viernes, 29 de septiembre de 2006

ACERCA DE UN DEBATE ENTRE SINDICALISTAS




Mi primera impresión frente a artículos que no son una novedad intelectual social, pero si lo son en el ámbito sindical: Los hubiera colocado a la inversa, el pesimista primero y el socialdemócrata después. El resultado es más creíble y coherente.


A lo largo de los últimos 35 años han aparecido diversos informes sobre el cataclismo humano y/o ambiental. Sea por la contaminación, por la escasez de recursos o por la bomba. De hecho Malthus sufrió la misma enfermedad. El club de Roma, aun vivo y un autor marxista de la Alemania democrática, Wolfgang Harich, comunismo sin crecimiento, por no citar la multitud de ecólogos, entre otros son recuerdos recientes para mí.


Vaya por delante que tienen razón. Agotar los recursos y crecer con el actual modelo parece imposible. Y debe serlo con toda probabilidad. Pero la historia reciente ha producido una cierta paradoja entre esa constatación y la realidad: el petróleo continúa saliendo a costes aceptables y poco a poco aparecen tecnologías aplicables que suavizan ligeramente el problema. Esta dinámica histórica y tecnológica seguirá. Sus límites nos son desconocidos y el calendario concreto también. Según mi información el mercado del automóvil, sector central de la crisis energética, se mantiene e incluso se expande. Las alternativas tecnológicas se desarrollan y aplican, reducción del consumo por unidad de recorrido, aparición de combustibles biológicos, anunció de alternativas de hidrógeno plausibles, etc. Ello me induce a pensar que anunciar el cataclismo absoluto es un error y también una equivocación comunicativa. No hay que renunciar a los profetas, pero hay que tenerlos donde conviene. En cambio, el reformismo ambiental tiene eficacia y consecuencias inmediatas, aunque sigue siendo una materia dura de pelar con empresarios, consumidores y otras especies protegidas.


Si hay que impulsar un cambio de modelo, yo también lo creo, alguien deberá hacerlo, no desanimemos a la gente. Un mundo mejor es posible, incluso sin coche privado.

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Otra nota editorial: De momento se propone un modelo de debate muy parecido al que tuvimos en esta plaza entre dos afamados sindicalistas. Que ponemos a disposición de los tres contertulios (Casas, Serrano y Bermúdez) para ver si les parece oporotuno repetir ese estilo. Ver en:

http://www.100annicgil.it/default.asp?serv=/servizi/3223/3233/xmlservizio

miércoles, 20 de septiembre de 2006

VIVIENDA Y CAMPAÑA ELECTORAL: Mis siete advertencias



Lluis Casas*


Lamentándolo mucho, las circunstancies me impelen a volver sobre el ruido inmobiliario. Mi abdicación respecto al mal asunto de la vivienda se viene abajo. La campaña electoral ha hecho su aparición. Los disparos de la precampaña, ¿qué quiere decir precampaña?, obligan al público a resguardarse tras los tabiques. Catalunya está en llamas, como el Yang Tse fílmico.


Prometo solemnemente solo dos artículos más. Este, de cuerpo digital presente y uno posterior celebrando las ocurrencias electorales de algunos. Al respecto, y por mi propio respeto, advierto a los lectores de toda condición de sexo e hipoteca que no soy de los que creen que todos los políticos son iguales. Ni lo son los políticos, ni lo son las fuerzas políticas. Por eso hay que distinguir y seleccionar con atención lo que dicen y lo que algunos escriben.


Al respecto, hoy algunos líderes se han echado a la espalda el problema de la vivienda. Con ello me han provocado conscientemente. Tenemos en los periódicos de hoy distintas ofertas, unas las anoto de publicitarias por su gracejo conceptual, otras de programáticas por su reconocible realismo y prestancia, que no radicalidad. En este campo, no se si por fortuna o desventura, nadie es radical. Rectifico, nadie que cuente algo en política es radical. No quiero problemas con los okupas de mi barrio, formidables buenos vecinos y grácil contrapunto del decaimiento ideológico.


En primera página de esos periódicos alguno nos advierte que pagará la mitad del alquiler de la vivienda a los jóvenes. Otro nos ofrece vivienda pública abstracta. El siguiente multiplica por dos lo que se está haciendo. Solo uno confirma la línea gubernamental actual.


Oído cocina, en el govern de Catalunya se han sentado tres fuerzas políticas, todas ellas corresponsables por razón del cargo del conjunto de las propuestas y acciones sobre la vivienda.
Como ya he anticipado que el comentario sobre el jolgorio electoral lo haré posteriormente, me centro en lo que creo que toca: advertir al plácido lector digital de que el mundo se mueve y que debe procurar poner las patas de la silla bien afirmadas en el suelo.


Primera advertencia. El mercado financiero se encarece a ojos vistas. No se han disparado las alarmas, pero el tipo de interés de referencia hipotecaria sufre un agitón de cuidado. Resultado, los costes para el sufrido hipotecario suben con rapidez y el ajuste entre gastos e ingresos mensuales deriva en dificultades crecientes. Va a haber bronca en las viviendas, concretamente en el comedor y por la noche.


Segunda advertencia. El pueblo se cabrea. Es cada día más notorio que las victimas de la hipoteca se están dando cuenta que alguien les está tomando el pelo. Ya sabían que les tomaban los euros y conformados estaban, ahora se han hecho más conscientes de la cruda realidad y se volverán parcialmente inconformistas, como en el film italiano. Resultado, habrá exigencias electorales al efecto. La duda está en cuantas, pero haberlas las habrá. Las encuestas cantan y las manifestaciones, de momento ligeras de equipaje, también. A algunos políticos va a calentárseles la boca.


Tercera advertencia. Las positivas iniciativas gubernamentales han cogido carrerilla y empiezan a tomar cuerpo. La gente comienza a ser consciente de ello y se vuelve, claro está, más exigente. Resultado, la creencia en la fatalidad residencial se irá rápidamente al carajo. Si no es fatalidad lo que hay, es que hay un culpable o varios. Alerta, va a llegar una factura inesperada.


Cuarta advertencia. El mercado huele a quemado. Promotores, financieros, especuladores, empresas y notarios sienten la cercanía del ocaso. Unos años de permanente esplendor cromático y cremático no los han incapacitado para distinguir las variables de cambio. Las ven y reclaman garantías de futuro. Resultado, hay que tranquilizarles en bien de la patria, si los hipotecarios se retraen un nuevo gobierno puede pagar por ellos. ¿Fifty fifty en la factura?, ¿qué les parece?


Quinta advertencia. La situación está tan tensa que los que mientan o no digan la verdad las pasaran canutas. Ahora no se trata de poner parches, hay que tomar tila y actuar. Las medidas inmediatas no deben impedir las acciones a largo plazo. Son estas últimas las que ofrecen alternativas sólidas. Resultado, el mentiroso se verá a la legua. Su impedimenta táctica se llama subvención o ayuda individual.


Sexta advertencia. Ahora todo se debe medir. Las ofertas electorales ya no se sustentaran literariamente, por decirlo fino. El acompañamiento monetario y las acciones políticas bien definidas serán imprescindibles y valorables posteriormente en circunstancias lamentablemente, más duras. Las propuestas fiscales serán un buen indicador de credibilidad. Resultado, quien se lleve el gato del poder al agua deberá cumplir razonablemente lo ofrecido, a riesgo de bofetón de Gilda a Glenn Ford (q.e.d)


Séptima y última advertencia. Pronto aparecerá una sociología de la lumpe-vivienda y los ultra precios. Alquileres por horas. Turno de mañana, tarde y noche. Cama con baño, es decir, en el baño. Si hay baño. 15 metros por unidad familiar, independientemente de las unidades individuales de la familia. Todo por módicos precios: a 10 euros por persona, metro cuadrado y noche. Resultado, el coste financiero puede aguantarse, pero la degradación social y familiar no. Va a haber tortas.


* Lluis Casas es Concejal Honorario de Parapanda y Barman Honorífico de la Taberna Raíz Cuadrada de Menos Uno.

viernes, 15 de septiembre de 2006

¿QUÉ NUEVAS COSAS PODEMOS DECIR DE LA VIVIENDA?


Lluis Casas*

Las infraestructuras están de moda: debates entre el estatuto catalán y el tío Solbes sobre el porcentaje del PIB; los empresarios quieren más de todo, sea lo que sea, puesto que terminarán incorporándolo a sus cuentas de explotación. Si a alguien se le ocurre plantear una autopista a la Luna, seguro que tiene un gran interés y resulta imprescindible a poco que se hable de dinero.

Pero, ¿Qué entendemos hoy por infraestructuras?

Respuesta periodística: Entendemos que son inversiones que permiten el desarrollo económico, sin las cuales este se vería sensiblemente mermado. Esas inversiones pueden ser públicas, es lo más corriente, o privadas, muy de moda. Pero todas bajo un sistema de financiación que nunca a dejado de ser esencialmente público. Ejemplos háylos de todas las clases: autopista privada, concesión pública. Autopista pública-pública. Puertos y aeropuertos. Redes de comunicación y energía, etc.

Pues bien este entendimiento con el que deben estar de acuerdo, les comunico que es anticuado, por no real. Hoy el futuro depende más de la formación, en sentido universal, que de los caminos y puertos, sin despreciarlos específicamente. El acento en la obra dura constituye ya más que un error.

Esa idea, que apunto anticuada por no útil, se basa también en la consideración del proyecto constructivo y no avanza con lo que hoy es capital, y nunca mejor dicho, las redes. Aeropuerto, contrapunto red de aeropuertos. Zonas de centralidad, económica, logística, etc. contrapunto redes de centralidad. Campus universitario, contrapunto red de conocimientos. Etc. Etc.

Consecuencias hay muchas y algunas sorprendentes: la red es un país con menos impacto ambiental, con menos necesidad de cemento, más diversificado, más entrelazado, más equilibrado. Ustedes creen, si están al caso, que Barcelona/Catalunya tiene necesidad de otra pista en su aeropuerto principal o, tal vez, podría con una nueva lógica aprovechar su red de aeropuertos y ferrocarriles para gestionarlos como una sola oferta que cubriera todas las demandas posibles. Simplemente apunten: Desde Girona o Reus son veinte minutos al centro de Barcelona con la línea en construcción del AVE. Desde el aeropuerto del Prat una hora en taxi. Lo mismo digo respecto a los puertos y las mercancías. Dejo a la imaginación del lector la dimensión desconocida de la alta formación científica y técnica y de la investigación de todo nivel.

Otro más. Un país pequeño, Catalunya lo es y España pude serlo a poco que comparemos, puede resultar extraordinariamente cómodo en una red. En la red no hay distancias, pero en la realidad no digital estas son escasas, por lo que tenemos el mejor de los mundos: inmediatez digital y cercanía geográfica. ¿Por que no nos aprovechamos de ello? Piensen: mucha red, poco impacto; cercanía geográfica y ferrocarril y poco coche. Buenas condiciones de vida. ¿No les parece?
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*Lluis Casas es experto en infraestructuras. Recientemente ha sido galardonado con la distinción de Concejal Honorario del Ayuntamiento de Parapanda. Por otra parte hace dos semanas recibió el Premio “David Ricardo”. Aclaramos: no es que aquí seamos ricardianos, sino que en Parapanda nacieron los padres del afamado economista (judíos sefardíes) Abrahán Ricardo y Abigayl Del Valle.

jueves, 31 de agosto de 2006

EL FIN DE LA VIVIENDA Y DE LAS EMPRESAS INMOBILIARIAS



Lluis Casas i Carreteras


Otro cuento de ciencia ficción.

Deduzco después de las caliculares vacaciones que el asunto del ladrillo está acabado. Al menos así lo siento yo. Durante los desplazamientos veraniegos he afinado mi agudeza visual y lo que he visto no me ha gustado. Lo he contrastado con mis recuerdos acumulados y ha ido a peor. Lo he pasado por el lóbulo frontal y el resultado ha sido sobrecogedor. Mejor me voy al cine.

¿Qué voy a decirles que su experiencia no conozca? Busquen imágenes de la costa, de los pueblos y de las ciudades. Incluso desde una posición de máximo realismo económico y humildad humana, ¿no era posible, ya en democracia, un desarrollo urbano y turístico diferente? O un poco distinto, si quieren. No nos pongamos maximalistas, ni radicales libres. No contesten, por favor.

Después del anterior adiós al urbanismo me temo que tengo que comunicarles una mala noticia, tengo disposición para comentar otros aspectos de conocida solvencia constructiva: ¿Qué les parece, hablamos de infraestructuras públicas? Tal vez ahí haya alguna buena noticia social.

Empecemos. Tal vez les sonará que el gobierno de Catalunya ha aprobado un plan de infraestructuras de movilidad. Carreteras, ferrocarriles y cosas así.

El asunto es importante, primero por que ya es atrevimiento planificar cosa tan compleja, segundo que hay mucho dinero en danza y tercero que afecta a millones de personas y miles de millones de toneladas de mercancías. Creo que es un buen comienzo.

El debate se agrió ligeramente por motivos de coyuntura política. En política no vemos de momento otros motivos. Los dos partidos gobernantes discreparon del asunto, aunque finalmente se aprobó unilateralmente.

Que se debata i se agrie la coyuntura es lógico dado el asunto. No podía ser menos y no debía ser menos. Al margen de los codazos electorales, hay una causa noble. Un plan de infraestructuras es un gran plan, un enorme plan, que configura futuros de todo tipo y por ende costes y beneficios sociales que se transforman en costes y beneficios privados distribuidos de forma a-equitativa. Por lo que el papel de lo público está perfectamente legitimado.

Preguntas: ¿Dónde se instala la industria, el comercio, la vivienda, los centros logísticos, etc., etc.? Respuesta: de forma programada, de acuerdo con la planificación básica urbana y territorial, es decir transporte, agua y energía. Conclusión, si programamos el transporte, en términos de moda, la movilidad, estamos programando el 80% del desarrollo social.

En esas condiciones suele ser útil la prudencia, un cierto tiempo de maduración de los proyectos, el distanciamiento respecto a las urgencias más inmediatas y… una visión muy general de la cuestión, por ejemplo: de donde venimos y a donde vamos.

Hasta ahora no creo que haya producido ningún sarpullido mi comentario, aunque no está lejos de hacerlo. Sigo.

En tiempos no muy lejanos, la racionalidad planificadora se quedaría ahí. Hoy no es posible. Los costes ambientales, sociales y en términos de salud pública ya no lo permiten. ¿Qué hay de nuevo, viejo?

Normas decentes y costes excesivos. La contaminación atmosférica, los impactos naturales, los costes energéticos y un etcétera consecuente. Y leyes, es decir pactos entre caballeros, Kyoto y la salud. No es broma. En muchas áreas metropolitanas cercanas ya disponemos de costes a escala humana de la contaminación atmosférica, por ejemplo. Costes valorados en términos epidemiológicos y en defunciones. No son cifras pequeñas, casi como el tabaco (no se si me está permitido el decirlo) y además son cifras que incumplen la legislación.

Si la planificación de la movilidad comporta menor o mayor transporte público, más ferrocarril, menos plataformas automovilísticas son cuestiones importantes para el inmediato futuro. Si un país resuelve incrementar el porcentaje de transporte por ferrocarril es una decisión de alto valor planificador y de consecuencias ambientales favorables. Habrá menos resfriados, por así decirlo y muchísimas menos pulmonías.

Si me aceptan ustedes este segundo bloque de criterios estamos al cabo de la calle, como diría mi abuelo.
Ya solo queda el interés. Y no precisamente el tipo de interés, que está muy bajo, sino otro: el cemento, el beneficio por cercanía y el control social y político sobre el futuro.

No tiene sentido que el ferrocarril esté por debajo de los dos dígitos en porcentaje de carga, todo para el camión. No tiene sentido que el vehículo privado sea el eje de los desplazamientos por causa del trabajo y sin alternativa. No tiene sentido que Catalunya, como puro ejemplo, disponga de menos recorrido ferroviario ahora que hace 50 años. Si a la largo de los primeros 500 kilómetros desde la frontera está el complejo productivo más importante del mediterráneo, como podemos entender que haya una sola línea de ferrocarril en dirección a Europa y con ancho español.

No vale entonces decir, corre, corre que te pillo. Y proceder a lo clásico, una autopista, un desdoblamiento, un carril más. Hay que ir de una vez al fondo y hacerlo bien. Dos años más no importan. Si importa cambiar la trayectoria, sobre todo cuando te mueves. Hay que hacer política de transporte a largo plazo, cosa que puede comenzar en seguida. No lo duden y no se asusten por la inclusión del impacto ambiental en la planificación del transporte. Es nuevo y es bueno.

Lluis Casas i Carreteras

miércoles, 9 de agosto de 2006

EMPIEZA EL BAILE INMOBILIARIO




Lluis Casas


Después de cinco artículos altamente eficaces el gobierno responde. No es un eslogan al uso, podría llegar a ser verdad. Soñemos. Como Martin Luther King. Pero esperemos que con mejor suerte.

Aunque en plena canícula y tomándome en Parapanda, con permiso de la autoridad circulatoria, unos vinos con Ferino de Hizla, al que saludo efusivamente, no he podido resistir la tentación de insistir en mi obsesión.

Motivos no me faltan.

La campaña mediàtica a cargo de algunos medios de difusión coincide hoy con la noticia de que los españoles tenemos alarmadas a las administraciones europeas con nuestro juego sucio fiscal de raíz inmobiliaria. Tanto dinero negro a la vez molesta en Bruselas. Allí hay que cuidar las formas, todo hay que hacerlo poco a poco, sin que se note demasiado y con las mejores maneras aceptablemente posibles (fíjense en el matiz). Son partidarios de las buenas digestiones y no de los atracones. No se si será por su visión casi calvinista o por que no disfrutan de los beneficios alternativos al inusual mercado inmobiliario hispánico. Pero así son ellos y así son las cosas. Sea por lo que fuere, me alegro. Un rapapolvo a nuestra benedicta agencia tributaria es solemnemente merecido. Una estirada de orejas a los ministerios económicos suele despertar conciencias y almas dormidas. Lo más importante es que se avive el seso y despierte para cumplir lo que las leyes le exigen y la política económica demanda, expresión no por clásica menos descriptiva de lo necesario. Me abstengo de comentario respecto a los preclaros notarios, ilustres abogados y bienintencionadas inmobiliarias, citados también por el fiscal comunitario. Todos agentes voluntarios o no de los estropicios. Según el buen criterio europeo, no mío. Solo una precisión, los notarios son gente pública en el mejor de los sentidos y al servicio público se deben, no al servicio del público. Eso les toca a los artistas que tienen suerte.

La guinda del notición es conocer vía UE que el ejército público español para el control de los descontrolados inmobiliarios es de dos personas, creo que a tiempo completo. Es de suponer que tendrán al menos dos ordenadores y que estos están conectados a la red. Según tengo entendido, cobran cada mes. Nuestra historia está plagada de regimientos preparados para perder. Nuestra clarividencia consigue que, en general, se pierda. En el negocio de lo subterráneo así ha sido hasta ahora. Ya sabemos porqué.

En fin, que hay grandes noticias veraniegas. ¡Qué le vamos a hacer! Tumulto en nuestras playas.

No quería adentrarme en estos berenjenales todavía. El submundo económico es espectacular, pone de los nervios y genera grandes dosis de criminalidad. Pero su mayor peligro radica en que oculto como está, cuando aparece de sopetón esconde a su vez la realidad y garantiza su propia permanencia futura. A menos, todo hay que decirlo, que surja un nuevo Fernández Ordóñez (el lamentablemente fallecido, no el otro).

Pero un general español nunca elige tiempo y lugar. Palma donde le indican. Con dos coj… eso sí. Y ahí voy yo.

Sigo con la prensa. Aparecen algunos individuos que en menos que canta un gallo han pasado de las chapuzas constructoras a poseer media España. Los nombres y currículo son preciosos. Uno hay referido a la noble actividad pocera, solo como ejemplo. El resto tiene distintas cualidades por el estilo. Algunos saben hablar. Incluso, según me han asegurado, alguien les ha entendido en alguna ocasión. Todos tienen montones de dinero y extensas propiedades a punto de recalificar.
Nada se cita sobre su aplicación a la escribanía.

¿No les parece sospechoso? Marbella, la triple A inmobiliaria, los gansters de Chicago. Me suena a raro. No ha salido ningún banco, ningún conglomerado industrial, nadie conocido que no esté vinculado al fútbol. Todo el dinero que corre por las venas inmobiliarias parece que está en manos de gente oscura, simple, surgida de la nada y en dos días. Francamente, no me lo creo.

Agradezco al periodista el riesgo que ha corrido, riesgo ilustrado con fotos carcelarias incluidas, pero no me lo creo.

Matizo: no creo que la burbuja inmobiliaria (eso de burbuja es una forma elegante de referirse en realidad a un sutnami) sea solamente o principalmente un negocio situado en los límites sociales y legales. Hay otro mundo, mucho más grande detrás, esperando y acumulando. Se han fijado en los numerosos vehículos privados de más de 60.000 euros que circulan por nuestras calles. Hay tantos que ya se ha podido calibrar la dimensión en términos de déficit comercial. España fabrica vehículos baratos e importa los caros. Son signos. El lenguaje de los signos siempre ha sido muy importante. Para el fisco definitivo.

Una idea para acabar, tengo a la familia esperando bajo la sombrilla. El 30% de las rentas salariales se gastan en vivienda (creo que es más), un 20% más de lo razonable. Este 20% es una deducción neta a las rentas salariales y un incremento, no diré neto, hay comisiones, a las rentas de la propiedad, del negocio bancario, del consumo suntuoso y de la acumulación de capital.
Toma ya. Me ha dado demasiado el sol en la cabeza.

Lluis Casas sobreviviendo.

lunes, 31 de julio de 2006

¿QUEDA ALGO POR DECIR DE LA VIVIENDA?

Lluis Casas


Las series televisivas se basan en la insistencia. Su éxito está garantizado si consiguen audiencia suficiente al comienzo. A continuación las cosas funcionan por el mecanismo acumulativo e identificatorio. Los radioescuchas de antes de la TV sabrán muy bien de que hablo. Eran pequeños y el altavoz les llegaba justo a los oídos.

Los artículos sobre vivienda se basan en los mismos principios. Pero dudo que con el mismo éxito. Y como se acerca el período vacacional oficial doy por concluida la primera serie con el que sigue.

He comentado algunos aspectos fiscales y de gasto público que ofrecen líneas consistentes para una política de vivienda alternativa (tributaria e inmobiliaria) y posible. Hice un repaso al panorama desde el puente respecto a la febril actividad constructora y destructora que vive el país. También me referí al concepto económico y social de la vivienda. Todo un alarde enciclopédico y por lo tanto inútil. ¿Qué queda pues?


Creo que puedo adelantar algunas maravillas.


En primer lugar, observando el entusiasmo o la tolerancia discreta que el mundo local y regional está demostrando por los asuntos inmobiliarios, les diré que la honradez y honestidad nada tienen que ver en el asunto. Por mucho que los periódicos y los fiscales se empeñen. En todo caso, todo ello es solo consecuencia, útil o no, de estos procesos: la corrupción y otras lindezas son el adorno, no la sustancia. Veámoslo.


Las administraciones locales tienen dificultades enormes para barajar anualmente recursos suficientes para dar de comer a las infinitas necesidades de sus ciudadanos. El sistema financiero local es un trasto viejo y achacoso. Se alimenta de subvenciones del papá Estado y de tributos con un elevado porcentaje de cochambre. Tan es así que solo entre el 5 y 10 por ciento de los flujos fiscales que genera la actividad urbana van a parar a manos de los alcaldes. El resultado es obvio, si se abre la veda de la recalificación ahí hay unos ingresos extra que no son moco de pavo. La espiral empieza, pero no tiene donde aparcar. Parar o reducir la velocidad significa cerrar el grifo de los servicios ciudadanos. El miedo escénico hace su aparición entre los regidores y lo que era extraordinario debe convertirse en norma habitual. Aparece el crecimiento permanente del urbanismo, la adecuación del futuro a la obra. Todas las historias para no dormir surgen entonces: ¿Qué quieres?, ¿Cuánto quieres?, ¿Dónde lo quieres? Dinero, fiesta mayor, polideportivo, agasajos y fiestas, un líder tenemos. La pendiente está puesta y el deslizador engrasado. Un pueblo del que tengo conocimiento tiene la ambición de construir 4.000 viviendas con la inestimable colaboración del promotor de turno. Habitantes, doscientos censados. El futuro, si fuera cierto el cuento, doce mil. ¿De quien será el pueblo? Adivina adivinanza.


¿Deben los municipios depender tanto de la obra?, Yo creo que no, es decir, pienso y opino que no. La reforma de la financiación local es un objetivo político imprescindible para domeñar el urbanismo. Si no, continuemos con la música celestial.


Por otro lado, el munícipe que se encuentra sin dineros se da cuenta que posee competencias blindadas como el urbanismo. Nadie le va a toser y sus divisiones avanzan por esos singulares caminos sin casi oposición. Como una bild kreig alemana: algún movimiento ciudadano de mosca cojonera y algún técnico excesivamente escrupuloso y poco dado a mirar a su propio futuro. En fin, nada de que preocuparse. ¿Se imaginan lo mismo en otros campos vitales? Lo dudo. Yo no puedo.


Por un lado sin dinero, por otro con todo el poder del decreto. Que nadie se extrañe del resultado, ni de las derivadas adyacentes.

En segundo lugar y ascendiendo en el escalafón, tenemos las comunidades autónomas. Celosas propietarias de competencias de vigilancia urbanística y proveedoras de costosos servicios de cierto interés: carreteras, transporte, servicios a las personas, educación, sanidad, servicios sociales. Por no decir energía, teléfono y agua. Sobre todo agua. Otra clave del asunto. Reflexionemos.
Un incremento sustantivo del desarrollo urbano (política municipal en general) requiere la adopción de decisiones sobre servicios que son de competencia regional. El abastecimiento de agua por ejemplo. Somos tan poco mañosos con la planificación que nadie se da cuenta que a más residentes y más actividad lustrosa hace falta más agua. Y que el agua viene de trescientos kilómetros embutida en un tubo por el que no puede pasar más de la que ya pasa (que por otro lado, dada su ancianidad tiene poros en las orejas y pierde el 40%, un tubo prácticamente jubilado y tramitando la pensión). Nadie se percata que el embalse ha quedado canijo. Que la lluvia ya no llueve. Que la depuradora está hecha unos zorros. ¡Coño que no hay agua!

Es un simple despiste. Las autoridades están para resolverlo. Primero construimos, después nos quejamos y finalmente llega la cuba. Espléndido.

Por si alguien no se ha dado cuenta, la administración regional podía exigir la incorporación de los abastecimientos en el programa urbanístico. Incluso podía pedir que los promotores (que procurarán estar muy lejos cuando el tubo reviente) pagasen el coste de las inversiones. En el extremo y como ejemplo de lucidez y buen hacer podría llegar a impedir la aprobación de los planes por falta de condiciones básicas. ¿Han oído que alguna vez se haya producido el caso? Yo no, pero reconozco que puedo estar sordo y que soy tonto.

No busquen la solución en la prensa. No se entera de nada. Si hay un periodista avispado lo distraerán con un reportaje en exclusiva del último partido. Tampoco la motivación está en los flujos líquidos de debajo de la mesa, a través de los famoso billetes de 500 euros, aunque pueden producirse no son de importancia, ni explican el caso. Ojo, con tantos que dicen que hay, yo no he visto ninguno.


El problema es ejercer la autoridad democrática y dar la cara. Después está la inmensa maraña de intereses para que la máquina no pare: ¡mira por donde, por fin cambiaremos ese jodido tubo viejo!

Feliz agosto, nos veremos. No vayan a la playa, voy a estar yo.


jueves, 13 de julio de 2006

SIGUE EL CULEBRON DE LA VIVIENDA


Lluis
Casas


Los atentos lectores (o miradores) digitales no se deben sorprender ya de que la vivienda me preocupe. Tres pruebas tienen de ello. Confidencialmente les diré que creo que tenemos uno de los mayores agujeros negros de la democracia española. Con una fuerza gravitatoria superior al infinito. Los físicos sabrán apreciar el verdadero valor del comentario.

No insistiré, de momento, en aspectos fiscales, que he tratado con mucha frivolidad en dos ocasiones anteriores. Tiempo habrá de seguir por ese camino, curiosidades no han de faltar. Tampoco me lanzo en pos de otros perfiles financieros, término que edulcora (con falso azúcar) el brutal negocio inmobiliario. También en este aspecto algo habrá que decir y sobre todo contar. Es, sin duda alguna, el núcleo duro del asunto.

Me inclino hoy por hacer una reflexión más sociológica: ¿por qué esta ansia por ser propietario? Me temo que como en otros muchos problemas sociales, hay una cierta explicación desde una perspectiva de comportamiento social y psicológico. El hecho tiene su relevancia. Con la habitual socarronería empresarial, muchos interesados en mantener el estatus suyo se refieren a la opción patrimonial en la vivienda como algo elegido libremente y que genera beneficios inagotables al poseedor. Y lo elevan a categoría social, como una característica racial, ya saben la selección siempre perderá, pero correr, correrá mucho. No creo que sea cierto, ni como delicada aproximación.

Me explico.

La vinculación entre el derecho a la vivienda (el añadido digna me parece una estupidez descriptiva) y la propiedad no es directa. La vivienda es un bien social de longeva durabilidad. Por una vivienda pueden pasar secuencialmente diversas familias o equivalentes (hace unos decenios pasaban a la vez, el realquilado, ¿recuerdan?). Ojo al parche: me refiero a la vivienda, no al suelo sobre la que se asienta. El suelo no tiene coste de desgaste y es permanente, si alguien no lo estropea nuclearmente. Los contables lo explican formidablemente bien cuando restan el valor del suelo a la amortización de un edificio. Incluso el IRPF lo hace así, lo que ya es el colmo de la tecnología legitimadora. Ello determina que no sea necesaria la propiedad directa de la vivienda para vivir en ella, sino solo es exigible un derecho de uso por un tiempo generacional. Dejo al margen los problemas de derechos de uso hereditarios, solemnemente molestos. La conclusión es obvia, el alquiler público o privado es el que se adapta mejor a esa circunstancia. De hecho así ha sido, en el ámbito urbano, durante siglos. Esta circunstancia histórica se rompió en torno a los años 70/80 cuando la ambición por poseer la propia vivienda fue consolidándose entre las clases populares y medias. La vivienda es un bien costoso y con períodos de amortización largos, de hecho podríamos considerar que abarcaría diversas generaciones, pero hoy el coste por ese efecto propietario recae totalmente sobre una sola generación (o una parte de ella). El esfuerzo que significa es brutal. Imaginemos que el coste de inversión de una infraestructura recayera solamente sobre los consumidores que la utilizan en un período de tiempo reducido (el 20% del real, por ejemplo). El resultado seria la imposibilidad de asumirla. Un hospital no deben pagarlo exclusivamente los usuarios de los primeros 4 años, es una barbaridad, no podrían asumirlo.

Pues bien, así ha sido. La tendencia se ha ido reforzando a medida que la vivienda ha escaseado y el precio se ha incrementado: si una hipoteca sobre el precio total de la vivienda representa el mismo o menor esfuerzo financiero que el coste de un alquiler, ¿qué razón hay para no adquirirla? Además si el “mercado” anuncia la posibilidad de revenderla con un beneficio inimaginable en cualquier otro sector económico, la tentación es irresistible. De tal modo ha sido así que un porcentaje elevadísimo de la renta familiar se ha dedicado a la compra de la vivienda, en detrimento de otros consumos vitales ( o no vitales, cada uno es muy libre de decidirlo). Con el señuelo del ahorro la dinámica está desencadenada.

Esas circunstancias hacen que las familias o equivalentes asuman costes externos de importancia, las distancias entre vivienda y trabajo en términos temporales y económicos, por ejemplo. No es baladí, no lo crean. Hoy en día la movilidad obligada, de esta forma han bautizado el fenómeno los técnicos en transporte, es un porcentaje elevadísimo de la totalidad de desplazamientos en la región metropolitana de Barcelona, a título de ejemplo conocido y con datos. La exigencia de transporte público y privado, en vehículos, redes de ferrocarril y autopistas, se transforma en un coste social y privado (al final todo es privado) de dimensiones galácticas. Una parte significativa de ese coste se debe sumar al de la vivienda en propiedad que imposibilita por falta de flexibilidad la aproximación al lugar de trabajo. Ya ven que ni imagino que el trabajo pueda estar cerca de la vivienda, que es la cosa más humana y adecuada. Han conseguido girarnos el modo de pensar.

Bien, llegados aquí podemos concluir lo siguiente:

La propensión intensa a la propiedad es un producto de la quiebra del concepto de vivienda como un bien social de largo recorrido, de la desaparición de las políticas de vivienda reales (no me refiero a las subvenciones y otras zarandajas que terminan en manos del promotor. ¡Dios que nombre tan indigno!) Al abandono por parte de las administraciones y poderes públicos, me refiero a la estructura política y representativa (partidos, parlamentos, plenos municipales) de la tutela de un territorio básico para la vida social. A la desaparición del parque público de viviendas, etc. etc.

¿Ven por donde voy?