viernes, 23 de febrero de 2007

USA Y LOS LIBERALES


Don Lluis Casas



En Europa siempre nos hemos tenido como los avanzados sociales respecto a ese otro mundo norteamericano. Esencialmente me refiero a los USA, pues aunque Canadá y Méjico estén en esa parte continental suelen tener su propia idiosincrasia.

Hace unos meses, dimitió de este mundo terrenal, después de una muy larga vida, un agitador social americano, John Kenneth Galbraith, al que Europa y no digamos ese ombligo del mundo que es España, no dedicó ni un parpadeo. Recuerdo una leve y honrada nota necrológica en El País. Solamente. Y eso que medía un metro noventa.

Y eso o ese ¿a qué viene a cuento?, se preguntaran los hipotéticos lectores. La respuesta está en el breve e intenso artículo sobre el salario mínimo en USA y algunos miembros del partido demócrata confrontados con la esencia de la depredación social. Artículo firmado por ese probable descendiente de Joe DiMaggio (en Usa es conocido por el mejor bateador de la historia, en España porque se casó con Marilyn Monroe), Anthony DiMaggio, que ha publicado este blog.

El debate parlamentario y social que nos transcribe suena a música celestial cuando lo comparamos con la intensa preocupación que los problemas de la clase obrera o trabajadora, o simplemente currante, provocan en nuestros apreciados representantes parlamentarios. Antes de seguir, quiero dejar claro que para mí no todos son iguales y que reconozco un buen puñado de diputados de los tres o cuatro sexos que levantarían el ánimo a un muerto en nuestros plenos si de esos asuntos se tratase. Pero es que no se tratan y solo por puro miedo escénico. A lo que iba.

En los USA hay una fuerte y larga tradición de defensa de lo social y colectivo que se ensambla intensamente con una componente libertaria en lo individual. Fue dado en llamarse liberal y a constituirse como eje del partido demócrata a principios del siglo pasado. JKG fue un paradigma de ese componente, que en Europa lo habríamos llamado socialista en algún momento, socialista keynesiano para aclararlo. A JKG lo encontramos en el New Deal con Roosvelt, como creador de una planificación agrícola y del desarrollo local en la fase de recuperación de los años treinta, como planificador de precios y garante de la producción bélica en la segunda guerra mundial, como catedrático económico en las mejores universidades, como propagandista en multitud de excelentes y honrados libros y artículos. Como embajador en la India en tiempos difíciles. Como asesor kennedyano en una época de cambios frustrados. Y así hasta pasado el siglo veinte. Sus reflexiones sobre el capitalismo y los capitalistas pondrían el pelo de punta a más de un leninista, que ni se hubiera atrevido a soñar lo que JKG dejaba escrito. Si a algo se le parece es a los reformistas sajones, rurales del Rhur.

Esa tradición es sólida en la América americana de las dos costas oceánicas y de ahí viene ese debate reciente en el que otro Kennedy sobreviviente por poco sale a la palestra como líder del debate. Creo sinceramente que lo que el artículo nos relata y el tono político y verbal expresa es que, salvadas las distancias, nuestro parlamento es débil mental, con perdón. Igual que nuestras discusiones político-sociales de taberna.

En USA, hoy todavía se oyen términos eclipsados en Europa: intereses, capitalistas, monopolios, grupos de presión, etc. Parece que algunas cosas mantienen su nombre más allá del océano. Me remito aquí al comentario sobre las palabras perdidas en otro artículo más reciente de esa pareja encantadora de López y Bulla. Algunas de esas palabras existen aún en inglés. Alabado sea.

Se imaginan en nuestro congreso o senado afirmaciones con ese tino: “¿Qué precio pedís por los hombres y mujeres trabajadores? ¿Cuánto más tenemos que dar al sector privado y a las empresas? ¿Cuántos miles de millones de dólares más queréis, cuántos más necesitáis? ¿Cuándo termina la codicia?”

Si uno cierra los ojos podría creer que se está debatiendo sobre Endesa, o las inmobiliarias mediterráneas o Telefónica en estado de oligopolio. Pero no es así, es el senado norteamericano en el 2006 y por el salario mínimo. Toma ya. Casualmente, hoy, día 22 de febrero de 2007, el periódico El País publica un artículo excelente de Joan Subirats, catedrático de estatura cercana a la de JKG, sobre pleno empleo, mínimo salario y crítico bienestar. Léanlo. ¡Qué mal estamos cuando dos artículos bien servidos nos levantan la moral!

Lluis Casas, depresivo.

viernes, 10 de noviembre de 2006

EL MODO DE HACER BRITANICO


Lluis Casas


Los británicos, no nos engañemos, son distintos. Frente a los debates domésticos, por fin generalizados sobre el cambio climático, el ministro de economía y futuro primer ministro británico encarga a un político de prestigio un informe independiente. Fantástico. ¿Se imaginan algo así, aquí? Pero es que hay más, además del encargarlo, se publica por todo lo alto, comprometiendo mucho al encargador. Sigo. El análisis y las medidas no son para tomarlas a broma, luego el compromiso es de altura. ¡Quien pudiera!



Resumen de las Conclusiones

Aún queda tiempo para evitar los peores impactos del cambio climático, si emprendemos acciones enérgicas ahora


La evidencia científica en estos momentos es abrumadora: el cambio climático constituye una grave amenaza global, y exige una respuesta global urgente.


Este Informe ha evaluado una extensa serie de pruebas de los impactos del cambio climático y de los costes económicos, y ha utilizado varias técnicas diferentes para evaluar los costes y los riesgos. Desde todas estas perspectivas, la evidencia recopilada en el Informe llega a una sencilla conclusión: los beneficios de acciones enérgicas y tempranas superan con creces los costes económicos de la inacción.


El cambio climático afectará los elementos básicos de la vida de personas de todas partes del mundo - el acceso al agua, la producción de alimentos, la sanidad, y el medio ambiente. Cientos de millones de personas podrían sufrir hambre, escasez de agua e inundaciones costeras a medida que se calienta el planeta.


Utilizando los resultados de modelos económicos anteriores, el Informe estima que si no actuamos, los costes globales y los riesgos del cambio climático equivaldrán a la pérdida de al menos un 5% del PIB global anual, ahora y siempre. Teniendo en cuenta una mayor diversidad de riesgos e impactos, las estimaciones de los daños podrían alcanzar un 20% o más del PIB.


Por contra, los costes de acciones pertinentes - reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero para evitar los peores impactos del cambio climático - pueden limitarse a alrededor de un 1% del PIB global anual.


Las inversiones que se hagan en los próximos 10 a 20 años tendrán profundos efectos en el clima durante la segunda mitad de este siglo y en el siguiente. Lo que hagamos ahora y a lo largo de las próximas décadas podría plantear riesgos de grandes alteraciones en la actividad económica y social, a un nivel similar a los riesgos asociados con las grandes guerras y la depresión económica de la primera mitad del siglo XX. Y será difícil o imposible invertir estos cambios.


Así que la toma de prontas y enérgicas medidas está claramente justificada. Dado que el cambio climático es un problema global, la respuesta ante el mismo debe ser internacional. Debe basarse en una visión compartida de los objetivos y en acuerdos sobre marcos que aceleren las acciones a lo largo de la próxima década; y debe inspirarse en enfoques que se refuercen mutuamente a nivel nacional, regional e internacional.


El cambio climático podría tener impactos muy graves en el crecimiento y en el desarrollo


Si no se toman medidas para reducir las emisiones, la concentración de emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera podría alcanzar el doble de su nivel preindustrial tan pronto como el año 2035, comprometiéndonos prácticamente con un aumento medio global de temperatura de más de 2º C. A más largo plazo, habría más de un 50% de probabilidades de que el aumento de temperatura superara los 5º C. Un aumento de esta índole sería extremadamente peligroso; equivale al cambio producido en las temperaturas medias desde la última edad del hielo hasta hoy. Un cambio tan radical en la geografía física del mundo tiene que dar lugar a importantes cambios en la geografía humana - dónde viven las personas y cómo viven su vida.



Incluso a niveles de calentamiento más moderados, todos los indicios - desde estudios detallados de los impactos regionales y sectoriales de patrones meteorológicos cambiantes hasta modelos económicos de los efectos globales - apuntan a que el cambio climático producirá grandes impactos en la producción mundial, en la vida humana y en el medio ambiente.


Todos los países serán afectados. Los más vulnerables - los países y poblaciones más pobres - sufrirán antes y más intensamente, aun cuando sean los que menos hayan contribuido a las causas del cambio climático. Los costes de las condiciones meteorológicas extremas, incluidas las inundaciones, las sequías y las tormentas, ya están aumentando, incluso para los países ricos.


La adaptación al cambio climático - es decir, la toma de medidas para crear resistencia y minimizar los costes - es imprescindible. Ya no es posible impedir el cambio climático que tendrá lugar a lo largo de las próximas dos o tres décadas, pero aún es posible proteger en cierta medida nuestras sociedades y economías contra sus impactos - por ejemplo, proporcionando mejor información, mejor planificación, así como cultivos e infraestructura más resistentes al clima. La adaptación costará decenas de billones de dólares al año tan sólo en los países en desarrollo, y ejercerá más presiones sobre recursos ya de por sí escasos. Debería acelerarse el trabajo de adaptación, especialmente en los países en desarrollo.

Los costes de la estabilización del clima son considerables pero manejables; una demora sería peligrosa y mucho más costosa


Los riesgos de los peores impactos del cambio climático pueden reducirse sustancialmente si se consigue estabilizar los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera en el equivalente (CO2e) de entre 450 y 550ppm CO2. El nivel actual es de 430ppm CO2e, y está aumentando a más de 2ppm cada año. Una estabilización en este rango requeriría que las emisiones estuvieran por lo menos un 25% por debajo de los niveles actuales en el año 2050, y tal vez mucho más.


En última instancia, sea cuál sea el nivel de la estabilización, las emisiones anuales deberán reducirse a más de un 80% por debajo de los niveles actuales.


Esto constituye un reto importante, pero una acción sostenida a largo plazo puede lograrlo a unos costes que resulten bajos en comparación con los riesgos de la inacción. Las estimaciones centrales de los costes anuales de lograr una estabilización de entre 500 y 550ppm CO2e se sitúan en un 1% del PIB global, en el supuesto de comenzar a tomar medidas enérgicas ahora.

Los costes podrían ser aún más bajos si hubiera avances significativos en eficiencia, o si se midieran los importantes cobeneficios, por ejemplo, de una menor contaminación del aire. Los costes serán más elevados si la innovación de las tecnologías bajas en carbono se retrasa más de lo previsto, o si los formuladores de políticas no logran aprovechar al máximo aquellos instrumentos económicos que permitan una reducción de emisiones, en el momento, lugar, y modo en que resulta más barato hacerlo.


Ya sería muy difícil y costoso intentar alcanzar una estabilización a 450ppm CO2e. Si nos demoramos, puede que se pierda la oportunidad de lograr una estabilización a 500-550ppm CO2e.


Se requieren medidas sobre cambio climático en todos los países, y estas medidas no tienen por qué frustrar las aspiraciones de crecimiento de países ricos o pobres


Los costes de tomar medidas no están distribuidas igualmente en los sectores o en el mundo. Aun si los países ricos asumen la responsabilidad de reducciones absolutas en emisiones de un 60-80% en 2050, los países en desarrollo deben tomar medidas importantes también. Pero no se debería pedir a los países en desarrollo que asuman la totalidad de los costes de estas medidas por sí mismos, y no tendrán que hacerlo. Los mercados de carbono de países ricos ya están empezando a proporcionar flujos financieros para apoyar el desarrollo de tecnologías bajas en carbono, a través del Mecanismo de Desarrollo Limpio, entre otros. Ahora se precisa una transformación de estos flujos para apoyar acciones al nivel requerido.


Las medidas sobre cambio climático también crearán importantes oportunidades empresariales, a medida que se crean nuevos mercados de tecnologías bajas en carbono y de otros bienes y servicios bajos en carbono. Estos mercados podrían llegar a valer cientos de billones de dólares anuales, y el empleo en estos sectores crecerá en consecuencia.


El mundo no está obligado a elegir entre evitar el cambio climático o promover el crecimiento y desarrollo. Los cambios habidos en las tecnologías energéticas y en la estructura de las economías han creado oportunidades para desvincular el crecimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, el hacer caso omiso del cambio climático llegará, con el tiempo, a perjudicar el crecimiento económico.


La lucha contra el cambio climático es una estrategia que favorece el crecimiento a más largo plazo, y se puede hacer de manera que no limite las aspiraciones de crecimiento de países ricos o pobres.


Existe una serie de opciones para reducir las emisiones; se requieren medidas enérgicas y decisivas para estimular su acogida


Las emisiones pueden reducirse mediante una mayor eficiencia energética, modificaciones de la demanda, y la adopción de tecnologías de energía limpia, calor y transporte. El sector energético de todas las regiones del mundo tendría que llegar a una "decarbonización" de un 60% como mínimo en 2050 para que las concentraciones atmosféricas se estabilizaran en 550ppm CO2e, o menos, y también serán necesarias grandes reducciones de emisiones en el sector de transportes.


Aun con una expansión muy fuerte del uso de energías renovables y otras fuentes de energía bajas en carbono, los combustibles fósiles podrían representar más de la mitad del suministro global de energía en 2050. El carbón seguirá desempeñando un papel importante en la mezcla energética de todo el mundo, incluyendo las economías de rápido crecimiento. La captura y almacenamiento de carbono a gran escala será necesario para permitir el uso continuado de combustibles fósiles sin dañar la atmósfera.


También es imprescindible lograr reducciones no energéticas, por ejemplo, por medio de la deforestación y de procesos agrícolas e industriales.


A través de opciones políticas enérgicas y decisivas, será posible reducir las emisiones, tanto en las economías desarrolladas como en las que están en desarrollo, al nivel necesario para la estabilización en el rango requerido, manteniendo a la vez un crecimiento continuado.


El cambio climático constituye el mayor fracaso del mercado jamás visto en el mundo, e interactúa con otras imperfecciones del mercado. Tienen que formularse tres elementos de política para una respuesta global efectiva. El primero es la fijación del precio del carbono, aplicada a través de impuestos, comercio de emisiones o regulación. El segundo se refiere a una política que apoye la innovación y el despliegue de tecnologías bajas en carbono. Y el tercero se refiere a medidas para eliminar las barreras a la eficiencia energética, y para informar, educar y persuadir a las personas acerca de lo que pueden hacer para responder al cambio climático.


El cambio climático exige una respuesta internacional, basada en un entendimiento común de los objetivos a largo plazo y en un acuerdo sobre marcos de acción


Muchos países y regiones ya están tomando medidas: la UE, California y China figuran entre los que tienen las más ambiciosas políticas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. El Convenio de la ONU sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kioto ofrecen una base para la cooperación internacional, junto con una serie de asociaciones y otros enfoques. Pero ahora se requieren medidas más ambiciosas en todo el mundo.


Al afrontar diversas circunstancias, los países harán uso de distintos enfoques para hacer su contribución al cambio climático. Pero las acciones emprendidas por los países a título individual no es suficente. Cada país, por muy grande que sea, es sólo parte del problema. Es fundamental crear una visión internacional compartida de los objetivos a largo plazo, y construir marcos internacionales que ayuden a cada país a desempeñar el papel que le corresponde en los esfuerzos por lograr estos objetivos comunes.


Los principales elementos de futuros marcos internacionales deberían incluir:

Comercio de emisiones: La expansión y vinculación del creciente número de sistemas de comercio de emisiones en el mundo es una poderosa manera de fomentar reducciones de emisiones rentables y de promover acciones en países en desarrollo; La fijación de objetivos firmes en países ricos podría generar flujos por valor de decenas de billones anuales para apoyar la transición a alternativas de desarrollo bajas en carbono.


Cooperación tecnológica: La coordinación informal además de acuerdos formales puede aumentar la efectividad de inversiones en innovación en todo el mundo. En el ámbito global, el apoyo a la I+D energética debería doblarse, como mínimo, y el apoyo al despliegue de nuevas tecnologías bajas en carbono debería multiplicarse por cinco. La cooperación internacional sobre normas de producto es una poderosa manera de impulsar la eficiencia energética.


Medidas para reducir la deforestación: La pérdida de bosques naturales en todo el mundo contribuye más a las emisiones globales anuales que el sector de transportes. La detención de la deforestación sería una manera altamente rentable de reducir las emisiones; podrían ponerse en marcha muy rápidamente programas piloto internacionales a gran escala con el fin de investigar la mejor forma de detener la deforestación.


Adaptación: Los países más pobres son los más vulnerables al cambio climático. Es esencial que el cambio climático se integre plenamente en la política de desarrollo, y que los países ricos honren sus promesas de aumento de apoyo a través de la ayuda al desarrollo internacional. Los fondos internacionales también deberían apoyar una mejor transmisión de datos regionales sobre impactos del cambio climático, así como trabajos investigativos en relación con nuevas variedades de cultivos más resistentes a las sequías y las inundaciones.

domingo, 29 de octubre de 2006

MUNICIPES Y CORRUPTOS



Lluis Casas*


En Parapanda hay honda preocupación por la ola de casos de corrupción urbanística que recorre España. Honrada preocupación, diría yo. Estimulante preocupación, afirmo. Por ello se me pide una tesis doctoral. No habrá tal, aunque sí algunas buenas reflexiones.


A propósito hay, a mi parecer, tres caminos complementarios que recorrer, a saber: primero, conocer los motivos de la corrupción urbanística; segundo, aproximarse a su dimensión real; tercero, entender que no es factible pretender cambiar la psicología humana.


Los tres caminos han sido recorridos parcialmente en artículos anteriores. La experiencia me confirma que la base de la situación actual está lejos en el tiempo. La encontramos en el abandono de la política de vivienda, en la dejadez de la política fiscal sobre las plus valúas urbanísticas, en la trasnochada arca municipal y, claro está, en el excesivo número de municipios y de ello, y para una mayoría, su escasa capacidad política y técnica. Los condimentos están preparados.


Segundo. Las dimensiones no son las que parecen. Ni todo el beneficio inmobiliario es fruto de la corrupción, ni la corrupción es el único problema respecto al exceso de apropiación económica del mundo inmobiliario. La mayor es el negocio inmobiliario y la menor la corrupción. Ello no concuerda con la impresión mediática, en la prensa es más vistoso que aparezcan los palomos y los poceros y el enclave marbellí. Por ello, los ciudadanos terminan por padecer presbicia. Pero, ojo, el verdadero negocio está en la mayor, en donde confluyen empresas de gran dimensión, entidades financieras de elegante nombre y apellidos de rancio abolengo.


Tercero. La corrupción es consustancial a lo humano. Igual que el delito en general y la mentira en particular. Woody Allen dispone de un espléndido arsenal de películas que lo relatan. No hay que buscar presunciones psicológicas para el corrupto, sea corrupto por activa o por pasiva. No hay corruptos, se hacen y los humanos caemos como moscas en cuanto olemos el pastel.


Planteado el problema en sus bases, me acerco a la cuestión municipal. Primera pregunta, ¿por qué los municipios están el la ola del huracán? Respuesta: Por que tienen amplias competencias urbanísticas. Son la base del gran negocio inmobiliario: la recalificación del suelo.

Segunda pregunta. ¿A qué viene ese apetito de dinero? Respuesta: la hacienda local esta hecha una birria, desde los siglos de los siglos y así parece que continuará. Por ello, cuando un regidor consigue entender como funciona la máquina inmobiliaria de hacer dinero, se hace socio y empieza a financiar servicios locales. Y ya no puede apearse, o no le dejan apearse.


Tercera pregunta. ¿Puede evitarse? Respuesta: Sí. Hay que querer hacerlo y utilizar el instrumental existente al efecto. Existe, es amplio y hay donde aconsejarse. Salgan a Europa, señores.


Cuarta pregunta. ¿Los ayuntamientos tienen la culpa? Respuesta: No, solo los que han caído en la tentación. Del mismo modo que la justicia solo envía a prisión al delincuente. No al resto de la humanidad.
Quinta pregunta. ¿Hay que modificar la legislación y las competencias locales? Respuesta: Sí, pero no por la corrupción, sino para dotar a nuestros sufridos municipios de aquello que necesitan, capacidad técnica, leyes fiscales adecuadas y recursos económicos. Del resto se encargan el juez de guardia y los votantes. En cuanto a las competencias urbanísticas hay que quitar presión económica a la recalificación del suelo y establecer medidas planificadoras del territorio y de control que impidan barbaridades. No está prohibido ser alcalde y padecer de locura transitoria.


El resto corresponde a lo que el buen catalán se refiere como mear fuera del tiesto.


*Lluis Casas. Presidente del Centro Musical Parapapandés Georges Brassens

viernes, 29 de septiembre de 2006

ACERCA DE UN DEBATE ENTRE SINDICALISTAS




Mi primera impresión frente a artículos que no son una novedad intelectual social, pero si lo son en el ámbito sindical: Los hubiera colocado a la inversa, el pesimista primero y el socialdemócrata después. El resultado es más creíble y coherente.


A lo largo de los últimos 35 años han aparecido diversos informes sobre el cataclismo humano y/o ambiental. Sea por la contaminación, por la escasez de recursos o por la bomba. De hecho Malthus sufrió la misma enfermedad. El club de Roma, aun vivo y un autor marxista de la Alemania democrática, Wolfgang Harich, comunismo sin crecimiento, por no citar la multitud de ecólogos, entre otros son recuerdos recientes para mí.


Vaya por delante que tienen razón. Agotar los recursos y crecer con el actual modelo parece imposible. Y debe serlo con toda probabilidad. Pero la historia reciente ha producido una cierta paradoja entre esa constatación y la realidad: el petróleo continúa saliendo a costes aceptables y poco a poco aparecen tecnologías aplicables que suavizan ligeramente el problema. Esta dinámica histórica y tecnológica seguirá. Sus límites nos son desconocidos y el calendario concreto también. Según mi información el mercado del automóvil, sector central de la crisis energética, se mantiene e incluso se expande. Las alternativas tecnológicas se desarrollan y aplican, reducción del consumo por unidad de recorrido, aparición de combustibles biológicos, anunció de alternativas de hidrógeno plausibles, etc. Ello me induce a pensar que anunciar el cataclismo absoluto es un error y también una equivocación comunicativa. No hay que renunciar a los profetas, pero hay que tenerlos donde conviene. En cambio, el reformismo ambiental tiene eficacia y consecuencias inmediatas, aunque sigue siendo una materia dura de pelar con empresarios, consumidores y otras especies protegidas.


Si hay que impulsar un cambio de modelo, yo también lo creo, alguien deberá hacerlo, no desanimemos a la gente. Un mundo mejor es posible, incluso sin coche privado.

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Otra nota editorial: De momento se propone un modelo de debate muy parecido al que tuvimos en esta plaza entre dos afamados sindicalistas. Que ponemos a disposición de los tres contertulios (Casas, Serrano y Bermúdez) para ver si les parece oporotuno repetir ese estilo. Ver en:

http://www.100annicgil.it/default.asp?serv=/servizi/3223/3233/xmlservizio

miércoles, 20 de septiembre de 2006

VIVIENDA Y CAMPAÑA ELECTORAL: Mis siete advertencias



Lluis Casas*


Lamentándolo mucho, las circunstancies me impelen a volver sobre el ruido inmobiliario. Mi abdicación respecto al mal asunto de la vivienda se viene abajo. La campaña electoral ha hecho su aparición. Los disparos de la precampaña, ¿qué quiere decir precampaña?, obligan al público a resguardarse tras los tabiques. Catalunya está en llamas, como el Yang Tse fílmico.


Prometo solemnemente solo dos artículos más. Este, de cuerpo digital presente y uno posterior celebrando las ocurrencias electorales de algunos. Al respecto, y por mi propio respeto, advierto a los lectores de toda condición de sexo e hipoteca que no soy de los que creen que todos los políticos son iguales. Ni lo son los políticos, ni lo son las fuerzas políticas. Por eso hay que distinguir y seleccionar con atención lo que dicen y lo que algunos escriben.


Al respecto, hoy algunos líderes se han echado a la espalda el problema de la vivienda. Con ello me han provocado conscientemente. Tenemos en los periódicos de hoy distintas ofertas, unas las anoto de publicitarias por su gracejo conceptual, otras de programáticas por su reconocible realismo y prestancia, que no radicalidad. En este campo, no se si por fortuna o desventura, nadie es radical. Rectifico, nadie que cuente algo en política es radical. No quiero problemas con los okupas de mi barrio, formidables buenos vecinos y grácil contrapunto del decaimiento ideológico.


En primera página de esos periódicos alguno nos advierte que pagará la mitad del alquiler de la vivienda a los jóvenes. Otro nos ofrece vivienda pública abstracta. El siguiente multiplica por dos lo que se está haciendo. Solo uno confirma la línea gubernamental actual.


Oído cocina, en el govern de Catalunya se han sentado tres fuerzas políticas, todas ellas corresponsables por razón del cargo del conjunto de las propuestas y acciones sobre la vivienda.
Como ya he anticipado que el comentario sobre el jolgorio electoral lo haré posteriormente, me centro en lo que creo que toca: advertir al plácido lector digital de que el mundo se mueve y que debe procurar poner las patas de la silla bien afirmadas en el suelo.


Primera advertencia. El mercado financiero se encarece a ojos vistas. No se han disparado las alarmas, pero el tipo de interés de referencia hipotecaria sufre un agitón de cuidado. Resultado, los costes para el sufrido hipotecario suben con rapidez y el ajuste entre gastos e ingresos mensuales deriva en dificultades crecientes. Va a haber bronca en las viviendas, concretamente en el comedor y por la noche.


Segunda advertencia. El pueblo se cabrea. Es cada día más notorio que las victimas de la hipoteca se están dando cuenta que alguien les está tomando el pelo. Ya sabían que les tomaban los euros y conformados estaban, ahora se han hecho más conscientes de la cruda realidad y se volverán parcialmente inconformistas, como en el film italiano. Resultado, habrá exigencias electorales al efecto. La duda está en cuantas, pero haberlas las habrá. Las encuestas cantan y las manifestaciones, de momento ligeras de equipaje, también. A algunos políticos va a calentárseles la boca.


Tercera advertencia. Las positivas iniciativas gubernamentales han cogido carrerilla y empiezan a tomar cuerpo. La gente comienza a ser consciente de ello y se vuelve, claro está, más exigente. Resultado, la creencia en la fatalidad residencial se irá rápidamente al carajo. Si no es fatalidad lo que hay, es que hay un culpable o varios. Alerta, va a llegar una factura inesperada.


Cuarta advertencia. El mercado huele a quemado. Promotores, financieros, especuladores, empresas y notarios sienten la cercanía del ocaso. Unos años de permanente esplendor cromático y cremático no los han incapacitado para distinguir las variables de cambio. Las ven y reclaman garantías de futuro. Resultado, hay que tranquilizarles en bien de la patria, si los hipotecarios se retraen un nuevo gobierno puede pagar por ellos. ¿Fifty fifty en la factura?, ¿qué les parece?


Quinta advertencia. La situación está tan tensa que los que mientan o no digan la verdad las pasaran canutas. Ahora no se trata de poner parches, hay que tomar tila y actuar. Las medidas inmediatas no deben impedir las acciones a largo plazo. Son estas últimas las que ofrecen alternativas sólidas. Resultado, el mentiroso se verá a la legua. Su impedimenta táctica se llama subvención o ayuda individual.


Sexta advertencia. Ahora todo se debe medir. Las ofertas electorales ya no se sustentaran literariamente, por decirlo fino. El acompañamiento monetario y las acciones políticas bien definidas serán imprescindibles y valorables posteriormente en circunstancias lamentablemente, más duras. Las propuestas fiscales serán un buen indicador de credibilidad. Resultado, quien se lleve el gato del poder al agua deberá cumplir razonablemente lo ofrecido, a riesgo de bofetón de Gilda a Glenn Ford (q.e.d)


Séptima y última advertencia. Pronto aparecerá una sociología de la lumpe-vivienda y los ultra precios. Alquileres por horas. Turno de mañana, tarde y noche. Cama con baño, es decir, en el baño. Si hay baño. 15 metros por unidad familiar, independientemente de las unidades individuales de la familia. Todo por módicos precios: a 10 euros por persona, metro cuadrado y noche. Resultado, el coste financiero puede aguantarse, pero la degradación social y familiar no. Va a haber tortas.


* Lluis Casas es Concejal Honorario de Parapanda y Barman Honorífico de la Taberna Raíz Cuadrada de Menos Uno.

viernes, 15 de septiembre de 2006

¿QUÉ NUEVAS COSAS PODEMOS DECIR DE LA VIVIENDA?


Lluis Casas*

Las infraestructuras están de moda: debates entre el estatuto catalán y el tío Solbes sobre el porcentaje del PIB; los empresarios quieren más de todo, sea lo que sea, puesto que terminarán incorporándolo a sus cuentas de explotación. Si a alguien se le ocurre plantear una autopista a la Luna, seguro que tiene un gran interés y resulta imprescindible a poco que se hable de dinero.

Pero, ¿Qué entendemos hoy por infraestructuras?

Respuesta periodística: Entendemos que son inversiones que permiten el desarrollo económico, sin las cuales este se vería sensiblemente mermado. Esas inversiones pueden ser públicas, es lo más corriente, o privadas, muy de moda. Pero todas bajo un sistema de financiación que nunca a dejado de ser esencialmente público. Ejemplos háylos de todas las clases: autopista privada, concesión pública. Autopista pública-pública. Puertos y aeropuertos. Redes de comunicación y energía, etc.

Pues bien este entendimiento con el que deben estar de acuerdo, les comunico que es anticuado, por no real. Hoy el futuro depende más de la formación, en sentido universal, que de los caminos y puertos, sin despreciarlos específicamente. El acento en la obra dura constituye ya más que un error.

Esa idea, que apunto anticuada por no útil, se basa también en la consideración del proyecto constructivo y no avanza con lo que hoy es capital, y nunca mejor dicho, las redes. Aeropuerto, contrapunto red de aeropuertos. Zonas de centralidad, económica, logística, etc. contrapunto redes de centralidad. Campus universitario, contrapunto red de conocimientos. Etc. Etc.

Consecuencias hay muchas y algunas sorprendentes: la red es un país con menos impacto ambiental, con menos necesidad de cemento, más diversificado, más entrelazado, más equilibrado. Ustedes creen, si están al caso, que Barcelona/Catalunya tiene necesidad de otra pista en su aeropuerto principal o, tal vez, podría con una nueva lógica aprovechar su red de aeropuertos y ferrocarriles para gestionarlos como una sola oferta que cubriera todas las demandas posibles. Simplemente apunten: Desde Girona o Reus son veinte minutos al centro de Barcelona con la línea en construcción del AVE. Desde el aeropuerto del Prat una hora en taxi. Lo mismo digo respecto a los puertos y las mercancías. Dejo a la imaginación del lector la dimensión desconocida de la alta formación científica y técnica y de la investigación de todo nivel.

Otro más. Un país pequeño, Catalunya lo es y España pude serlo a poco que comparemos, puede resultar extraordinariamente cómodo en una red. En la red no hay distancias, pero en la realidad no digital estas son escasas, por lo que tenemos el mejor de los mundos: inmediatez digital y cercanía geográfica. ¿Por que no nos aprovechamos de ello? Piensen: mucha red, poco impacto; cercanía geográfica y ferrocarril y poco coche. Buenas condiciones de vida. ¿No les parece?
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*Lluis Casas es experto en infraestructuras. Recientemente ha sido galardonado con la distinción de Concejal Honorario del Ayuntamiento de Parapanda. Por otra parte hace dos semanas recibió el Premio “David Ricardo”. Aclaramos: no es que aquí seamos ricardianos, sino que en Parapanda nacieron los padres del afamado economista (judíos sefardíes) Abrahán Ricardo y Abigayl Del Valle.

jueves, 31 de agosto de 2006

EL FIN DE LA VIVIENDA Y DE LAS EMPRESAS INMOBILIARIAS



Lluis Casas i Carreteras


Otro cuento de ciencia ficción.

Deduzco después de las caliculares vacaciones que el asunto del ladrillo está acabado. Al menos así lo siento yo. Durante los desplazamientos veraniegos he afinado mi agudeza visual y lo que he visto no me ha gustado. Lo he contrastado con mis recuerdos acumulados y ha ido a peor. Lo he pasado por el lóbulo frontal y el resultado ha sido sobrecogedor. Mejor me voy al cine.

¿Qué voy a decirles que su experiencia no conozca? Busquen imágenes de la costa, de los pueblos y de las ciudades. Incluso desde una posición de máximo realismo económico y humildad humana, ¿no era posible, ya en democracia, un desarrollo urbano y turístico diferente? O un poco distinto, si quieren. No nos pongamos maximalistas, ni radicales libres. No contesten, por favor.

Después del anterior adiós al urbanismo me temo que tengo que comunicarles una mala noticia, tengo disposición para comentar otros aspectos de conocida solvencia constructiva: ¿Qué les parece, hablamos de infraestructuras públicas? Tal vez ahí haya alguna buena noticia social.

Empecemos. Tal vez les sonará que el gobierno de Catalunya ha aprobado un plan de infraestructuras de movilidad. Carreteras, ferrocarriles y cosas así.

El asunto es importante, primero por que ya es atrevimiento planificar cosa tan compleja, segundo que hay mucho dinero en danza y tercero que afecta a millones de personas y miles de millones de toneladas de mercancías. Creo que es un buen comienzo.

El debate se agrió ligeramente por motivos de coyuntura política. En política no vemos de momento otros motivos. Los dos partidos gobernantes discreparon del asunto, aunque finalmente se aprobó unilateralmente.

Que se debata i se agrie la coyuntura es lógico dado el asunto. No podía ser menos y no debía ser menos. Al margen de los codazos electorales, hay una causa noble. Un plan de infraestructuras es un gran plan, un enorme plan, que configura futuros de todo tipo y por ende costes y beneficios sociales que se transforman en costes y beneficios privados distribuidos de forma a-equitativa. Por lo que el papel de lo público está perfectamente legitimado.

Preguntas: ¿Dónde se instala la industria, el comercio, la vivienda, los centros logísticos, etc., etc.? Respuesta: de forma programada, de acuerdo con la planificación básica urbana y territorial, es decir transporte, agua y energía. Conclusión, si programamos el transporte, en términos de moda, la movilidad, estamos programando el 80% del desarrollo social.

En esas condiciones suele ser útil la prudencia, un cierto tiempo de maduración de los proyectos, el distanciamiento respecto a las urgencias más inmediatas y… una visión muy general de la cuestión, por ejemplo: de donde venimos y a donde vamos.

Hasta ahora no creo que haya producido ningún sarpullido mi comentario, aunque no está lejos de hacerlo. Sigo.

En tiempos no muy lejanos, la racionalidad planificadora se quedaría ahí. Hoy no es posible. Los costes ambientales, sociales y en términos de salud pública ya no lo permiten. ¿Qué hay de nuevo, viejo?

Normas decentes y costes excesivos. La contaminación atmosférica, los impactos naturales, los costes energéticos y un etcétera consecuente. Y leyes, es decir pactos entre caballeros, Kyoto y la salud. No es broma. En muchas áreas metropolitanas cercanas ya disponemos de costes a escala humana de la contaminación atmosférica, por ejemplo. Costes valorados en términos epidemiológicos y en defunciones. No son cifras pequeñas, casi como el tabaco (no se si me está permitido el decirlo) y además son cifras que incumplen la legislación.

Si la planificación de la movilidad comporta menor o mayor transporte público, más ferrocarril, menos plataformas automovilísticas son cuestiones importantes para el inmediato futuro. Si un país resuelve incrementar el porcentaje de transporte por ferrocarril es una decisión de alto valor planificador y de consecuencias ambientales favorables. Habrá menos resfriados, por así decirlo y muchísimas menos pulmonías.

Si me aceptan ustedes este segundo bloque de criterios estamos al cabo de la calle, como diría mi abuelo.
Ya solo queda el interés. Y no precisamente el tipo de interés, que está muy bajo, sino otro: el cemento, el beneficio por cercanía y el control social y político sobre el futuro.

No tiene sentido que el ferrocarril esté por debajo de los dos dígitos en porcentaje de carga, todo para el camión. No tiene sentido que el vehículo privado sea el eje de los desplazamientos por causa del trabajo y sin alternativa. No tiene sentido que Catalunya, como puro ejemplo, disponga de menos recorrido ferroviario ahora que hace 50 años. Si a la largo de los primeros 500 kilómetros desde la frontera está el complejo productivo más importante del mediterráneo, como podemos entender que haya una sola línea de ferrocarril en dirección a Europa y con ancho español.

No vale entonces decir, corre, corre que te pillo. Y proceder a lo clásico, una autopista, un desdoblamiento, un carril más. Hay que ir de una vez al fondo y hacerlo bien. Dos años más no importan. Si importa cambiar la trayectoria, sobre todo cuando te mueves. Hay que hacer política de transporte a largo plazo, cosa que puede comenzar en seguida. No lo duden y no se asusten por la inclusión del impacto ambiental en la planificación del transporte. Es nuevo y es bueno.

Lluis Casas i Carreteras