormente rusa y esto molesta no solo al gendarme principal, sino a los segundones. Ahí hay conflicto para largo.

Lluís Casas et allia felicitándoles las fiestas, si las tuvieran con cierto desahogo y esperanzas.