domingo, 24 de mayo de 2009

UNA CRISIS PERDIDA




A estas alturas, con más de un año de convivencia con la crisis, me temo que debemos hacer un balance ensimismado de las acciones que los gobiernos y el mundo socio económico han desplegado. Tal vez más radical para el caso español que en la vertiente internacional. Desde este Observatorio de Parapanda (OP) hemos observado con atención y aprensión el desarrollo de una historia, inconclusa aún, pero de enorme intensidad e interés. Para que vean que uno no es un miope depresivo les apunto primero las buenas noticias.

En primer lugar la crisis no parece que pueda derivar hacia un “1929” o cosa parecida. La reacción promovida desde los gobiernos desplegando un inmenso incremento del gasto público, en buena parte en ayuda del sector financiero pero también en aportaciones de índole diverso hacia sectores estructurales de la economía, ha controlado el desboque y la pérdida del norte que podía temerse. Aún así, los temores siguen dada la enorme dimensión de la crisis y la caída brutal del consumo, el paro generado y las innumerables crisis sectoriales y empresariales que vemos en derredor. Tan es así que les recuerdo que no hace muchos días el mundo económico se llenaba la boca con la expresión “cambio de modelo”, o “un capitalismo distinto”, por no citar “el capitalismo ha fallecido”. Hoy, pasadas unas semanas esa alegría de la huerta que forman los cinco grandes tenores del orden mundial parecen más apocados en su sistema expresivo. Ni siquiera los lupanares capitalistas que forman la cadena de países basados en el tratamiento de los desperdicios financieros, entre ellos nuestra amigable Andorra, dicen nada, cuando no hace muchas horas se creían con el agua al cuello. Se va extendiendo esa fina capa de polvo del olvido.


Además del impulso gubernamental citado anteriormente, un impulso muy a lo bruto, todo hay que decirlo, sin “finezza” alguna, otros factores coyunturales han venido en ayuda de las circunstancias: cito la caída del precio de la energía que ha dado un cierto respiro a la inflación de costes que empezaba a ser intratable hace poco más que un año. Un respiro de aúpa.


También la coordinación internacional, por decirlo de alguna manera, ha funcionado por encima de las expectativas, aunque por debajo de lo necesario, sobre todo en Europa. Ahí también hay un cierto éxito. Recuerden ustedes las reuniones pre-semana santa en Londres y otras capitales.


Ese panorama ciertamente más positivo de lo que cabía imaginar no ha hecho, por otra parte, mas que generar expectativas de mejora que habrá que confirmar. El asunto está muy liado todavía y las esperanzas tienen que concretarse. Todo apunta a una crisis larga con costes sociales de importancia y con oscuras sorpresas en todas las esquinas. Esas expresiones sobre los brotes verdes que algunos vislumbran en situación de ensueño son, lo más probable, flores de un día.


En España la situación es, tal vez, peor, puesto que la acción gubernamental ha tenido carácter de sainete de sal gorda. Primero la negación, que no, que no hay crisis, vaya. Luego la aceptación parcial de la realidad y las medidas de poco vuelo. Después la inmersión total en la esgrima de las reuniones mundiales exhibiendo bancos y demostrando un buen hacer financiero que no está todavía nada claro.

Finalmente, esta última semana el penoso espectáculo del congreso y el arriba y abajo presidencial para salvar el pellejo. Creo que el resultado de la acción gubernamental en España es bastante deplorable. Hasta hoy sólo se ha actuado ligeramente sobre los factores de la crisis y el esfuerzo se ha escapado hacia circunstancias ajenas al núcleo del asunto, la subvención automovilística, el ordenador infantil y un tira y afloja en torno de palabras y no de obras. Lo contrario del facta non verba.


Por eso titulo este comentario como la crisis perdida. Les recuerdo un comentario anterior sobre la capacidad de las crisis para renovar el mundo económico y social, esta crisis debería servir en nuestro país para recolocar sectores y prepararse para un inmediato futuro bastante distinto de la venta de parcelas y el servicio de restaurante. O para rehacer en beneficio empresarial la normativa laboral, como quieren algunos. Ya veremos.


El inmenso empuje que hizo gala muestro amigo Obama se está diluyendo en el duro día a día de la Casa Blanca. Afortunadamente no se ha extinguido y todas las semanas cae alguna breva, como la reciente sobre el cambio de modelo (término que sirve para cualquier cosa) automovilístico americano. Pero claro, ahí en los USA el presidente tiene cogidas a las industrias autóctonas por los …créditos de salvación y deben obedecer a rajatabla al dueño del asunto.


Probablemente debamos esperar unos meses para que se concreten, o no, las expectativas de cambio en el sistema financiero, en el ámbito ambiental y en esa poca concreción tan anglosajona del trabajo duro, la honestidad y la retribución adecuada. Por lo menos.




Lluis Casas decepcionado, francamente.