martes, 2 de junio de 2009

AHORA YA SABEMOS QUIÉN PAGARÁ LA CRISIS





Los últimos días han sido promiscuos en noticias en torno a pactos, a conversaciones más o menos clandestinas entre agentes sociales, gobierno y tal vez, otros interlocutores. También los últimos días han sido sorprendentes: el catacrac de General Motors, por ejemplo. Pero no iremos por esto sino por lo anterior. Ya tendremos tiempo de escribir algo sesudo sobre GM, si el tiempo no lo impide y lo autoriza la autoridad gubernativa. A lo nuestro.


Se intuye que muchos actores sociales y económicos buscan un gran acuerdo que permita gestionar con cierta inteligencia la crisis que nos acosa. La iniciativa, recogida por el gobierno federal español, ha sido “presionada” por sindicatos y ciertos sectores empresariales. Hay una musiquilla de fondo, patrocinada por los de siempre, aupando como la gran panacea la reforma laboral. Esa musiquilla no va acompañada por los coros y danzas imprescindibles; tal vez a esos predicadores no les interese la reforma fiscal, la conjunción empresarial (más unidades de gran dimensión), la inversión que permita mayor productividad, un gasto social de dimensión mínimamente europea, unos derechos cívicos al nivel de un estado moderno y democrático, etc. Desde el gobierno federal nos dicen que nada de nada con eso de la reforma laboral, pero, en cambio, el presidente Montilla ya ha abierto la puerta y señalado el camino.


Soy partidario de grandes acuerdos que permitan mejorar a corto plazo la economía del país, creo que es uno de los pocos recursos disponibles para ello con capacidad real de mover las fichas necesarias. También pienso que no interesa solamente el corto plazo, sino que principalmente es necesario contemplar el asunto a más distancia y para ello se necesita obviamente algunos acuerdos fundamentales.


Tampoco es que me asuste, me extrañe o me incomode que en ese marco se inscriba más o menos intensamente eso de la reforma laboral, puesto que es un concepto tan amplio y abstracto que no puede provocar el más mínimo sentimiento sin entrar en materia concreta, como ya lo ha explicado consecuentemente nuestro benefactor en este medio digital. Pero me temo que las cosas andan más definidas de lo que parece a primera vista; reforma laboral quiere decir mejorar el despido para los empresarios, atajar la contratación e incidir en los convenios. En síntesis, una retirada sindical sin que se vea contrapartida equivalente. La argumentación de la crisis no se sostiene racionalmente, pero la presión de los intereses de clase parece ser de órdago.


Insisto que para mi me parece clara la situación, creo que la estrategia en marcha contempla que ahora hay que establecer diversas y complejas maniobras para hacer tragar lo que hay que tragar y montar la decoración pertinente para que todo parezca el colmo de la modernidad. Espero y deseo que la parte contratante de la primera parte, la sindical, resista y movilice la parte contratante de la segunda parte, la sociedad que aún hoy puede dar respuesta concreta a un presunto pago laboral por algo que ni se ha hecho, ni se posee, la crisis.


Otras lecturas apuntan a más que tímidas reformas de otro orden, los monopolios ex públicos (las eléctricas y la comunicación, por ejemplo), que se resolverán mal una vez más por la resistencia que los intereses de unos pocos ponen a un estado moderno.


Señalo sólo de pasada que en las maniobras va a embarcarse y a pagar por cuenta de otros un partido socialista y, otro, que no aportará nada de nada en aras de la escalada al poder.


Simplemente eso.


Lluís Casas alarmado. Y amigablemente enfadado con el editor de La factoría. Mi artículo sobre
EL SIGNFICADO DE LA RECLAMACIÓN CATALANA SOBRE FINANCIACIÓN Y EL VERDADERO ESTADO DE LA NACIÓN lo ha publicado en la mentada revista, lo que es de agradecer. Pero se lo atribuye a López Bulla. Error, craso error: a Dios lo que es de Dios, al César lo que es del César.