jueves, 30 de diciembre de 2010

BIUTIFUL



No voy a hacerles una crítica del film de Alejandro González Iñárritu, ni mucho menos. Simplemente recomendarles que, si no lo han visto, háganlo. Y, si lo hacen, agárrense bien los machos, puesto que el film no es para los flojillos de espíritu. Al margen, la simple contemplación del inmenso Javier Bardem ya vale la pena y los siete euros.


Estamos en la Barcelona de ahora en una aventura de descenso a los infiernos, tal que el Congo o el Perú de la semana pasada. La diferencia es la actualidad. La Barcelona de hoy, como muchos han advertido, tiene distintas caras: la del gran Woody Allen, una Barcelona satisfecha de haberse conocido y la que ahora el mejicano González Iñárritu nos muestra. Cierto que, como corresponde a un buen guión, hay acumulación de circunstancias que en la propia realidad no se dan en tan intensa conjunción. Pero es cine, no estrictamente realidad.


Me place ver ese descenso a los infiernos de una sociedad acomodada y me preocupa que sea de la mano de un mejicano y no de un autóctono. Me preocupa por el significado implícito de alejamiento de la dura realidad que nos rodea de los artistas y los intelectuales indígenas. ¿Dónde están…….? Que no dicen nada de nada.


Catalunya, lo he escrito de diferentes modos, es una sociedad muy cerrada, cercana a la mafia siciliana, pero sin sangre. Aunque, tal vez, sea al revés, la mafia siciliana es un derivado altamente agresivo del dominio catalán de la isla, ¿quién sabe?. De todos modos, nada se mueve en Catalunya sin que el poder real lo permita. Catalunya tiene una apariencia de liberalidad de vida que se rompe cuando se cruza la frontera ambigua de la crítica y, sobretodo, de saber la verdad. El asunto del fin del gobierno de izquierdas y el golpe contra Maragall del 2006 han de leerse desde esa perspectiva. Vean si no la siguiente lista, hecha a vuelapluma con el periódico delante:


Uno. La familia Carulla, Avecrem, sospechosa de manejos de fondos en paraísos fiscales. La familia Carulla fue elegida por el magma que manda en Catalunya para rehacer la moral del Palau. Un expolio burgués con connotaciones políticas de altos vuelos que terminará en nada por connivencia judicial y mediática. Más o menos como aquel escándalo de Banca Catalana.


Dos. Felipe González es nombrado por Gas Natural, una empresa catalana, miembro del consejo de administración con un sueldo o dietas de mucho más de 100.000 euros. Hay que aclarar que ese emolumento es por asistir a tres o cuatro reuniones federativas y por utilizar las zonas de influencia que un ex presidente del gobierno posee. Felipe González ya goza de una merecida pensión de presidente y probablemente otros emolumentos had hoc. Además, dice, es socialista y un defensor del ajuste duro sobre trabajadores y pensionistas. Un buen equilibrio ese del emolumento privado, más el público, más… y el ajuste para los otros. Síntomas que la presidencia de los gobiernos mata sensibilidades. O es que don Felipe González requiere ingresos extra para problemas familiares, si es así, nada que objetar, la familia es la familia. Eso debían pensar los de Gas Natural, para la familia todo lo que sea necesario.


Tres. Durante la manifestación del sábado y a la altura del Corte Ingles, frente a la perplejidad de los compradores navideños que no creían lo que veían sus ojos: unos miles de rojos pidiendo caña al gobierno, tres individuos echan cuentas sobre los ingresos de algunos. Sale el caso de Cataluña Caixa y de su ex presidente, otro socialista que quedó un escalón por debajo del anterior. Don Narcís Serra. La suma de dietas, sueldos, pensiones y otras circunstancias nos acerca peligrosamente al millón de euros. Reconocemos, un tanto asustados los contertulios manifestantes, que tal vez habremos exagerado algo, nos ponemos de acuerdo en cien millones de pesetas. Y, que se sepa, don Narcís no tiene descendencia que lo obligue.


Cuatro. En Cerdanyola, en un terreno de muchas hectáreas y de mal nombre Can Planas, se ha encontrado un inmenso vertedero de materiales más que dudosos. Por las fechas que la noticia indica, la cosa empezó antes del nunca bien alabado gobierno Pujol y duró y duró, tal que las pilas, hasta hace relativamente poco. Por lo visto, nadie se dio cuenta de nada, simplemente 60 camiones diarios con carga altamente contaminante visitaban el terreno y volvían más ligeros al lugar de origen. La casualidad indica que el nuevo gobierno convergente lo arreglará: pagará el ciudadano, no lo duden y no será probablemente con los dineros ingresados por el impuesto sobre las grandes herencias. La parte más curiosa de la noticia es que no se citan las empresas que depositaban cariñosamente su mierda en el terreno, ahorrándose sus buenos dineros, ni tampoco las empresas que se lucraron con el negocio del almacenamiento tumultuoso. Ni, obviamente los nombres de propietarios o directivos. Eso en catalunya no se hace. La Vanguardia dixit. Quien sabe, algún día alguien descubrirá carpetas con expedientes, pero, no lo duden, será dentro de muchos años y con las facturas pagadas.


Mientras esas cosas ocurren, el infierno que tenemos en casa sigue y se amplia. Si en Biutiful son chinos o subsaharianos, confabulados con nuestra aportación lumpen, hoy el infierno atraviesa el túnel de la Rovira y desciende lentamente por el Ensanche. La miseria se extiende incluso en territorio comanche.


Podemos hacer dos cosas, cerrar los ojos y cruzar los dedos o reducir el déficit. A ver si adivinan que se está haciendo. Efectivamente, cerrar los ojos, cruzar los dedos y reducir el déficit. Lo han acertado.



Lluis Casas, volviendo a casa por navidad.



lunes, 20 de diciembre de 2010

EL BIEN, ESE ESPÍRITU INEXISTENTE





No teman, no les hablaré de las elecciones catalanas, ni de los controladores aéreos. Dado que la vida diaria ya va llena a rebosar de multitud de perplejidades y falsas noticias o rumores interesados sobre esos casos o sobre la saga del Wikilíks, yo me acojo a otras preocupaciones. Hoy tengo la intención de llevarles al verdadero infierno. O al menos les indicaré el camino de la mano del eminente Don Mario Vargas Llosa.


Como bien nos advertía Valeri Grossman en la enorme “Vida y Destino” (novela con una precisa base histórica que en su momento fue debidamente recomendada por el que firma), el bien no existe, solo existe la bondad cuando los humanos damos por acometer actos buenos. Pero en sí, el bien, como objeto moral, no existe.


En su momento, ese enfoque de la conducta humana y de las múltiples filosofías políticas y revolucionarias, me dejó ciertamente perplejo. La frase puesta en boca de una especie de menchevique en animada conversación pregulag es repetida posteriormente en un campo de concentración por un interno soviético a las propuestas de un nazi recalcitrante en “Las Benévolas” de Jonathan Littell, publicada no hace mucho y, también, recomendada.


En ambos casos el horror es el motivo del comentario, los gulags o los campos de exterminio nazis son su entorno. Pero sirve para caracterizar una infinidad de hechos históricos o actuales, el colonialismo, el imperialismo, la inquisición y un lamentable etcétera que tenemos más cercano. La búsqueda del bien, como algo abstracto e independiente de la caracterización concreta de cada acto se traduce en su propia inexistencia. Solo queda para consuelo humano el acto bueno y solitario. Mario Vargas Llosa termina de remachar ese clavo infernal con el “Sueño del Celta” que, como ustedes saben, es de recientísima publicación y en plena coincidencia con el Nóbel de literatura.


Ya, Adam Hochschild en el año 2005 nos hizo leer el testimonio de la falta del bien en “El Fantasma del Rey Leopoldo”, verdadero anticipo y efecto desencadenante de la actual novela-biografía de Roger Casement, el que viajó dos veces al infierno de lo humano en el Congo de Leopoldo y en el Perú amazónico y que Vargas Llosa nos ofrece.


El descenso a los infiernos de Roger Casement, diplomático británico, irlandés sin saberlo, persona de hombría y buena voluntad terminó con su ejecución en la horca británica por espía alemán a mediados de la primera guerra mundial. Un espía que no lo es, puesto que lo que hace es servir a la Irlanda nacionalista en su búsqueda de la independencia de Gran Bretaña.


Los infiernos de Casement atañen al colonialismo en África, en el Congo propiedad personal del rey de Bélgica, Leopoldo, que consigue enormes riquezas por la explotación despiadada del territorio y del exterminio de la mitad de la población, dicen que más de 10 millones de congoleños. Todo ello bajo los eslóganes de la religión verdadera, de la civilización occidental y de cuantas monsergas quieran que ocultaban la verdadera misión y los verdaderos métodos. Y, todo ello, sin campos de exterminio, sin cámaras de gas, simplemente con el machete y en su caso el revólver o el hambre.


Leopoldo pone en marcha una empresa para acumular los máximos beneficios al coste más bajo posible y un sistema de imagen y comunicación para que envuelva el producto como algo benevolente. Todo ello ha estado dignamente reelaborado en las escuelas de negocio actuales, eso si, con menos sangre visible. Les ahorro los detalles de las tácticas y de las estrategias, simplemente les diré que el esclavismo fue (o es) más benévolo que la empresa industrial de Leopoldo.


Les recuerdo que el polaco ilustre de nombre Joseph Conrad escribió “El Corazón de las Tinieblas” en recuerdo maldito de aquellos días en que pilotaba para Leopoldo. Francis Ford Coppola utilizó esa novela del Congo para su descenso a los infiernos del Vietnam americano. La saga sigue, sigue la saga.

El hombre que lideró la destrucción del mito de Leopoldo, Roger Casement, se vio envuelto de nuevo en una aventura similar en el Perú amazónico. Aventura económica sin tapujos religiosos o morales, sin líder regio ya, pero encabezada por una empresa británica que utiliza métodos tan ortodoxos como los de Leopoldo: el terror al límite, la acción despiadada, la avaricia sin medida y la ocultación hábil de los métodos con unas víctimas parecidas. En África fueron los congoleños, en Perú los indios amazónicos. El nuevo infierno también es puesto al descubierto, como la primera vez. Todo ello suena a conocido, a repetido y a esperado. La diferencia es que el testimonio está elaborado con conciencia y con ciencia, de modo que no deja el más pequeño resquicio a la duda y a la esperanza.


Causa sorpresa que en la evolución del personaje, que sin Vargas Llosa sería absolutamente desconocido, derive hacia el nacionalismo irlandés y no hacia el socialismo o el comunismo. Recuerden que estamos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX y la aventura infernal dura veinte años. El momento nos lleva a enormes luchas de clases, a revoluciones proletarias, comunistas, anarquistas, etc. El marxismo está implantado en todo el mundo y produce por todas partes organizaciones sindicales, políticas, etc. con la mira a la liberalización del hombre. Pues bien, Sir Roger Casement no se siente atraído por nada de esto, su discurso es humanista exclusivamente, se mantiene por más de veinte años en un combate prácticamente personal sin plantear que el mal tal vez se hallé más allá de los culpables concretos. Su fin es que cese el exterminio, los malos tratos profundos y que se otorgue algún salario a las víctimas.


¿Cómo fue posible esa distancia entre Casement y los años más turbulentos de una época?


Finalmente la identificación con el futuro se queda en Irlanda y en el movimiento por la independencia, con la sublevación de Semana Santa, con la creación de la brigada irlandesa, con la aportación de armas para la guerra de liberación. El substrato social, económico que vivió en África y en el Perú no parece que tuviera ninguna relevancia.


En fin, después de tantos consejos de lectura, les insisto: lean a Vargas Llosa y a los demás, pero acuérdense de atarse los machos puesto que lo que leerían e imaginaran es el puro infierno humano.



Lluis Casas, por Navidad


miércoles, 1 de diciembre de 2010

UNA JORNADA PARTICULAR




Lo que les quiero contar es directamente ajeno a las elecciones propiamente dichas, aunque tenga mucho que ver con ellas y con una generación de personas muy concretas que han estado en el poder a diversos niveles y que por motivos de edad llegan en estas fechas a las diversas fases de la jubilación. Lo que sigue no es una crítica, como verán. En general afecta a personas que estimo.


El sábado asistí a los actos funerarios en honor de una vieja conocida, economista y compañera de trabajo en el ayuntamiento de Barcelona. Una persona querida y apreciada por muchos y excelente profesional. Fallecida prematuramente pero ya con una edad que la proyectaba más hacia el pasado. La triste ceremonia fue, desde mi punto de vista, una premonición del día siguiente (las elecciones) y se convirtió para mí en la representación de una especie de ceremonia funeraria colectiva de una generación. Les cuento.


Son profesionales, académicos, altos funcionarios, expertos en materias sociales, económicas, estadísticas y un largo etcétera.
La mayoría hijos del mayo del 68, del sindicato democrático, de l’Assemblea de Catalunya, en fin de los distintos niveles de la lucha anti franquista. En su mayor parte vivieron la clandestinidad y militaron en partidos o grupos de la oposición al franquismo. Todos comparten universidad, catalanidad y diversos niveles de socialismo. Fueron del PSUC y del anticipo del PSC (y de otros para ser justos), pasaron muchos de uno a otro. Se conocían, se casaron entre ellos y han vivido carreras profesionales y vitales cercanas y parecidas.


Si bien la mayoría no alcanzaron cargos de primera línea, en cambio eran llamados a protagonizar el gobierno técnico de la izquierda en Catalunya y a sentar las bases de una administración moderna, democrática y altamente cualificada, una vez alcanzadas las libertades. Pero no fue así.


La hegemonía política y social de CIU los alejó del gobierno de Catalunya y los recluyó bien en el Ayuntamiento, bien en los organismos metropolitanos, bien en la Diputación, bien en la universidad. O en una combinación de todos ellos. Su aliento llegó en algunos casos a Madrid, de la larga mano del Estado. Pero la mayoría quedó alejada definitivamente de lo que hubieran debido ser y nunca fueron. Los juegos Olímpicos y para unos pocos la presidencia de Maragall fueron su punto álgido y su último refugio. La administración de la Generalitat quedó en manos mucho menos adecuadas.


La destrucción del PSUC y su posterior refugio en el PSC o en sus aledaños ideológicos, organizativos o de gobierno no rebasó, en general, los niveles más discretos. Los hilos que movían la política ya habían pasado a otros grupos humanos. Se quedaron en niveles de segundo orden y cada vez más circunscritos al espacio puramente profesional o cultural. Son buenos economistas o historiadores. En algunos casos excelentes interventores o asesores estadísticos. Excelentes personas. Amigos para siempre.


Volviendo al acto de despedida, me sorprendió que la ceremonia consistiera en unos recuerdos puramente amistosos y enormemente domésticos. Ningún recuerdo de la juventud en lucha, ningún recuerdo de la larga infancia y adolescencia en el paraíso de Franco. Nada de política. El recuerdo borrado. Reset total.


La persona que despedíamos no era probablemente lo que en el argot más duro sería una luchadora, pero si estuvo en esa lucha y tenía sus experiencias y anécdotas que la marcaban y la definían un tanto. Si sus amigos más cercanos solo recordaron canciones y recetas, tal vez fuera porque ya no hablaban de lo que quisieron ser y no fueron.


Me pregunto que tipo de olvido es ese. No se trata de personas inconsecuentes o poco formadas. Al contrario, la mayoría corresponde a quien posee una amplia cultura y una fuerte componente cívica. La edad tampoco es excusa para ese olvido, ni el éxito en otros mundos terrenales, puesto que la inmensa mayoría ha permanecido en el tejido profesional en que inició su andadura o en sus cercanías. Pienso yo que la “normalidad democrática” vivida y, probablemente, la frustración intima por esa laguna curricular que les anticipaba al comienzo, son los elementos para explicar la deriva hacia el mundo personal y al círculo intimo.


Si bien ni por edad, ni por cercanía política nunca llegué a formar parte completamente de esa generación (aunque me acerco mucho, no crean), si he vivido con ellos mucho tiempo y ese día me invadió una enorme nostalgia.



Lluis Casas con el enemigo a las puertas, la vejez.

martes, 30 de noviembre de 2010

(DES)ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE CATALANA





Siguiendo con el símil cinematográfico del anterior comentario, les voy a describir un breve calendario de la caída de la izquierda catalana. Probablemente no estarán todos los hechos, pero confío en que si constaran los más importantes. El calendario juliano que les propongo conduce inevitablemente, visto a día de hoy, a una quiebra solemne de la izquierda, quiebra que el tiempo y el buen hacer comercial, productivo y contable esperables pueden borrar (en eso confío), pero que será dura de pelar y larga de digerir. En el calendario hay éxitos, abundantes éxitos que, tal vez, hubieran podido cambiar el final de la obra, pero que como no ha sido así, solo están como testimonio y aprendizaje histórico.


La primera fase es, ya, un capítulo antiguo de la historia política reciente. La izquierda ganadora conjunta de las primeras elecciones a la Generalitat (1980) no quiere, no puede, no le dejan alcanzar el gobierno y por ende dirigir los primeros pasos del país en la democracia. Hay ahí una quiebra de la historia normal de los conflictos que engendran democracia desde la dictadura o que engendran naciones, estados o pueblos: el gobierno corresponde en primera instancia a quien se la ha jugado, normalmente a la izquierda. Las excepciones que acuden a la mente tienen sólidas explicaciones foráneas, enormes presiones de grandísimos poderes. La izquierda, en este caso personalizada por uno de los partidos, renuncia al poder y lanza a la derecha liberal y catalanista a la hegemonía social. Eso duró 23 años, en la que la realización concreta de las cosas fue de todo menos brillante.


La segunda fase, de cronología menos clara, hace aparición con la paulatina toma del poder en el PSC de Pasqual Maragall. Necesitado este, incluso, de una breve emigración italiana. Por fin el PSC sabe lo que quiere y cuenta con quien está resuelto a ello. Maragall propone una cierta confluencia con las otras izquierdas, llegando incluso a acuerdos con ICV, en un momento de extrema debilidad de ésta.


El asunto se resuelve en el 2003. La izquierda gana colectivamente y se hace con el poder, creando en su opositor liberal y catalanista un sentimiento de que ha perdido sus propiedades familiares, que le han robado la cartera. CIU siempre actúa como si el país fuera de su exclusiva propiedad y la oposición que ejerce está marcada por ese sentimiento, evidentemente falso pero argumentalmente estructural.


Ahí, la izquierda lanza un desafío de fondo, propone un país más social, más equilibrado, propone lo que nunca la derecha liberal catalanista ha llegado ni a soñar, un nuevo Estatut y un pacto federal con España. El programa es rotundo y se cumple en un porcentaje elevadísimo, pero en el proceso los amigos de Madrid, débiles ideológicamente, tuercen el camino e insuflan la traición en el gobierno de izquierdas y en su entorno. La parte independentista reacciona de forma infantil y fuerza el final de la legislatura creando el caldo de cultivo de la campaña de la derecha: el ruido, etc. etc. El asunto, puramente parlamentario o electoral, se torna en ineficiencia radical por arte de birlibirloque de la prensa. Esta confunde confrontación entre alternativas con parálisis del país, confunde debate entre socios con inconsistencia gubernamental. Confunde democracia con ineficacia. Esa línea de oposición germinada el primer acuerdo de izquierdas tendrá un peso enorme en el imaginario que la presa y la oposición difunden. Se alzan con el triunfo mediático.


Se remata la jugada con la forzada desaparición de Maragall, aunque los resultados electorales refuerzan la opción rota y esta se rehace sin la consciencia del entorno creado desde Madrid y desde la prensa. La decepción de la derecha liberal es tal que se compromete al degüello. De ahí la absurda y desleal oposición parlamentaria y la inmensa campaña mediática en contra del govern.


El nuevo gobierno no se prepara para la lucha final, abandona el escenario encerrado con sus propios juguetes: equipamientos, infraestructuras, servicios sociales, aplicación del Estatut, nueva financiación, etc. Nada de ello hará mella en el eslogan, ruido del tripartito, y poco a poco el govern queda recluido al pie de página con sus realizaciones, cediendo la portada al ninguneo opositor.
La aparición de una crisis anunciada y infinitamente mal gestionada desde el gobierno federal hace mella en el partido del President que tiene que tragar una política neoliberal forzada sin más explicaciones. Más que pérdida electoral directa lo que eso provoca es desnudez del votante. Lo aleja del voto.


Y, por fin, la sentencia sobre el Estatut que frena los inmensos avances que este propone al eliminar una parte representativa de la conciencia catalana. El balance reflexivo es que el abuso del Constitucional deja un Estatut enormemente más lleno que el anterior, pero que la sensibilidad nacional ha quedado por los suelos. Tampoco ahí el govern acierta a recomponer el espacio y los socios se distancian sentimentalmente.


Finalmente las elecciones en un mar de crisis desbocada provocan el estallido final, dos socios renuncian a la acción de gobierno y por ende quedan desnudos. Si difícil es la defensa de lo hecho, difícil mediaticamente, que no realmente, resulta imposible rehacer un discurso en negativo. Un gobierno que puede presentar el acervo de realizaciones más extenso e importante de la historia democrática se hace el haraquiri.


El resto está por venir.


Lluis Casas en pleno delirio

UN LARGO ADIOS (Tras las elecciones catalanas)





Utilizo el título de un conocido (y excelente) film para tratar de explicar este último y complejo fin de semana (en catalán: cap de setmana, una contradicción con el hábito al trabajo de la gente del lugar, puesto que lingüísticamente en Catalunya empezamos la semana haciendo fiesta).


Unas elecciones son unas elecciones y al final de todo hay en la viña del señor. Sorpresas y constataciones, todo ello a la vez. Mi pronóstico era mucho más exagerado que el resultado final, por lo que mi sorpresa y mi constatación no coincidieron con la general impresión. Yo daba por hecha una mayoría absoluta del centro liberal. Está todo dicho. A partir de ahora infinidad de análisis y otras hierbas llenarán por unos días periódicos, medios digitales, etc. Fase inevitable del periodo post electoral. Pero la realidad social y política es muy compleja, de ahí los resultados sorprendentes en ocasiones y en otras difícilmente explicables y la de ahora tiene más recovecos que un mueble rococó.


Aquí en Catalunya, la izquierda ha entonado un largo adiós al poder a partir del segundo acuerdo de gobierno. Las causas son múltiples y muchas de ellas perfectamente evitables, una la falta de relato en el que enmarcar una acción de gobierno brillante en realizaciones. La comunicación entre gobierno y ciudadanía ha fallado, así como la comunicación, mucho más sutil, entre President y ciudadano concreto. El President no ha podido o no ha sabido romper esa barrera que su carácter establece con el otro. Y el otro espera de un President orientaciones, consejos, plan de ruta, reconocimientos y mil vínculos que el poder debe establecer con los de a pie o en coche.


La prensa, dentro de ese marco comunicativo, ha elevado a la enésima potencia los desacuerdos entre los socios del govern. Desacuerdos que a menudo no eran más que el proceso de síntesis de decisiones y en otras pocas distanciamientos de consideración. La prensa no recuerda la guerra civil entre Mas y Duran, ni los líos de faltas que Convergencia y Unió han tenido. Hicieron en su momento tanto ruido como el que ahora han atribuido al gobierno cesante.
El ruido no tiene por qué ser mala cosa, es reflejo de algo elemental, que las personas y las organizaciones tienen puntos de vista distintos y que se necesita debate y, a veces, un cierto ruido para alcanzar acuerdos. La falta de ruido es, para mi, mucho más preocupante. El silencio corresponde a la acción de los lobbistas, a las llamadas de las grandes empresas, a las indicaciones discretas de la banca.


El inmenso mapa de realizaciones de estos últimos siete años hace mucho para clarificar qué era ruido y qué era acción resuelta. Pero claro, eso a nadie del mundo de la comunicación le parece importante si en medio hay un rifirrafe que publicar.


El segundo factor para la pérdida de las elecciones ha sido la falta de reacción política al ambiente que se ha ido creando y eso, señores y señoras, el que suscribe no tiene explicación. Todos los líderes del gobierno saliente son duchos en elecciones y en caldos de cultivo. Su ignorancia o su inacción frente a lo que se estaba formando ha resultado incomprensible.


A partir de ahí, podría citar que si el Estatuto, que si la sentencia, que si la crisis. Y todo será verdad. Pero, para mi, los factores claves han sido los primeros, la incapacidad, la incomprensión frente al mundo de la comunicación en esta fase de evolución en la cual la verdad siempre brilla por su ausencia y lo publicado corresponde a lo que ha decidido el director o el propietario o lo que parece espectacular, aunque sea pura filfa política, social o económica.


Hay por ahí un video que circula por Internet en el que un HOMBRE expone su circunstancia vital, desahucio, paro, etc. Y explica con inmensa claridad como la prensa silencia su dolor, tal vez por que es ejemplo de lo que les ocurre a muchos o porque, tal vez, ha recibido consejos o aclaraciones del banco más próximo. Y no exagero.


En fin, los resultados cantan: Catalunya da unos pasos más que peligrosos hacia la derecha, hacia la extrema derecha, hacia el racismo, hacia el españolismo rancio y, tal vez, hacia una deriva verbal independentista que, todos ellos, resultan un cóctel explosivo.


La izquierda socialista entra de lleno en un terreno minado sin la más mínima protección, ni ruta. Y el socialismo verde aguanta perplejo cómo su compañero de viaje ha lanzado por la ventana el agua y el niño.


El futuro no existe, seis meses elecciones locales, después ocho meses, si aguanta, elecciones generales. En ambos casos, los resultados predecibles hoy dan pavor.



Lluis Casas, sin decir gran cosa lamentablemente

martes, 23 de noviembre de 2010

LLEGA EL FINAL DE LA CAMPAÑA ELECTORAL





Por motivos intensamente gripales y debido, también, al contencioso electoral, la semana pasada me auto prescribí una ausencia en este blog de referencia.


El primer motivo no requiere explicación, no así el segundo que aparentemente requiere más comentarios e incluso abluciones en todos los blogs del mundo. Pero ¡ay! El ánimo en esta campaña tan triste no es el que era y, viendo ayer el debate, aun me siento peor.


No crean que eso afecte al voto. ¡Qué va! El voto…, ni tocarlo. Soy apasionado partidario del eslogan que Joan Fuster, un eminente y malogrado valenciano que esgrimía frente a los dudosos: “Si no fas política, te la fan”. Por tanto siempre he votado y así seguiré fiel, hasta que la muerte nos separe.


Nunca he entendido la pereza inmensa de los ciudadanos frente al voto. Es una pereza ideológica, es una pereza ciudadana que los degrada y envilece. Algunos argumentan arteramente que la política no les interesa, que el mundo de los políticos no es para ellos, que los políticos no hacen nada, etc. etc.


Nada de lo que así dicen tiene más significado que la renuncia a ser ciudadano, a compartir derechos y obligaciones, de abandonar el ser elemento activo y consciente. Es una reacción infantil frente a la pereza primero a pensar y después a actuar.


No van a votar (exceptúo a los anarquistas) porque no quieren levantarse del sofá. Un sofá tan real como imaginario.


Los debates, los estudios en torno a esa huida de la política de una parte de la ciudadanía inciden en que los culpables, quien no vota, quien no expresa opinión, quien no se esfuerza por influir en el mundo, se sienten traicionados y por lo tanto abandonan el campo al enemigo. Pero son ellos, en realidad, los verdaderos culpables de que alguna política, algunos políticos los abandonen. Como no están en el terreno de juego, para qué tenerlos en cuenta.


De ese modo las derechas de todo signo conducen el mundo, con la abstención de una parte de la ciudadanía que si votara lo haría a la izquierda. Esta tiene votos inconstantes, la derecha intereses permanentes y fondos disponibles.


Consideren, pues, esto un alegato hacia el voto. El voto es la expresión de un ciudadano, incluso cuando este debe hacer un esfuerzo y votar no a quien le reconforta totalmente, pues este no existe nunca, sino a quien se le aproxima o a quien es honesto, o a quien tiene en cuenta a la mayoría y no a las constructoras de derribos. En Catalunya tenemos la enorme ventaja que las opciones de voto son diversas, el abanico electoral es flexible y permite situarse con mayor comodidad que en el entorno inmediato.


Esto va por los ciudadanos, por los sindicatos, por las entidades preocupadas por el planeta, por las que son conscientes de la pobreza y por un larguisimo etcétera.



Lluis Casas en campaña

viernes, 19 de noviembre de 2010

CEREBRO DE COCODRILO




Mientras nuestro ilustre editor marcha al sur en busca de motivos vivenciales, cosa que enardecidamente envidiamos, los que quedamos en casa asistimos a lamentables acontecimientos sociales que nos retrotraen a decenios, o incluso a siglos, pasados.


Una catedral en pleno siglo XXI merece como mínimo una licencia de obras otorgada por el excelentísimo ayuntamiento de la localidad. Es lo mínimo para unas obras que duran más de un siglo y que esperan permanecer en activo otros treinta años. Treinta años necesarios para desalojar de sus hogares a cientos de familias que ocupan legalmente su vivienda pero que molestan el desarrollo catedralicio. Ni los faraones hacían lo mismo. Pero, claro está. ellos creían en el sol. En fin, prueben ustedes a hacerse por la cara un chalet en la Plaza Catalunya y verán que les dice la guardia urbana.


Desde hace unas semanas, el diario Público ha tenido una excelente ocurrencia, la publicación en DVD de una serie mítica de los años ochenta, Cosmos, del eminente científico y divulgador Carl Sagan, prematuramente fallecido.


Todo y el tiempo pasado, el contenido y en muy buena parte el continente de la serie son perfectamente actuales y con mucho futuro a la vista de la invariable opinión de la iglesia en tantos temas de completo contenido científico o técnico. De todos es sabido que la iglesia (ojo no los creyentes racionales) llega siempre tarde a la evolución y cuando llega lo hace a caballo de cadáveres de quienes anticiparon la circulación de la sangre, de la centralidad solar, de la genética, de la evolución y del condón.


Si tienen la oportunidad para verla de nuevo o de verla simplemente porque no la vieron en su momento, háganlo. Su espíritu humano se lo agradecerá y mejorará su entendimiento de las cosas. Incluso de los milagros.


El título de la obra, Cosmos, parece apuntar a más allá de las estrellas. Eso es solo parcialmente cierto, trata de la creación del universo, de la evolución, de la historia, de la política desde la perspectiva de la ciencia y del método científico. Las estrellas están muy presentes, como hacedoras que son de la química y de los componentes materiales, pero el discurso de fondo atañe tanto a las estrellas como a la humanidad.


En uno de los capítulos, Carl Sagan explica la evolución del cerebro humano y detalla las fases del desarrollo cerebral a medida que la evolución se auto impulsa hacia lo humano. Como de una parte fundamental trata el núcleo cerebral, coincidente con el cerebro del cocodrilo, situado muy en el interior, es decir, muy al inicio del cerebro actual. Hay en nosotros, pues, un núcleo fundacional que proviene directamente del cocodrilo o de la especie de reptil que hace muchos millones de años nos precedió. Ese núcleo fundamental es el responsable de una parte de nuestras actitudes, principalmente las relacionadas con la agresión, el miedo y otros factores atávicos iniciáticos.


A medida que la evolución actúa, el cerebro original se recubre de nuevas capas que proporcionan la base evolutiva de lo humano, hasta llegar al conocimiento, a la imaginación, al amor, a la solidaridad y a todas aquellas virtudes que certifican la humanidad como la música y las matemáticas.


Esto, harto conocido, es una reflexión que debería permanecer en actitud de vigilia permanente en nosotros, puesto que en innumerables ocasiones el cocodrilo que llevamos dentro aflora con toda su fuerza. Lo humano que lo envuelve se encarga casi siempre de reelaborar la respuesta y situarla lejos de la selva o del río y acercarla a lo que ya somos. Casi siempre.


De hecho, se da el curioso fenómeno que en muchos humanos individuales y en grupos de ellos, prima el cocodrilo sobre el simio o sobre lo directamente humano. La agresión, la ambición sobre toda medida, etc. son sus guías conductuales. Es la norma diaria y permanente de los banqueros que nos han lanzado a la crisis y que ahora se permiten el lujo de cobrar por ello. Y no solamente de ellos.


En el mundo de la política, el cocodrilo actúa con tanta desfachatez como se pueda. Ahí tienen al cocodrilo del PP de Badalona para no ir mucho más lejos. Sabido es que el cocodrilo no siente ni lástima ni perdón. Solo presiente victimas y carnaza. Actitud muy en boga entre las tropas que se niega su propia humanidad. No solo en el PP los cocodrilos hacen furor. En CIU mismamente, la carnaza gubernamental está provocando verdaderas crisis nerviosas. A la vista del alimento gubernamental nada frena las mentiras, ni los engaños.


Les recomiendo leer la presa y atender al televisor a la luz de ese comportamiento surgido de nosotros mismos cuando éramos cocodrilos. Es interesante y divertido. Ninguna de las dos actitudes, lo interesante y lo divertido, alcanza al saber del cocodrilo. No se fíen.


Lluis Casas zoólogo