Sin duda las palabras tienen una fuerza desconocida y considerable en cuanto se hallan en el lugar adecuado y en el momento preciso.Recuerden aquellas de: Llibertat, amnistia i estatut d’autonomia, que definieron el fin de un régimen. Así ha pasado ahora, tanto con la versión castellana, como con la catalana del término RECORTE/RETALLADA, que en poco tiempo se han hecho dueñas de los artículos, de las reflexiones, de los debates y del comentario de café. Indudablemente son las figuras emblemáticas de la pancarta y del grito de protesta: “Prou retallades”. Están presentes en aulas y quirófanos, se hallan entre actores y pintores, pasean su figura entre los expectantes pensionistas y entre los castigados parados. Serán probablemente unas palabras que definirán un período histórico. Dentro de unos años los historiadores hablaran del período de los recortes o de les retallades. Esperemos que podamos verlo desde un sofá y cobrando la pensión pública y, si es el caso afortunado, la privada, también.Todo ha ocurrido cuando un gobierno (por decirlo bondadosamente) poco reflexivo puso el concepto como eje programático de su actuación. CIU se inventó el término bajo el que ha de sufrir intensamente toda la legislatura. Poco después, se dio cuenta que había inventado el eslogan en su contra e intentó variar proponiendo un término alternativo estalvis/ahorros de una significación muy distinta y de carácter muy catalán. Pero como no certificaba la realidad no tuvo éxito, evidentemente.Espero pacientemente las explicaciones freudianas sobre el asunto: ¿Como se pasa en dos días de la propuesta del cambio a mejor a la exigencia del recorte? Puede que los lingüistas también nos informen sobre si esos términos tienen algún oscuro significado antropológico. Tal vez sea así.Imaginen pues, a un capitán de barco, en su viaje inaugural gritando: tripulación a bordo, para seguidamente, licenciar a la mitad para ahorrar costes y advertir que no pagará la estancia en puerto. Colocado frente al timón paterno se da cuenta que ya no cuenta con el piloto de la embarcación, licenciado entre muchos otros, y esta se pone a la deriva. Ya no hay capitanes de barco como el gran William Bligh que navegó diez mil millas en un bote con simplemente el reloj y el mapa en la cabeza y dejó al pobre Marlon Brando recluido en una isla perdida con la Bounty quemada y hundida. Bligh se salvó porque pensó y actuó en positivo, poniendo toda la carne en el asador.Es posible que exista una cierta táctica oculta en eso del recorte (yo prefiero retallada, su fonética es más explicita), puesto que CIU se lanzó a propuestas que sólo en una pequeña parte se han materializado. Aunque han producido mucho ruido y han alertado convenientemente a sus víctimas. La parte del león del recorte está por llegar, ya veremos si hay atrevimiento o no. Lo del día 22 podría ser decisivo.Pero aparte del programa de recorte, hay una circunstancia de gran importancia que pasa desapercibida a casi todos. Es muy simple, estamos a mes de Mayo y por lo tanto ha pasado exactamente el 41% del ejercicio presupuestario con un presupuesto prorrogado y ajustado a cifras en torno del 30%. El nuevo presupuesto es presumible que esté en el Parlamento poco después del 22, con las modificaciones que el resultado electoral (sobre todo el de la capital Barcelona) exija. Lo que nos anuncia que solo a finales de Junio puede haber licencia para gastar. Añado que, de acuerdo a leyes y normas, el periodo de tramitación del gasto consecuente puede llevar más de tres meses si no es muy complicado y más de seis si lo es. Con lo que tendremos una ejecución del nuevo presupuesto más bien raquítica, puede ser del orden del 80% si todo va bien.Esto quiere decir que el recorte, o al menos una buena parte de él, ya está hecho sin anuncios, ni debates. En cifras del mes de Abril la ejecución se situaba en el 28% y el pago en el 21%. Lo que significa que no hay prácticamente nada en curso en los departamentos del Govern, puesto que la disposición debería ser mucho mayor que el porcentaje temporal en razón a los periodos de trámite. Lo que se ha movido está prácticamente pagado, piensen en las nóminas, consumos, alquileres y unas cuantas cosas más y estarán al cabo de la calle.El Govern se ha pasado cinco meses esperando. Un repaso a departamentos y conceptos tiende a reforzar esa imagen. La inversión ejecutada está en buena parte pagada, lo que nos dice que se trata de otra cosa que no sea proyectos de cierta envergadura. Y así todo. No les canso, puesto que la información está disponible en la Web de la Generalitat, si quieren pueden confirmarlo.Si esto es así, tal vez el debate del recorte sea artificial de aquí a muy poco. Presumo también que van a saltar chispas en poco tiempo, una vez las exigencias de la realidad no tengan expediente de gasto en el que colocarse. O eso, o va haber muchas facturas corriendo clandestinamente por los cajones.En fin, en términos macroeconómicos y al parecer del Keynesianismo nuevo o viejo, el presupuesto real del 2011 es contractivo de cojones, aún sin el recorte anunciado. Eso se traduce en menor actividad económica (en sectores clave) en más paro y en menos ingresos fiscales y un corolario de, tal vez, mayor déficit público. Todo un acierto estratégico que debemos al insigne capitán sin piloto.Lluis Casas, simplemente ecónomo.PostscriptumPermítanme que les cuente a modo de relatos cortos mi interpretación de este fin de semana, en el que se han desarrollado diversos hechos que rozan el acontecimiento.Empezaré con lo más vistoso, la manifestación del sábado contra los recortes sociales. Coincido con ello con lo dicho aquí por el de Parapanda. Protesta que apunta tanto a las decisiones que se toman en Catalunya por el nuevo gobierno de CIU, como a las que se toman en Madrid por el gobierno federal, respaldadas, hay que recordarlo, por el grupo parlamentario de CIU. No pueden alegar ni ignorancia, ni participación activa.La dimensión de la protesta, viendo la actitud de los manifestantes, su composición sociológica y organizativa, los eslóganes y pancartas, así como el volumen de participantes, hacen que lo del sábado tenga una gran importancia política que nadie debería desconsiderar. Cuando digo nadie me refiero, sobre todo, a los gobiernos acusados de ir contra los intereses básicos de la ciudadanía democrática, como a los oscuros poderes que están detrás del modelo de “salida” de la crisis. También debe de ser motivo de reflexión y de acción consecuente para los partidos de izquierda y para los sindicatos. Por una vez en estos últimos tiempos han dado en el clavo. Así deben seguir.En primer lugar de la valoración, siempre que sale a la calle una manifestación popular, está la guerra de cifras sobre el número de personas asistentes. Bien, a un servidor, que maneja decentemente la tabla de multiplicar, le salen más de 80.000 asistentes, como también afirma nuestro honrado jefe de blog.Un servidor se recorrió la “mani” al revés, desde la llegada a la salida y contó algo más de dos kilómetros de recorrido. Con una anchura callejera de unos 40 metros en promedio, sale fácilmente una superficie de 80.000 metros cuadrados ocupados. Desde Plaza Catalunya al Parc de la Ciutadella. El paso siguiente, como ven, es casi innecesario. Multipliquen ustedes esos metros cuadrados por la densidad de personas. Quedándonos a un simple 1 por metro cuadrado, cifra moderada donde las haya, estaremos en esos 80.000 participantes. Lo demás es simple producto de la ignorancia respecto al concepto de superficie (son solo dos dimensiones, pero a algunos les cuesta comprenderlas) o de intereses ya sabidos.La cifra exacta carece de importancia, debatir el número es desviar la atención de lo esencial. Fue obvio que la asistencia cumplía sobradamente con la necesidad de hacer evidente el descontento con lo que nos están haciendo tragar a muchos niveles y de muchas formas. Fue una manifestación que si hay en algún lugar gubernamental una cierta inteligencia y un mucho de no hacer tanto caso a los intereses de la minoría poderosa en dinero, ha de llevar a cambios de táctica y de estrategia.El segundo acontecimiento del fin de semana lo constituyen las reacciones posteriores a la manifestación a cargo de ínclitos elementos de CIU, son la segunda parte de la jornada en importancia. Tanto el President Mas, como ese comisionista de autopistas privadas que es Duran Lleida, iniciaron la contraofensiva desconsiderando al personal asistente el sábado y a sus razones.Ellos, el gobierno de CIU, han dicho, que solamente responden a lo que es verdaderamente importante, la mayoría silenciosa. Concepto fluctuante y antidemocrático donde los haya. Uno que tiene ya una edad, recuerda perfectamente que ese eslogan, con semejantes palabras u otras parecidas, era el eslogan justificativo del franquismo, cuando en la calle, en las fábricas o en los barrios se alzaba la voz. Un recuerdo histórico que no hay que echar en el olvido.Sin querer comparar, el considerarse el gobierno de la mayoría silenciosa es un lujo que ahora mismo está dando muchos quebraderos de cabeza a las élites de Egipto, Túnez, Siria y un etcétera más que amplio.Los movimientos de masas democráticos que promovieron lo del sábado, en una confluencia de organizaciones, asociaciones, profesionales, sindicatos, partidos, etc. a las medidas gubernamentales impopulares e injustas, requieren un respeto por su peso no solo cuantitativo, sino cualitativo Por ello, la respuesta del President queda a un nivel impensable. CIU no tiene mayoría absoluta, CIU no ganó las elecciones con un programa de recorte social. Incluso sectores afines tradicionalmente a sus posturas, como en la sanidad pública por ejemplo, se han levantado en contra de su forma de hacer y de sus propuestas. Dos cosas, forma de hacer y propuestas, incluso contra el oportunismo terrible de intentar esconderlas en espera de lo del día 22, una vez vieron que grandes sectores sociales se movilizaban.Haría bien el President en reflexionar sobre el verdadero significado democrático de la Presidencia de un gobierno. Sus palabras han dejado al descubierto a un rey desnudo de verdadero liderazgo democrático. Con su: a mi solo me importa el que se queda en casa y calla, nos ha dejado absolutamente claro que no merece estar donde los votos lo han puesto. Su verdadera dimensión partidista, ideológica en el peor sentido de la palabra, incluso provocativa en momentos en que el país no está para malas palabras, ejemplarizan su distancia respecto al sentido real de la Presidencia de la Generalitat.CIU está perpleja, de ahí esta reacción tan poco reflexiva y tan inconveniente. No entiende que la salida de la crisis, tal como se la plantea (y como se la ha planteado el gobierno federal) no hará más que encender fuegos difíciles de apagar, sin conseguir generar el crecimiento del empleo que los ciudadanos perciben, como los economistas sensatos, como el eje del éxito. CIU, como he dicho antes, es coparticipe activo del modelo que propone y aplica el gobierno federal. Tal vez su ideología, no permitió a CIU entender que lo que aprobaba en Madrid tendría que aplicarlo en Catalunya, apuntando a los elementos esenciales del estado de bienestar, en manos gerenciales de las CCAA.El recorte social, cada día está más claro para muchos, es una reacción ideológica falta de base que tiende a romper el pacto social básico en una democracia: todos asumen costes y ganancias de una manera racional y proporcional. Y esto no se está haciendo así. CIU ha despreciado la capacidad de entendimiento de los ciudadanos con su insistencia en rebajar los impuestos a los ricos, cuando el país está necesitado de esos ingresos. Solo eso ya cuestiona en profundidad sus intenciones. Es una operación excesivamente arriesgada: recortar los beneficios sociales a la mayoría de la población e insistir en recortar la aportación fiscal de los altos ingresos. Simplemente es una provocación de tan poco disimulo que resulta incomprensible en un bipartido de tan larga experiencia. Si se fijan, el gobierno federal, si bien no ha aumentado la fiscalidad a los ricos, tampoco ha hecho en estos momentos acción alguna para rebajarla. Detalle que se le ha escapado a CIU en su ambición por recuperar la Generalitat.El tercer acontecimiento, poco reflexionado en la inmediatez, han sido las manifestaciones más radicales que reclaman una democracia verdadera. Estas planteadas como una estrategia más general y con un más que razonable éxito en diversas ciudades.Estas tampoco han sido poca cosa y merecen, como la más masiva del sábado por la mañana, atención y reflexión. La confluencia de las dos dinámicas, la más reformista y la más radical (radical, pero dentro del orden democrático) tendría que llegar, aunque hoy por hoy no me parece mal su acción paralela. En realidad ambas se apoyan sobre la misma base y en los mismos motivos. Una insiste en la vía política más tradicional, partidos y movimientos. La otra se desliza hacia una cierta negación de la acción política y organizativa más tradicional, sin propuesta alternativa, de momento, orgánica y política. Ambas son compresibles y lógicas en estas circunstancias. Sería bueno, de todas maneras, que la más masiva no perdiera de vista a la más alternativa.Y, termino, poniendo el acento en esa detención del director gerente del FMI en Nueva York. No pongo en duda nada, simplemente me pregunto cómo es posible que se den esas “casualidades” que niegan la más elemental estadística. El futuro presidente de Francia, de izquierdas, que es a la vez el transformador de la tradicional política neoliberal del FMI, lo pillan con las manos en el pandero…Hay unos intereses sueltos por ahí que se están frotando las manos.Lluis Casas circunspecto
miércoles, 18 de mayo de 2011
LAS DESVENTURAS DE ANALÍA
Lo que les explico a continuación es el reflejo de la dura realidad que produce la necesidad de cuidar de nuestros ancianos en un contexto de escasa ayuda pública (a pesar del lento avance provisional de la ley de dependencia), las enormes necesidades de sobrevivencia que impulsan a la emigración y la dureza de la falta de papeles. También es una crónica de las debilidades humanas y su coste personal y social y, en definitiva, de la brutalidad con que en ocasiones hemos de actuar en la vida, aunque nos duela en lo más profundo.
El relato inmigratorio del PP y de los fascistas catalanes, además de basarse en mentiras y en la necesidad de utilizar un falso culpable externo para nuestras miserias, elimina el relato real de las vidas que se lanzan a una aventura ciertamente compleja y de resultados dudosos. Tampoco asume que la emigración ha sido para los pobres de este país una solución de vida durante siglos y aun hoy, de forma súbita, vuelve a plantearse como vía alternativa para nuestros jóvenes (en esta ocasión formados y muy bien formados) que no esperan la suerte laboral de un contracto que merezca tal nombre en su propio país. Para el PP y para los fascistas catalanes todo lo vinculado a la inmigración es de trazo grueso y eminentemente brutal. Ajenos, como son, a la humanidad.
Analía, nombre figurado para una persona real, es una inmigrante de 26 años, procedente de la dulce cintura de América (no entiendo aún cómo Pablo Neruda se tomó esa licencia poética para adjetivar un territorio de una dureza social extrema, tal vez se refería a la naturaleza y al carácter de sus habitantes, con ello lo excuso).
Analía es madre de tres hijos y la vida en su país era imposible. Se embarcó en la aventura española siguiendo el alud de noticias de otros compatriotas que, le decían, habían encontrado, si no El Dorado que los españoles buscaron en América, sí una forma de vida que permitía esperanzas. Esperanzas aquí, en España instalados definitivamente. O allí, de vuelta, con ahorros para empezar de nuevo con mejores perspectivas. Un pequeño negocio, una casa nueva motivan la vuelta y sus riesgos, junto con el reencuentro con los suyos.
Analía llegó ya en mal momento. Con la crisis española campando por el sector inmobiliario y afectando de forma intensa a la ocupación de los indígenas y de los llegados recientemente. Su destino, que ella ya intuía, era un trabajo clandestino por falta de papeles en regla en el ámbito doméstico. Cuidar ancianos, niños, o los trabajos domésticos vinculados a una familia de aquí. Lo que presuntamente ganaría sería el triple o el cuádruple de lo que dispondría en su país, en caso de tener trabajo. Así pues, su disposición era acumular recursos y volver con sus hijos. Analía necesitaba acreditar tres años de clandestinidad en nuestro país para su regularización y para el paso definitivo, un contrato de trabajo. Este, sin lo primero es cosa imposible.
¿Cómo ha de ser la vida allá en las Américas para lanzarse a esa aventura tan arriesgada? El abandono de los hijos ya es incomprensible para nosotros. ¿Cómo es posible dejar a tres niños y cruzar el Atlántico hacia un destino poco concreto? Pues bien, es posible porque la vida (o la simple sobrevivencia) lo exige y Analía sacrificó su maternidad por un cierto futuro que solo intuye.
La estancia en España no es cómoda para un extranjero pobre, no solo por la necesidad de buscar un trabajo cada día más escaso, sino por las condiciones de vida que el inmigrante debe asumir hasta la llegada de algún ingreso o cierto acomodo al lugar. Hacinamiento en pisos patera, falta de dinero, soledad abundante, lejanía cultural con el entorno, miedo al fracaso. La sola mención de esta pequeña lista nos alarma y deprime. ¿Seríamos acaso nosotros capaces de esa valentía?
Analía fue de trabajo en trabajo buscando una estabilidad que le permitiera satisfacer sus objetivos, enviar dinero a los suyos y encontrar un entorno doméstico familiar decente. Pero el tiempo fue pasando y su vida seguía a salto de mata.
Como sucede a menudo la suerte le llegó por fin casualmente y consiguió ser cuidadora de una anciana. La familia era compresiva con su situación y el trato resultó francamente familiar. La retribución incluso era mejor de lo imaginado. Trabajo, casa, comida, incluso un ordenador para comunicarse y entretenerse. Tenia un día libre y tiempo de descanso diario. Además el compromiso de un contrato en cuanto pudiera ser posible también estaba incluido. El futuro se despejó y la tranquilidad de espíritu, dentro de lo que cabe en su situación volvió. De hecho podía ahorrar prácticamente la totalidad de la retribución, no tenía gastos que asumir, excepto algún capricho o alguna necesidad elemental y el teléfono para traspasar el océano a menudo.
Pues bien, ahí la vida y las debilidades que todos tenemos jugarían un papel en su contra. El inmigrante no debe tener debilidades o de tenerlas las ha de llevar con inteligencia que resulta imposible en la práctica. Analía tenía debilidades. Es joven, necesitada de todo lo que los jóvenes desean, diversión, compañía, amor. Incluso alguna locura y algún exceso. Los jóvenes a veces se pasan. Está en su naturaleza.
Analía, por motivos que desconozco, pero que imagino, empezó a cambiar. Dejó de atender adecuadamente su trabajo, empezó a hacer salidas nocturnas furtivas, abandonando a la anciana durante horas, volvió en alguna ocasión en un lamentable estado etílico e incluso fue vista facilitando el acceso a algún individuo masculino al domicilio de la anciana y suyo propio. Finalmente fue detenida por la policía en una redada en una plaza en donde por las noches los jóvenes hacen lo que ya sabemos. Falta de papeles, fue conducida a comisaría. La anciana pasó toda la noche sola y Analía se enfrenta a la expulsión.
La familia, enseguida supo de esas idas y venidas. Ya se sabe, una escalera de vecinos no es precisamente un centro de discreción. La familia de acogida tampoco es precisamente de moral tradicional y entendía perfectamente lo que a Analía le pedía su juventud. Decidió ser tolerante y dar posibilidades de recuperar la confianza. Se habló, se comprendió y se dio un margen para la vuelta a cumplir adecuadamente con el trabajo.
No pudo ser, la fuerza que impelía a Analía a seguir con esa doble vida era superior a su comprensión de la situación. La familia de acogida no tuvo más remedio que el despido y su substitución. Cosa que no fue fácil para ellos porque todos entendieron en que situación quedaba Analía. Esa familia sintió, como Analía, la dureza de una vida arrancada de su origen y en plena soledad.
Así son las cosas. Al más puro estilo neorrealista de postguerra.
Lluis Casas
17/5/2011
El relato inmigratorio del PP y de los fascistas catalanes, además de basarse en mentiras y en la necesidad de utilizar un falso culpable externo para nuestras miserias, elimina el relato real de las vidas que se lanzan a una aventura ciertamente compleja y de resultados dudosos. Tampoco asume que la emigración ha sido para los pobres de este país una solución de vida durante siglos y aun hoy, de forma súbita, vuelve a plantearse como vía alternativa para nuestros jóvenes (en esta ocasión formados y muy bien formados) que no esperan la suerte laboral de un contracto que merezca tal nombre en su propio país. Para el PP y para los fascistas catalanes todo lo vinculado a la inmigración es de trazo grueso y eminentemente brutal. Ajenos, como son, a la humanidad.
Analía, nombre figurado para una persona real, es una inmigrante de 26 años, procedente de la dulce cintura de América (no entiendo aún cómo Pablo Neruda se tomó esa licencia poética para adjetivar un territorio de una dureza social extrema, tal vez se refería a la naturaleza y al carácter de sus habitantes, con ello lo excuso).
Analía es madre de tres hijos y la vida en su país era imposible. Se embarcó en la aventura española siguiendo el alud de noticias de otros compatriotas que, le decían, habían encontrado, si no El Dorado que los españoles buscaron en América, sí una forma de vida que permitía esperanzas. Esperanzas aquí, en España instalados definitivamente. O allí, de vuelta, con ahorros para empezar de nuevo con mejores perspectivas. Un pequeño negocio, una casa nueva motivan la vuelta y sus riesgos, junto con el reencuentro con los suyos.
Analía llegó ya en mal momento. Con la crisis española campando por el sector inmobiliario y afectando de forma intensa a la ocupación de los indígenas y de los llegados recientemente. Su destino, que ella ya intuía, era un trabajo clandestino por falta de papeles en regla en el ámbito doméstico. Cuidar ancianos, niños, o los trabajos domésticos vinculados a una familia de aquí. Lo que presuntamente ganaría sería el triple o el cuádruple de lo que dispondría en su país, en caso de tener trabajo. Así pues, su disposición era acumular recursos y volver con sus hijos. Analía necesitaba acreditar tres años de clandestinidad en nuestro país para su regularización y para el paso definitivo, un contrato de trabajo. Este, sin lo primero es cosa imposible.
¿Cómo ha de ser la vida allá en las Américas para lanzarse a esa aventura tan arriesgada? El abandono de los hijos ya es incomprensible para nosotros. ¿Cómo es posible dejar a tres niños y cruzar el Atlántico hacia un destino poco concreto? Pues bien, es posible porque la vida (o la simple sobrevivencia) lo exige y Analía sacrificó su maternidad por un cierto futuro que solo intuye.
La estancia en España no es cómoda para un extranjero pobre, no solo por la necesidad de buscar un trabajo cada día más escaso, sino por las condiciones de vida que el inmigrante debe asumir hasta la llegada de algún ingreso o cierto acomodo al lugar. Hacinamiento en pisos patera, falta de dinero, soledad abundante, lejanía cultural con el entorno, miedo al fracaso. La sola mención de esta pequeña lista nos alarma y deprime. ¿Seríamos acaso nosotros capaces de esa valentía?
Analía fue de trabajo en trabajo buscando una estabilidad que le permitiera satisfacer sus objetivos, enviar dinero a los suyos y encontrar un entorno doméstico familiar decente. Pero el tiempo fue pasando y su vida seguía a salto de mata.
Como sucede a menudo la suerte le llegó por fin casualmente y consiguió ser cuidadora de una anciana. La familia era compresiva con su situación y el trato resultó francamente familiar. La retribución incluso era mejor de lo imaginado. Trabajo, casa, comida, incluso un ordenador para comunicarse y entretenerse. Tenia un día libre y tiempo de descanso diario. Además el compromiso de un contrato en cuanto pudiera ser posible también estaba incluido. El futuro se despejó y la tranquilidad de espíritu, dentro de lo que cabe en su situación volvió. De hecho podía ahorrar prácticamente la totalidad de la retribución, no tenía gastos que asumir, excepto algún capricho o alguna necesidad elemental y el teléfono para traspasar el océano a menudo.
Pues bien, ahí la vida y las debilidades que todos tenemos jugarían un papel en su contra. El inmigrante no debe tener debilidades o de tenerlas las ha de llevar con inteligencia que resulta imposible en la práctica. Analía tenía debilidades. Es joven, necesitada de todo lo que los jóvenes desean, diversión, compañía, amor. Incluso alguna locura y algún exceso. Los jóvenes a veces se pasan. Está en su naturaleza.
Analía, por motivos que desconozco, pero que imagino, empezó a cambiar. Dejó de atender adecuadamente su trabajo, empezó a hacer salidas nocturnas furtivas, abandonando a la anciana durante horas, volvió en alguna ocasión en un lamentable estado etílico e incluso fue vista facilitando el acceso a algún individuo masculino al domicilio de la anciana y suyo propio. Finalmente fue detenida por la policía en una redada en una plaza en donde por las noches los jóvenes hacen lo que ya sabemos. Falta de papeles, fue conducida a comisaría. La anciana pasó toda la noche sola y Analía se enfrenta a la expulsión.
La familia, enseguida supo de esas idas y venidas. Ya se sabe, una escalera de vecinos no es precisamente un centro de discreción. La familia de acogida tampoco es precisamente de moral tradicional y entendía perfectamente lo que a Analía le pedía su juventud. Decidió ser tolerante y dar posibilidades de recuperar la confianza. Se habló, se comprendió y se dio un margen para la vuelta a cumplir adecuadamente con el trabajo.
No pudo ser, la fuerza que impelía a Analía a seguir con esa doble vida era superior a su comprensión de la situación. La familia de acogida no tuvo más remedio que el despido y su substitución. Cosa que no fue fácil para ellos porque todos entendieron en que situación quedaba Analía. Esa familia sintió, como Analía, la dureza de una vida arrancada de su origen y en plena soledad.
Así son las cosas. Al más puro estilo neorrealista de postguerra.
Lluis Casas
17/5/2011
martes, 17 de mayo de 2011
ELECCIONES CON TIJERAS, ELECCIONES SIN SENTIDO

Como ya sabrán ustedes (presumo) a menos que hayan estado estos dos últimos meses en la selva amazónica y sin teléfono, el próximo 22 de Mayo tenemos elecciones a los Ayuntamientos y a las CCAA (excepto las que se rigen por elecciones independientes, Catalunya, Euskadi, Galicia y Andalucía). Eso no es ninguna noticia, como tampoco lo es el escaso interés en lo que dicen la mayoría de candidatos que tenemos los votantes, incluso aquellos altamente politizados y creyentes en el sistema democrático. De hecho, estas elecciones van a ser recordadas porque casi nadie citará en el proceso electoral el asunto de enjundia que estará sobre la mesa al día siguiente de la toma de posesión de regidores, alcaldes y diputados autonómicos y que dominará por completa una o dos legislaturas. Esto es, la crisis financiera de casi todos los ayuntamientos y de todas las CCAA.
Poco a poco se va citando el asunto en los medios de comunicación, pero siempre por artículos periodísticos o de colaboradores que no se presentan a la elección. Ellos sí tienen interés en el asunto, realmente relevante donde los haya. En cambio, el que está en campaña elimina de su discurso (cuando tiene alguno que merezca tal nombre) toda referencia al casi imposible papel que tendrán que ejercer los electos sobre unos ingresos menguados y una estructura de gasto alimentada por la fase expansiva de la burbuja inmobiliaria y urbanística, así como por las numerosas necesidades, viejas y nuevas, de los ciudadanos.
Independientemente de la dura realidad escondida estos últimos dos ejercicios en los cuales los efectos de la crisis fiscal han sido tremendos, pero que se ha mantenido medianamente escondida y a la que no se ha plantado cara en razón a la perspectiva electoral, hay que reconocer que la imposibilidad real de gestionar la nueva situación con las leyes en la mano es evidente. De modo que los nuevos equipos de gobierno se encontraran con déficits enormes y con la acumulación de deuda financiada y deuda sin financiar, es decir, con los cajones llenos de facturas sin contabilizar. Por otro lado, tendrán que lidiar con el miura de una estructura de ingresos ciertamente obsoleta y unas necesidades de servicios ingentes a causa precisamente de la crisis laboral.
Si la situación del gobierno federal es como es, a la vista del esperpento al que hemos asistido desde el verano pasado, lo que va a ocurrir a nivel municipal y autonómico puede ser peor.
El estado federal, en definitiva, posee algunos mecanismos de ajuste macroeconómico y ciertamente acceso a fondos que difícilmente estarán a disposición de Parapanda, por poner un ejemplo.
Si nos fijamos en la estructura de los ingresos locales y contemplamos el panorama de su evolución los últimos seis años, veremos un incremento mantenido de los ingresos provinentes del urbanismo y la vivienda que permitieron (a través de la torpeza de muchos) expandir el gasto en programas de difícil limitación ahora. Esta evolución se trunóo brutalmente con la crisis, sin dejar márgenes de maniobra o tiempo para la reflexión.
Los ayuntamientos, las diputaciones y demás administraciones locales, viven en un mundo en donde la subvención es más de un tercio de sus ingresos y la fiscalidad rígida otro tercio. Los ingresos sólo se mueven con eficacia hacia arriba cuando el mundo inmobiliario crece, el impuesto de obras, el IBI, la plus valúa, etc. Atienden al mundo inmobiliario. Por tanto, en su conjunto, los ingresos locales no siguen el ritmo de la actividad económica general, una vez desparecido el impuesto de actividades económicas. Las bases fiscales son ciertamente escleróticas y muy vulnerables a la crítica populista, los precios de los servicios urbanos, agua, transporte, limpieza, recogida de residuos, etc. No son fáciles de colocar y en general terminan siendo servicios parcialmente subvencionados. La otra cara del municipio, los servicios a las persones, los servicios sociales, educativos, culturales, etc. se llevan también una tajada solemne del fisco propio, sin alcanzar el equilibrio de ingresos por tasas, precios o aportaciones del gobierno federal o autonómico.
La descripción de la situación respecto a las CCAA es parcialmente parecida, aunque estas poseen una capacidad fiscal y autónoma mayor que los ayuntamientos. Tienen a su disposición un amplio abanico de bases fiscales que pueden hacer tributar y ciertos márgenes de incremento sobre los grandes impuestos federales, como el IRPF.
Dicho esto, comprenderán que no es el momento para erigirse en alcalde y menos en concejal de hacienda. Si bien, los equipos salientes han despistado mucho sobre el esfuerzo que la realidad demanda, los nuevos no podrán hacer lo mismo. Están obligados a poner sobre la mesa una reducción substancial de la actividad para mantenerse en los niveles de déficit que la UE y el gobierno federal han acordado. Durante los próximos tres años, la tensión financiera va a producir un órdago de no te menees. El espectáculo será muy crudo, despidos, aldabonazo a algunos equipamientos, reducción salarial para los trabajadores públicos, menos servicios para la ciudadanía y una enorme tensión en el entorno.
Dada la variedad sociológica de los ayuntamientos veremos un abanico de actuaciones de una enorme variedad. Desde el cruzado del recorte, al grito de Deus ho volt, llegando hasta el que pretenderá resistir sin hacer recortes, en espera de la visita del comendador que le toque con el ayuntamiento en quiebra.
Será espectacular y tremendamente dramático. Ya lo verán ustedes. Un asunto en el que los elegidos para la gestión se verán impedidos a hacer lo que necesita el municipio e impulsados a hacer todo lo contrario.
Hagan cuentas, en España tenemos 9.000 municipios y en Catalunya la linda cifra de más de 900. Imaginen por un momento una asamblea de alcaldes o concejales de hacienda con todos los nueve mil y enfrente la ministra de economía y los mercados.
Todo llegará. Ya lo verán ustedes.
Lluis Casas de espectador, afortunadamente, puesto que nadie me ha pedido ser concejal de hacienda. Siempre me quedará Parapanda.
Poco a poco se va citando el asunto en los medios de comunicación, pero siempre por artículos periodísticos o de colaboradores que no se presentan a la elección. Ellos sí tienen interés en el asunto, realmente relevante donde los haya. En cambio, el que está en campaña elimina de su discurso (cuando tiene alguno que merezca tal nombre) toda referencia al casi imposible papel que tendrán que ejercer los electos sobre unos ingresos menguados y una estructura de gasto alimentada por la fase expansiva de la burbuja inmobiliaria y urbanística, así como por las numerosas necesidades, viejas y nuevas, de los ciudadanos.
Independientemente de la dura realidad escondida estos últimos dos ejercicios en los cuales los efectos de la crisis fiscal han sido tremendos, pero que se ha mantenido medianamente escondida y a la que no se ha plantado cara en razón a la perspectiva electoral, hay que reconocer que la imposibilidad real de gestionar la nueva situación con las leyes en la mano es evidente. De modo que los nuevos equipos de gobierno se encontraran con déficits enormes y con la acumulación de deuda financiada y deuda sin financiar, es decir, con los cajones llenos de facturas sin contabilizar. Por otro lado, tendrán que lidiar con el miura de una estructura de ingresos ciertamente obsoleta y unas necesidades de servicios ingentes a causa precisamente de la crisis laboral.
Si la situación del gobierno federal es como es, a la vista del esperpento al que hemos asistido desde el verano pasado, lo que va a ocurrir a nivel municipal y autonómico puede ser peor.
El estado federal, en definitiva, posee algunos mecanismos de ajuste macroeconómico y ciertamente acceso a fondos que difícilmente estarán a disposición de Parapanda, por poner un ejemplo.
Si nos fijamos en la estructura de los ingresos locales y contemplamos el panorama de su evolución los últimos seis años, veremos un incremento mantenido de los ingresos provinentes del urbanismo y la vivienda que permitieron (a través de la torpeza de muchos) expandir el gasto en programas de difícil limitación ahora. Esta evolución se trunóo brutalmente con la crisis, sin dejar márgenes de maniobra o tiempo para la reflexión.
Los ayuntamientos, las diputaciones y demás administraciones locales, viven en un mundo en donde la subvención es más de un tercio de sus ingresos y la fiscalidad rígida otro tercio. Los ingresos sólo se mueven con eficacia hacia arriba cuando el mundo inmobiliario crece, el impuesto de obras, el IBI, la plus valúa, etc. Atienden al mundo inmobiliario. Por tanto, en su conjunto, los ingresos locales no siguen el ritmo de la actividad económica general, una vez desparecido el impuesto de actividades económicas. Las bases fiscales son ciertamente escleróticas y muy vulnerables a la crítica populista, los precios de los servicios urbanos, agua, transporte, limpieza, recogida de residuos, etc. No son fáciles de colocar y en general terminan siendo servicios parcialmente subvencionados. La otra cara del municipio, los servicios a las persones, los servicios sociales, educativos, culturales, etc. se llevan también una tajada solemne del fisco propio, sin alcanzar el equilibrio de ingresos por tasas, precios o aportaciones del gobierno federal o autonómico.
La descripción de la situación respecto a las CCAA es parcialmente parecida, aunque estas poseen una capacidad fiscal y autónoma mayor que los ayuntamientos. Tienen a su disposición un amplio abanico de bases fiscales que pueden hacer tributar y ciertos márgenes de incremento sobre los grandes impuestos federales, como el IRPF.
Dicho esto, comprenderán que no es el momento para erigirse en alcalde y menos en concejal de hacienda. Si bien, los equipos salientes han despistado mucho sobre el esfuerzo que la realidad demanda, los nuevos no podrán hacer lo mismo. Están obligados a poner sobre la mesa una reducción substancial de la actividad para mantenerse en los niveles de déficit que la UE y el gobierno federal han acordado. Durante los próximos tres años, la tensión financiera va a producir un órdago de no te menees. El espectáculo será muy crudo, despidos, aldabonazo a algunos equipamientos, reducción salarial para los trabajadores públicos, menos servicios para la ciudadanía y una enorme tensión en el entorno.
Dada la variedad sociológica de los ayuntamientos veremos un abanico de actuaciones de una enorme variedad. Desde el cruzado del recorte, al grito de Deus ho volt, llegando hasta el que pretenderá resistir sin hacer recortes, en espera de la visita del comendador que le toque con el ayuntamiento en quiebra.
Será espectacular y tremendamente dramático. Ya lo verán ustedes. Un asunto en el que los elegidos para la gestión se verán impedidos a hacer lo que necesita el municipio e impulsados a hacer todo lo contrario.
Hagan cuentas, en España tenemos 9.000 municipios y en Catalunya la linda cifra de más de 900. Imaginen por un momento una asamblea de alcaldes o concejales de hacienda con todos los nueve mil y enfrente la ministra de economía y los mercados.
Todo llegará. Ya lo verán ustedes.
Lluis Casas de espectador, afortunadamente, puesto que nadie me ha pedido ser concejal de hacienda. Siempre me quedará Parapanda.
domingo, 1 de mayo de 2011
CINCO MILLONES DE PARADOS Y PRIMERO DE MAYO

No seria necesario especificar a qué se refiere la cifra del título. Todos lo saben. Aunque permítanme evitar confusiones: se trata, evidentemente, de la cifra de parados en España justo el día de la celebración del Primero de Mayo. De hecho no llegan a cinco millones, pero poco le falta. Aunque la realidad está por encima de la cifra, en razón a los mecanismos estadísticos del control de los parados (si no se inscriben no cuentan, están desanimados) y, sorprendentemente, también por debajo, a causa de los empleos encubiertos de la economía sumergida, ahora más intensa que nunca. Mucho más, desde luego, de cuando aquel ministro inane, llamado Celestino, dijo que no alcanzaríamos la cifra de cuatro millones de personas.
Ya en otras ocasiones he comentado el papel de salvavidas del ambiente social que la economía sumergida realiza. Sin ella, la cifra de cinco millones seria más que explosiva. La economía informal, o como quieran llamarla, está por encima del 20% del PIB. Nadie lo sabe a ciencia cierta, porque nadie se ha ocupado seriamente de valorarla. Eso significa que al menos una quinta parte de la actividad económica podría estar bajo la aljofifa.
En cualquier caso, en España siempre ha sido así. Y, no sólo, en España, en otros países esa economía oculta también es importante y probablemente en todas las economías exista un porcentaje significativo del PIB manejándose discretamente al margen del fisco, la S.S. y los derechos de los trabajadores. Incluso hay quien mantiene que no hay que impedir esa forma de actividad, puesto que proporciona trabajo y en consecuencia ingresos a capas sociales que no conseguirían ni lo uno, ni lo otro por medios normales.
Si es por encima o por debajo, poco importa, no se trata ni de estadísticas, ni de acertar una adivinanza. Se trata de que aproximadamente una de cada cinco personas necesitadas de trabajo no lo tiene y depende de las ayudas públicas, del entorno familiar o, en último caso de la beneficencia. El embrollo puede resultar más que fatal, puesto que los parados se cuecen en estratos de población relativamente bien definidos: personas con escasa capacitación, jóvenes sea cual sea su preparación, mujeres y las edades del no vales nada, es decir mayores de 45 años. Ello hace que la concentración familiar del paro sea muy importante y que un número muy grande de familias se encuentre en un callejón sin salida, puesto que ninguno de sus miembros está ingresando un sueldo. La dependencia de las pequeñas cifras de los subsidios es una imagen familiar muy extendida, con un horizonte negro en perspectiva, el término del periodo que cubre la aportación pública y la desaparición de los (escuálidos) ahorros.
En este maldito embrollo, intervienen otras circunstancias agravantes, el endeudamiento familiar en razón a la hipoteca de la vivienda es la más importante, un elemento que juega a la descapitalización de las familias afectadas. Pierden incluso lo ya aportado y les exigen un valor inmobiliario de antes de la crisis.
Paul Krugman, al que cito a menudo, comenta últimamente que los grandes gestores de la economía mundial se han olvidado de los parados, cuya existencia es el aspecto más importante de la crisis. Por ello, las medidas de combate se centran en déficits y recortes y no en el impulso al crecimiento, esto es, a la creación de trabajo. El mercado de trabajo, su regulación, etc. que ha centrado tanto el debate los últimos meses ha demostrado que no es el instrumento adecuado para la recuperación. Por mucho que mareemos la normativa laboral, mientras el crédito siga inexistente en razón a la atonía bancaria, las empresas poco podrán incrementar la producción o los consumidores el consumo. Si no hay incremento de consumo, no hay incremento de la producción y de ello tampoco más puestos de trabajo (docet Keynes) .
En Catalunya, el cambio de gobierno y el corte total de la actividad pública que ha impuesto CIU se ha notado en las cifras de parados. El déficit público del gobierno de izquierdas hacía que la cifra de parados en Catalunya fuera menor que en otras comunidades. Hoy ya no es así. La retracción del gasto público ha alimentado el monstruo del paro.
Por qué sucede esto, me dirán ustedes. Sucede porque los mecanismos de salida de la crisis han tendido a favorecer al capital financiero, que no crea por si mismo trabajo, en detrimento del crédito a las empresas y a los consumidores. Hoy es más que claro que el submundo financiero se ha convertido en el ideólogo y el político orgánico exclusivo del capitalismo. Los grandes empresarios de la industria, el comercio, el turismo, etc. no cuentan apenas nada para decidir las estrategias económicas catalanas, españolas, europeas o mundiales. Si observan con atención, sus voces no se oyen en la prensa, excepto para preguntar qué hay de lo mío. ¿Fomento, la gran patronal, existe todavía?
En la mayoría de países, la recuperación es un hecho. Tal vez débil, tal vez de una forma contradictoria, pero aparecen cifras en positivo mes a mes. En España, eso no es así. Al retraso en enfrentar la crisis, le sucede el retraso en iniciar la recuperación. En España por debajo del 2,5% de incremento del PIB (cifra aproximada) no se crean nuevos puestos de trabajo. El crecimiento hasta ese 2,5 % se realiza en base a incremento de la productividad, reducción de stocks, etc. Por lo que el camino que nos queda es todavía muy largo y penoso.
Podría haber sido distinto, evidentemente. En primer lugar si los gobiernos hubieran controlado la burbuja inmobiliaria, la burbuja financiera, el endeudamiento familiar, etc. hubiera sido distinto. Si mientras se generaban ingresos fiscales provinentes de la actividad totalmente loca y sin sentido de la vivienda y de las promociones inmobiliarias, no hubieran recortado los impuestos estructurales y rebajado la presión fiscal a ricos y a las empresas, ahora todo sería distinto.
Finalmente, después de perder un tiempo precioso, tocará meter mano a los impuestos y exigir a los que más tienen una aportación fiscal considerada normal en el mundo civilizado. Ello derivará en que las cuentas públicas sufran menos y generan mayor demanda. También habrá que actuar consiguiendo que las aportaciones públicas al mundo financiero lleguen a donde deben de llegar a familias y empresas que las necesitan y que son las que impulsaran la economía.
Mientras tanto, cuanto se habrá perdido en términos de humanidad, de dureza vital, de angustia frente al mañana. Pero todo eso no está en el balance. Por lo que no tiene ninguna importancia. ¿No es así?
Lluis Casas, contemplando el espectáculo.
Ya en otras ocasiones he comentado el papel de salvavidas del ambiente social que la economía sumergida realiza. Sin ella, la cifra de cinco millones seria más que explosiva. La economía informal, o como quieran llamarla, está por encima del 20% del PIB. Nadie lo sabe a ciencia cierta, porque nadie se ha ocupado seriamente de valorarla. Eso significa que al menos una quinta parte de la actividad económica podría estar bajo la aljofifa.
En cualquier caso, en España siempre ha sido así. Y, no sólo, en España, en otros países esa economía oculta también es importante y probablemente en todas las economías exista un porcentaje significativo del PIB manejándose discretamente al margen del fisco, la S.S. y los derechos de los trabajadores. Incluso hay quien mantiene que no hay que impedir esa forma de actividad, puesto que proporciona trabajo y en consecuencia ingresos a capas sociales que no conseguirían ni lo uno, ni lo otro por medios normales.
Si es por encima o por debajo, poco importa, no se trata ni de estadísticas, ni de acertar una adivinanza. Se trata de que aproximadamente una de cada cinco personas necesitadas de trabajo no lo tiene y depende de las ayudas públicas, del entorno familiar o, en último caso de la beneficencia. El embrollo puede resultar más que fatal, puesto que los parados se cuecen en estratos de población relativamente bien definidos: personas con escasa capacitación, jóvenes sea cual sea su preparación, mujeres y las edades del no vales nada, es decir mayores de 45 años. Ello hace que la concentración familiar del paro sea muy importante y que un número muy grande de familias se encuentre en un callejón sin salida, puesto que ninguno de sus miembros está ingresando un sueldo. La dependencia de las pequeñas cifras de los subsidios es una imagen familiar muy extendida, con un horizonte negro en perspectiva, el término del periodo que cubre la aportación pública y la desaparición de los (escuálidos) ahorros.
En este maldito embrollo, intervienen otras circunstancias agravantes, el endeudamiento familiar en razón a la hipoteca de la vivienda es la más importante, un elemento que juega a la descapitalización de las familias afectadas. Pierden incluso lo ya aportado y les exigen un valor inmobiliario de antes de la crisis.
Paul Krugman, al que cito a menudo, comenta últimamente que los grandes gestores de la economía mundial se han olvidado de los parados, cuya existencia es el aspecto más importante de la crisis. Por ello, las medidas de combate se centran en déficits y recortes y no en el impulso al crecimiento, esto es, a la creación de trabajo. El mercado de trabajo, su regulación, etc. que ha centrado tanto el debate los últimos meses ha demostrado que no es el instrumento adecuado para la recuperación. Por mucho que mareemos la normativa laboral, mientras el crédito siga inexistente en razón a la atonía bancaria, las empresas poco podrán incrementar la producción o los consumidores el consumo. Si no hay incremento de consumo, no hay incremento de la producción y de ello tampoco más puestos de trabajo (docet Keynes) .
En Catalunya, el cambio de gobierno y el corte total de la actividad pública que ha impuesto CIU se ha notado en las cifras de parados. El déficit público del gobierno de izquierdas hacía que la cifra de parados en Catalunya fuera menor que en otras comunidades. Hoy ya no es así. La retracción del gasto público ha alimentado el monstruo del paro.
Por qué sucede esto, me dirán ustedes. Sucede porque los mecanismos de salida de la crisis han tendido a favorecer al capital financiero, que no crea por si mismo trabajo, en detrimento del crédito a las empresas y a los consumidores. Hoy es más que claro que el submundo financiero se ha convertido en el ideólogo y el político orgánico exclusivo del capitalismo. Los grandes empresarios de la industria, el comercio, el turismo, etc. no cuentan apenas nada para decidir las estrategias económicas catalanas, españolas, europeas o mundiales. Si observan con atención, sus voces no se oyen en la prensa, excepto para preguntar qué hay de lo mío. ¿Fomento, la gran patronal, existe todavía?
En la mayoría de países, la recuperación es un hecho. Tal vez débil, tal vez de una forma contradictoria, pero aparecen cifras en positivo mes a mes. En España, eso no es así. Al retraso en enfrentar la crisis, le sucede el retraso en iniciar la recuperación. En España por debajo del 2,5% de incremento del PIB (cifra aproximada) no se crean nuevos puestos de trabajo. El crecimiento hasta ese 2,5 % se realiza en base a incremento de la productividad, reducción de stocks, etc. Por lo que el camino que nos queda es todavía muy largo y penoso.
Podría haber sido distinto, evidentemente. En primer lugar si los gobiernos hubieran controlado la burbuja inmobiliaria, la burbuja financiera, el endeudamiento familiar, etc. hubiera sido distinto. Si mientras se generaban ingresos fiscales provinentes de la actividad totalmente loca y sin sentido de la vivienda y de las promociones inmobiliarias, no hubieran recortado los impuestos estructurales y rebajado la presión fiscal a ricos y a las empresas, ahora todo sería distinto.
Finalmente, después de perder un tiempo precioso, tocará meter mano a los impuestos y exigir a los que más tienen una aportación fiscal considerada normal en el mundo civilizado. Ello derivará en que las cuentas públicas sufran menos y generan mayor demanda. También habrá que actuar consiguiendo que las aportaciones públicas al mundo financiero lleguen a donde deben de llegar a familias y empresas que las necesitan y que son las que impulsaran la economía.
Mientras tanto, cuanto se habrá perdido en términos de humanidad, de dureza vital, de angustia frente al mañana. Pero todo eso no está en el balance. Por lo que no tiene ninguna importancia. ¿No es así?
Lluis Casas, contemplando el espectáculo.
martes, 26 de abril de 2011
ESTA SEMANA SANTA DE PASIÓN
Si alguna vez deben “pasar” una gripe, no lo hagan en Cai, la tacita de plata, y menos en plena borrasca. La lluvia, la humedad marina y los vientos inclementes los tendrán recluidos y cercados por días. Ni los clubs sociales de los pasos resisten la aventura. Advertidos están. Pasados estos idus, empero, vayan, vayan sin reparo a Cai.
A la vista del panorama y excluida la actividad turística estándar me arrellané en un sofá a leer la prensa y todo lo que caía en mis manos. Con lo que conseguí aunar mi gripe con las distintas enfermedades sociales y económicas que estos tiempos nos están afectando.
La prensa, especialmente la escrita y mayormente la más sensible a los problemas reales de los ciudadanos empieza a hacer una crítica de fondo de la crisis y de la forma en que los organismos internacionales, los gobiernos, etc. la están encarando (si ese término es posible emplearlo). Los casos de Grecia y Portugal llevan al extremo la falta de liderazgo político y estratégico de la Unión Europea y, lamentablemente, del mundo en general. La debilidad ideológica y política se une a la falta de líderes efectivos con la visión amplia de las circunstancias. La UE se arrastra al borde del abismo de la ruptura, en pocos días dos países y por distintos motivos han citado su hipotético abandono de la Unión, Italia i Finlandia. Otros se añaden a la lista respecto a acuerdos parciales de la UE, como el tratado de libre circulación. Cosa que nunca antes había sucedido.
La presión alemana por atajar el déficit ofrece a los países afectados un panorama tenebroso: la UE, impulsada por una Alemania crecida, exige añadir más paro al ya existente por medio de ajustes o recortes del gasto público totalmente imposibles si utilizamos la razón como instrumento de medida. España con un paro del 20% tiene un solo objetivo racional: crecer y generar una nueva dinámica que le permita poco a poco reducir el déficit a través del aumento de los ingresos fiscales. Si no es así, si recortamos el gasto público en ese porcentaje imposible en tres años, lo que ocurrirá es que aumentaremos el paro y reduciremos aun más los ingresos fiscales por la caída de la actividad.
La falta de elementos fundamentales para el gobierno económico de la UE es patética. La política fiscal, la diversificación de los objetivos del banco central europeo convierten la crisis financiera en un cáncer para la UE. Si Grecia, Portugal después, han de ir al sacrificio total en aras de la presión de los grandes financieros que invirtieron mal, el asunto, así sin más, no tiene salida para nadie y la tentación de yo solo me arreglaría mejor será cada vez más fuerte. Unos por que les va bien ahora y otros por que se sienten obligados a políticas de externa dureza social. Mejor devaluar (fuera de la UE) que crear una situación social imposible.
Eso que les relato ha aparecido en los papeles como si fuesen circunstancias aleatorias y no un verdadero crac de la política europea.
La crisis ha puesto sobre el mapa político la ruptura de la UE tal como la entendemos ahora. El peso económico brutal de Alemania hace que su circunstancia prime sobre cualquier otra cosa en cuanto a decisiones estratégicas del banco central o de las recomendaciones para hacer frente al déficit, a la deuda y a los precios por encima del paro o el crecimiento económico.
Probablemente, en el caso español, existe una vía que podría generar otras alternativas y tiempo para el relanzamiento económico. España dispone de márgenes elevados para incrementar ligeramente la presión fiscal y aumentar los ingresos públicos que evitarían el incremento del paro y ayudarían a la dinámica económica. Hasta ahora, esa vía no se ha utilizado. El motivo es bastante simple. El gobierno no se atreve con los sectores que se verían afectados por una reforma fiscal socialmente equitativa en las cargas. El camino recorrido con los recortes fiscales en los últimos quince años se basaba en compensar la fiscalidad sobre las clases altas y las empresas con los ingresos de la burbuja inmobiliaria. Pinchada esta, la fiscalidad española se halla lejos de su papel en el sistema económico. La riqueza, el patrimonio, la actividad económica en general ha visto reducida su carga fiscal y solo queda, según el pensamiento imperante en el gobierno, el margen del IVA, ahora ya agotado. Todo lo demás es reducir el escaso porcentaje de gasto público español, poniendo sobre la mesa los servicios fundamentales del estado de bienestar.
En Catalunya estamos viviendo ahora lo que sucederá en toda España después de las elecciones del 22 de Mayo. Hoy por hoy, ninguna administración pendiente de ellas ha dado los pasos que se le está exigiendo a Catalunya. El calendario electoral ha puesto a Catalunya como el ejemplo que se trasladará a todas las CCAA y a los ayuntamientos, el gran recorte.
Ha resultado curioso ver como el debate del recorte se ha instalado casi exclusivamente en Catalunya, como si en el resto de España, los médicos, enfermeras, educadores, etc. no estuvieran el la misma o peor situación. Todo el mundo ha aplazado las decisiones y los posicionamientos para que los nuevos gobiernos regionales o municipales se ocupen de ello.
Me temo que tendremos un verano y un otoño calientes. Y no por la temperatura precisamente.
Lluis Casas
miércoles, 20 de abril de 2011
MIGUEL NÚÑEZ EN EL CINE
Les remito una crónica de urgencia sobre la presentación de un nuevo film de Albert Solé, en esta ocasión sobre nuestro Miguel Núñez, “Al final de la escapada” lleva como título el documental.[1]
Como ven, los largos brazos y piernas del personal de Parapanda llegan a todas partes y a tiempo.
El título ya debe decirles algo, puesto que en 1960, Jean Luc Godard dirigió a Jean Paul Belmondo y a una espléndida Jean Seberg en lo que en francés fue “A bout souffle” y aquí “Al final de la escapada”. En pocas ocasiones la traducción libre de los títulos de las películas ha estado tan acertada como en esta ocasión. Literalmente el film de Godard debería haberse llamado “Hasta el último aliento” o “Sin aliento”, pero la traducción libre le dio un significado mayor y más complejo.
Albert Solé aprovecha, sin duda, ese doble juego de títulos entre el film de Godard sobre un delincuente que vive voluntariamente al límite hasta su final previsible y un ciudadano ejemplar que llega al final del complejo camino por elección propia.
Ayer en el cine Alexandra, en el mejor meollo burgués de la ciudad de Barcelona presentaron, director, productores del documental y amigos y compañeros de Miguel Núñez este nuevo film reportaje sobre una de las figuras más preeminentes de la lucha antifranquista y una gran persona que fue.
En algún otro lugar de este blog y a propósito de otro gran combatiente sindical de menuda estatura física y de enorme tamaño histórico, Ángel Rozas (que nos abandonó el pasado año), cité que nuestro mundo divulgativo cultural hacía poco caso a las historias inmensas que el pasado siglo nos ofreció en nuestro país. Historias personales y colectivas a la vez, que en otro país hubieran tenido su film, su biografía de éxito y su presencia mediática intensa. Los ciudadanos, incluso eso que le llaman público, estarían al tanto de quien hizo que en circunstancias de horror y durante muchos años. Tal vez necesitemos un John Le Carre para que haga nuestra propia “El espía que surgió del frío”, para entender que tenemos historia, historias propias de que enorgullecernos e impresionarnos.
Por lo visto, somos así. No celebramos a aquellos que han tenido protagonismo político o social, una vida llena de aventuras consecuentes e incluso un final vital ejemplar. Preferimos otras cosas que no afecten tanto a nuestra conciencia cívica durmiente. Y el tiempo se nos está llevando a la generación o generaciones que lo vivieron en directo. El propio Albert Solé lo remarca al final del documental.
Pese a eso, hay que reconocer que Miguel Núñez está siendo mejor tratado por las circunstancias que otros (una larga lista de otros, por otra parte), puesto que el mismo, poco antes de su muerte en 2008, presentó sus memorias, “La Revolución y el Deseo”, de eso hará cuatro años, en una nueva edición y muy cerquita de donde ayer vimos su película, en los jardines del Palau Robert, en Diagonal y Passeig de Gracia.
Hace unos poquísimos meses, se publicó un cómic de Alfonso López, Pepe Gálvez y Joan Mundet sobre la vida clandestina del personaje, titulado “Miguel Núñez: Mil vidas más” (edicions de Ponent), por cierto premiado por su calidad. Efectivamente un cómic, un TBO como decíamos de niños, una historia ilustrada e ilustrante.
Desde otro punto de vista, Antoni Batista publicó no hace muchos meses, en septiembre del 2010, “La Carta, historia de un comisario franquista”, en donde el personaje de Miguel Núñez da sentido a la penosa vida del comisario Creix. Y ayer, como les estoy contando, se ofreció la primicia de un film reportaje memorialístico y muy personal, pues cuenta no solo la aventura de su vida, sino la aventura de su vida vista desde su aventura final elegida.
De hecho el propio Miguel nos relataba en público, en la presentación de sus memorias que les cité, que regresaba a Barcelona desde su Madrid natal, en donde volvió a vivir cuando la salud lo alejó de su aventura centro americana, para tener un bien morir, elegido y respetado. Y que eso, en el Madrid de la Aguirre no era posible.
Ustedes ya conocen, o deberían conocer, al autor del film, Albert Solé, hijo de otro grande, Jordi Solé Tura, que hizo del Alzheimer de su padre un gran reportaje, “Bucarest”, debidamente comentado aquí en el mes de enero del 2008 con el título de Memoria. En este caso, la vinculación paterno-filial del film sobre la pérdida de la memoria del Solé padre y los recuerdos del Solé hijo durante la clandestinidad generan una tensión y un sentimiento que en el caso de Miguel no pude producirse directamente. El hijo, Albert Solé, sufrió porque su padre luchaba por la libertad de su país y eso se notaba en exceso, sobre todo cuando el hijo ya había superado los treinta ampliamante. Y aunque el asunto vuelva a aparecer en “Al final de la escapada” a propósito de la hija de Miguel, Estrella, crecida con los abuelos y alejada de sus padres por la clandestinidad y la cárcel no tiene el peso de la anterior Bucarest. A diferencia de Solé Tura que por motivos de pérdida de su propia personalidad no pudo hacerlo, Miguel demanda el perdón a su hija, dedicándole un ejemplar de sus memorias cuando en la residencia donde estableció su cuartel general se prepara para el largo viaje. Y Estrella asiste personalmente al final elegido por Miguel, que Albert Solé filma autorizado con un pudor maravilloso.
Con Miguel Núñez esa intensa fuerza entre padre e hijo no ocurre, claro está, y es el director y el dirigido quienes desencadenan directamente o a través de otros testimonios una química positiva sin que la entorpezcan los sentimientos de la frustrada infancia, sino que aparecen un profundo respeto, un gran aprecio y, en muchos casos, un cariño evidente. Miguel creaba en su entorno encantamientos de por vida.
Creo que asistimos por primera vez a un relato sin duda personal, pero que resume excelentemente en el tiempo cinematográfico la esencia de la lucha contra el fascismo y sobre todo, la lucha clandestina contra el franquismo de todos los comunistas del PSUC y algunos del PCE, coincidentes ambos en las cárceles franquistas.
Todo ello en poco menos de dos horas. La fuerza del documental reside, claro está, en la personalidad poliédrica de Miguel, que consigue explicar las torturas monstruosas recibidas con un deje de ironía y yo diría de página pasada, que ningún otro podría haberlo conseguido. Es un documental centrado en un hombre que no quiso ser el centro, como insiste machaconamente ante cualquier referencia a su ilustre recorrido. Un hombre que en el congreso de los diputados y a raíz de su eficaz defensa de la salud y de los afectados por la colza generó la creencia de que era médico, hasta el punto que sus compañeros parlamentarios se le dirigían como el doctor Núñez.
En fin, como los juicios deben ser personales, les aconsejo que se reserven unas horas para asistir a la contemplación de nuestra historia reciente y a ver a un hombre que lo tenia todo muy bien puesto. Desde la cabeza a los pies.
Lluis Casas, con enorme emoción contenida. A su estilo, diríamos
[1] Les reproduzco la nota de la web del Memorial Democràtic con la presentación del documental:
Un documental sobre la lluita de Miguel Núñez per una mort digna. Miguel Núñez sabia que la fi era a prop. Després de tota una vida perseguint utopies, es va lliurar al seu últim combat, el de la mort digna, amb el mateix fervor revolucionari amb el que es va enfrontar al franquisme com a dirigent comunista i a les dictadures centreamericanes com a activista de la cooperació internacional. Al final de l’escapada, documental dirigit per Albert Solé, és la història d’un ''heroi del nostre temps'', com el va definir Manuel Vázquez Montalbán. Un home, Miquel Núñez, que va estar 14 anys a les presons de Franco, que va ser torturat vàries vegades i que es va jugar la vida en reiterades ocasions pels seus somnis universals de justícia social. Coherent, lúcid i sarcàstic fins l’últim sospir, Miguel Núñez va organitzar i va controlar cada detall de la seva escapada vital.
martes, 12 de abril de 2011
NO DIGA USTED RECORTES, DIGA AHORRO
Mientras la Sra. Canciller, doña Angelitas Merkel, impone restricciones y torturas a algunos países, mientras la calle lucha en vano por un puesto de trabajo con contrato fijo, remuneración adecuada y labor provechosa; mientras los servidores públicos de la salud y de la educación abren las puertas para que se conozca con los máximos detalles la fechoría impuesta por el gobierno, yo, abandono el terruño y me voy a Cai, la tacita de plata. .
Volveré, si no puedo impedirlo, el sábado de gloria y aquí me tendrán de nuevo dándoles la tabarra con una u otra cosa. Si tienen algo urgente que decirme, he dejado nota en el 112, el servicio de urgencias. Allí les darán señal. Pero no me llamen, como dice el jefe, ni a las horas de la siesta, ni a las otras, añado yo. No pienso contestar.
Para ultimar mi gustosa participación en este blog, antes de la huida de la semana santa, me he propuesto un asunto oscuro y, siempre, maltratado: lo que en el argot propio llamamos la función pública. Término más bien desanimoso para la mayoría. Yo he preferido siempre los términos anglosajones: trabajo público o servicio público (public work o public service), puesto que pienso que da mejor sentido al quehacer de las personas al servicio de los ciudadanos a través de las administraciones públicas.
Alguien definió al funcionario como una persona que había renunciado de por vida a enriquecerse, por mor de no ser nunca un pobre. Definición que se ajusta en parte a la realidad de las retribuciones públicas, en general menores que en el mundo empresarial moderno, aunque mucho más igualitarias y rígidas que en él. Por ejemplo es indiferente el sexo para el cargo y los emolumentos. Los funcionarios no recogen los incrementos salariales en épocas de vacas grasas y en general pierden poder adquisitivo cuando el asunto va mal. En todo caso, si hay suerte, la torpeza del político de turno permite arrancar uno o dos días más de vacaciones. Una parte de lo que pierde por rigidez frente a la coyuntura lo compensa a través de la carrera administrativa; es decir: el ascenso o el simple crecimiento de los servicios públicos y con el la consolidación de cierta parte de la retribución pase lo que pase después. Todos recogen los frutos de la antigüedad a través de los trienios y disfrutan del beneficio que da la exclusión del paro como patología laboral. Por el contrario tienen, a diferencia de la mayoría, terremotos programados cada 4 años, al menos, que producen un alto nivel de desequilibrio psíquico y no pocos disgustos profesionales.
De antiguo al funcionario público se le desacreditaba en razón a horarios de trabajo escasos, poca exigencia laboral y diversas prebendas absurdas. Era, en general, una función pública decimonónica dedicada a certificar, comprobar o dar con la porra o el cañón. Durante el siglo veinte, todo eso cambió y hoy encontramos miles de bienes y servicios proveídos por trabajadores públicos. En algunos países, no tan sorprendentemente como podría parece, los que mejor capean la crisis, el porcentaje del PIB es en un 50% provinente del sector público, una parte importante del cual del cual es la propia administración. En donde es más llana la explicación es en los tres ejes del estado del bienestar: la salud, la educación y los servicios sociales. Ellos tres, cuatro si añadimos a la policía, son no solo la base real de la actual función pública, sino el 80%-90% de los trabajadores reales que hay en ella. El resto pertenecen a un mundo distinto del que me voy a ocupar ahora.
No hace ninguna falta que acredite a qué me refiero con lo de recortes y ahorros del enunciado, el blog está lleno de autorizados comentarios al respecto. Por lo que me libero de mayores explicaciones y les evito reincidencias innecesarias (1).
Cuando les hablé, como confirmación de lo dicho por el jefe supremo, de los recortes sanitarios, les prometí algún comentario sobre el mundo abstracto de la administración propiamente dicha. No sobre los servicios públicos generales que están a la vista y al uso de todos, sino sobre el núcleo duro administrativo. Ese núcleo central, el “core organizativo” que dirían los modernos, que también está afectado por esa enfermedad infantil de la derecha que es la creencia mística en que lo privado es cojonudo y lo público un atajo de incompetentes.
La administración estrictu senso es un mundo casi subterráneo y no excesivamente extenso, aparece poco en las fotos. No hay inauguración que valga para él. Nadie brilla por su eficiente trabajo, aunque lo sea y el público en general ha terminado en la creencia de que es simplemente un chollo laboral. Nada más alejado de la realidad.
En primer lugar, debo dejar claro que la existencia del “funcionario” o trabajador público administrativo (hay componentes laborales también), se debe a las mismas necesidades que cualquier empresa exige. La gestión del personal, las compras, la aplicación de las normativas que afectan a cada uno, la administración económica y un etcétera tan largo o tan corto como quieran, pero ejemplarmente parecido a la Nestlé, por poner un ejemplo.
Pese a ello, la administración juega en un campo más difícil que el de la empresa privada, esto es, que la suya sea una normativa extraordinariamente compleja elaborada por los múltiples niveles políticos, europeos, españoles, catalanes o municipales y además interpretables y de obligado cumplimiento. Todas esas normas son aprobadas, al menos en su marco general, por las instancias máximas de cada administración: el parlamento, los plenarios municipales, etc. Es decir son normas políticas en las que los funcionarios solo tienen influencia en la medida que algunos participan de su redacción. Todas ellas acumulables.
Me permitirán una cierta licencia poética: los funcionarios, los trabajadores públicos y todas sus endemoniadas normas existen por que las han impuesto los parlamentos. Podría haber sido distinto, pero no ha sido así.
Esa normativa tan específica, que se aprueba en bien de la transparencia, para evitar la corrupción, y otros muchos grandes enunciados, produce un complejo y tortuoso camino de gestión. Y este, genera a su vez especialistas difícilmente readaptables a otro mundo distinto. Por ello existe una carrera administrativa pública específica, con atribución de unos niveles, complementos, concursos por plaza, etc. que convierten la estructura del funcionario en algo parecido a una escala militar.
De hecho, la existencia de esos especialistas, desde el economista, el abogado, al subalterno, evita que con los cambios de gobierno el caos sea total por la renovación de miles de personas. Efecto que podría comportar que cada uno ponga a los suyos (históricamente tenemos ejemplos hispánicos, incluso ilustrados en films que reflejan los turnos de conservadores y liberales e incluso actuales en los USA, en donde los cambios de gobierno son efectivamente transformaciones enormes de la administración). El funcionario, por el contrario y de acuerdo con la tradición francesa y alemana, mantiene una estabilidad que permite que cada cuatro años, los cambios políticos no se transformen en una enfermedad terminal para los miles de bienes y servicios que produce la administración moderna.
Pues bien, los recortes, al menos una parte ellos, se producen también en esos niveles que les explico: se eliminan cargos, se reestructuran organigramas, se agrupan servicios, etc. Y se anuncian a bombo y platillo. Los cambios son cosa natural en cualquier circunstancia en aras de la mejora organizativa, claro está. Pero, ¿eso es ahorro realmente? Tal vez lo fuera si apareciera una mejoría en los procesos, un aligeramiento de ellos, una mayor eficacia en las compras, etc. O, en fin, si fuera posible expulsar de la administración a los funcionarios afectados con cargo al paro.
Pero ello no es así. Los funcionarios no cotizan al paro, puesto que por ley “política” tienen el puesto de trabajo garantizado y por ley política su carrera profesional se consolida en forma de un salario muy poco móvil a la baja. Si un funcionario, después de muchos años de ejercicio, ha conseguido ser jefe de…, aunque su plaza desaparezca, su salario se reduce muy poco.
Con ello les estoy diciendo que con eliminar simplemente plazas directivas o profesionales de la administración no se ahorra, sino que se convierte en un gasto inútil de dos tipos, el primero por que se debe seguir pagando casi lo mismo al afectado y como se le remueve, hay que colocarlo en algún sitio, aunque suponga un solemne aburrimiento para el y un desperdició de conocimiento y experiencia. El segundo es la destrucción sin sentido de carreras profesionales, de personas que en general han acumulado experiencia y habilidad. Probablemente, haya casos que no son así, que responden al tipo jeta (como en cualquier organización por otro lado) pero les aseguro que no son abundantes y que, muy probablemente, nadie se fija en ellos en bien del ahorro.
Por ello, cuando alguien les dice “he ahorrado tanto por haber eliminado tantos servicios”, lo que les está diciendo es que es tonto de solemnidad o un mentiroso. Lie to mi. O bien, de lo que se trata es de algo que nunca es legal, es decir, deshacerse de cargos profesionales presuntamente relacionados, aunque sea por simple nombramiento (después de concursos y demás) o por contacto con las anteriores autoridades. Lo que se dice llanamente una purga. O simplemente por eliminar por razones ideológicas al borrar programas o servicios que no se ajustan a las creencias de los nuevos mandantes.
Lógicamente, un nuevo gobierno puede hacer cambios y rehacer estructuras, pero ello no conlleva grandes ahorros por ese simple hecho. El ahorro viene por la mejora en la eficiencia y en la agilidad del papeleo. Y no debiera ser motivo de falsa propaganda. Piensen por un momento la diferencia que existe en el caso que les contaré y que responde estrictamente a la realidad:
A finales del 2003 se produce en Cataluña un cambio de gobierno y la izquierda plural se lleva el gato al agua. En un determinado departamento, los tres nuevos cargos de máximo nivel reúnen a todos los profesionales con mando y a los sindicatos y los confirman a todos, por completo. La maquinaria no paró ni un solo instante y la relación entre políticos y administración siempre fue mucho más que correcta. Eso se hizo a sabiendas que entre esos profesionales había abundantes casos de vinculación, incluso orgánica, con los partidos del anterior gobierno. Pero se respetó el Estatuto del funcionario y ello permitió entrar en una fase de mejoras de organización consensuadas y sin conflictos graves. El ritmo del quehacer y su calidad se incrementaron significativamente. Y nadie tuvo que pasar ningún examen político. Se impuso coherentemente, que quien estaba valía y lo demostraría. Y así fue.
Pregunten hoy que se está cociendo en todos los departamentos y verán la diferencia.
(1) El autor hace alusión a una entrevista televisiva. La periodista habla de recortes; el presidente del Gobierno catalán le responde: Ni diga recortes, diga ahorro.
Lluis Casas. Esperando el vuelo a Sevilla.
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