jueves, 17 de marzo de 2011

MI PADRE Y EL MEMORAL DEMOCRÁTICO






Tras leer RICARDO MARTINEZ MARIN Y EL MEMORIAL DEMOCRATICO he pensado añadir mi testimonio personal. Helo aquí.


Así son las cosas. Mi padre murió en noviembre del 2007 (hace poco más de tres años) en una trinchera de la guerra civil, probablemente en Almería. La cosa fue así por que ingresado con 89 años en el Hospital del Mar, ya en su última fase expresiva, aunque ensoñadora por la medicación, se creyó allí, en la trinchera republicana peleando con insultos en castellano (el era valenciano de lengua) con los de enfrente. Las frases no las repetiré, son solo mías. Nunca antes el asunto de la guerra había salido a relucir, excepción hecha de la herida de metralla que no podía disimular cuando íbamos a la playa. Aparte de eso, nada más, silencio absoluto hasta el final. Ni siquiera mi madre, que si sabía, nada dijo nunca.Probablemente, si esta democracia tan peculiar hubiera creado e impulsado el Memorial en su momento, la dura historia de la guerra podría haber aflorado con normalidad en la mente de mi padre y posiblemente su ultimo recuerdo vital hubiera podido ser otro muy distinto. Tal vez sus nietos, o sus novias, por un decir. No una trinchera de mierda.




Todo eso, para nuestros apreciados cristiano-demócratas y catalanistas de Pro no sirve ni tan siquiera como reflexión educada y respetuosa con los que de una manera u otra han sufrido guerra, dictadura y mal trato continuo. Y pongo juntas a todas las victimas, como lo ha hecho el memorial siempre. Sin distinción de asesino o torturador. Ellos, como ya dije hace poco aquí mismo, hubieran dejado a Cristo en la cueva con disimulo y silencio. Para que no se supiera nada

EL PUTIFERIO DE MAS-COLELL Y EL GOBIERNO CATALÁN




Llegó a mis manos hace poco más de una semana el documento del actual Govern de la Generalitat de Catalunya en el que plantea a nivel parlamentario su estrategia económica frente a la crisis. Ciertos problemas convivenciales conmigo mismo, surgidos de un extraño mundo administrativo en el cual el cambio político se transforma en funcionarios mutantes de oficio y a veces de beneficio, ha retrasado el conveniente y necesario comentario al respecto, puesto que tenia la cabeza atiborrada de trienios, complementos y definiciones de puestos de trabajo.



Pero, por si acaso mis problemas resultan insolubles y finalmente me encierran en las nuevas residencias para trabajadores públicos innecesarios, le he hecho llegar al gran líder una copia de lo propuesto por el govern a beneficio de los ángeles, querubines y el resto de figuras etéreas (creo que son seis en total en dos categorías), únicas en este universo capacitados para creerse todo lo que el documento dice y todo lo que se calla.


Como comentario blogista no me atrevo a darles la tabarra con diez paginas de citas y contracitas. Si tanto les interesa el asunto puede resolverse con medios simples basados en tecnología Internet. No es que les aconseje su lectura como artículo literario o como relajante muscular para el bien dormir, solo lo apunto para aquellos cuya curiosidad es insaciable e infinita su necesidad patológica de cabreo.


En fin, como tiempo habrá, eso espero, para alargar y extender el conocimiento de ese monumento al pensamiento y la política económica puesto que el Govern ha decidido no concretar las victimas hasta después de las elecciones locales, de momento les diré lo más importante:



1. El autor, al menos autor intelectual, un conocido y muy eminente
economista y matemático, utiliza, como tantos otros literatos, el método abstracto. Es decir no acaba de decir lo que quiere decir. Si propone recortes en el gasto, se abstiene de anunciarlos con detalle suficiente para saber de qué está hablando. Si cita deudas o déficits lo hace con el arte del birlibirloque, con lo que consigue despistar al mismo Sherlock Colmes, famoso por su lupa.



2. Su capacidad matemática queda en dudoso lugar. Auque sabemos que en realidad no es así. Cifras, lo que se dice cifras, aparecen más como una especie de telón de fondo para confundir al espectador –y al mismísimo Holmes-- que como objetivos racionales, producto de modelos y del conocimiento profundo de la economía catalana.



3. Tal vez por la edad del redactor, o simplemente, por culpa de la fotocopia, el documento casi no dice nada, pero nada de nada de los ingresos. Si hacemos excepción de ciertas cantidades en débito con/de Madrid y ciertos patrimonios nosocomiales que lucirían mejor en el balance de nuestra autonomía que en el de la Seguridad Social, poco más aparece en el documento.



4. Parece ser que el eminente proponente no sabe nada de fiscalidad, ni, claro, de justicia fiscal, o de simple redistribución de la renta. Y, por no saber, no sabe que su entorno quiere que sus ancestros mueran sin tener que pagar el impuesto de sucesiones (la cifra ronda únicamente las 600 personas más orondas en patrimonio de Catalunya). Puede ser que sea simple vergüenza torera esa arriesgada ignorancia.



5. Tampoco hay nada sobre el impuesto de sociedades, del IRPF, etc. Simplemente alude a que mantendrá los cambios que el gobierno de izquierdas introdujo para elevar ligeramente lo que pagan los ricos. Algo es algo, dirán los optimistas.



6. El resultado es simplemente un documento que exige un nuevo esfuerzo a los sectores del trabajo o de la jubilación o del paro a base de reducir un nivel, más bien medio, de los sistemas de servicios públicos y de bienestar social que poseemos. Parece ser que las dos victimas propiciatorias serán educación (todo un lujo recortar la educación) y sanidad, ésta en beneficio de ese sector tan necesitado de negocio como las mutuas y los hospitales privados. Quien use el sistema público deberá proveerse de un plan quinquenal de gripes, lumbalgias y otras dolencias primarias para concertar cita con dos años de anticipación.



Como comentario final en este caso, les diré que la sabiduría con que debe adornarse todo documento parlamentario ha desaparecido. Existen, eso si, afirmaciones categóricas sin el valor de la prueba o, al menos, la comprobación. Se habla de déficit como concepto pecaminoso, pero Catalunya luce un déficit más bien modesto en relación a la inmensa mayoría del universo. Se habla de la deuda pública en los mismos términos. Supongo que ese 36% de deuda sobre el PIB que tiene nuestra economía les parecerá menor que el 200% del Japón, o del más del 100% de otros muchos. Puestos a comparar, Catalunya está en términos de deuda y déficit público mucho mejor que la inmensa mayoría de los landers alemanes. Por ello a qué viene esa especie de condena bíblica solo para consumo catalán. Simplemente porque la oligarquía al mando no quiere compensar gasto público imprescindible para el bienestar de la mayoría y para impulsar la economía y la ocupación porque esos dineros deberían venir de los altos ingresos, de las SICAV, refugio de piratas, del patrimonio, de los altos ingresos de algunas empresas que utilizan el oligopolio como eje de caja, etc.



Si se han fijado bien, incluso nos anuncian despidos masivos de trabajadores públicos, aunque los ratios catalanes son los más bajos de España y del mundo entero. Podríamos decir que el eslogan es: generaremos paro para crear ocupación. Cosa que podría hacer gracia dicha por el gran Groucho, pero no por el consejero de Economía.



En fin, les dejo distraídos con lo dicho y hasta más ver.



Lluis Casas solo, muy solo



martes, 8 de marzo de 2011

LOS CIEN ECONOMISTAS Y LOLA FLORES





De todo hay en la viña del señor, afirmación que hay que matizar hoy en día a causa de que al margen de si hay o no hay, los intermediarios entre el señor y los súbditos, es decir, los media, pueden hacer que no se vea lo que hay y que reluzca lo que falta.



Eso viene a propósito de esos magnánimos 100 economistas (vaya nombre absurdo) que andan metiendo la pata y probablemente la mano, desde que el neoliberalismo vio la oportunidad de ganar una guerra perdida (la crisis financiera e inmobiliaria) con el apoyo imprevisible de la desazucarada socialdemocracia y otros oportunistas al quite en este rincón planetario. Hablo de organizaciones y especialmente de los dirigentes, nada que ver con simpatizantes, sufragantes y poseedores de carné.


Recuerden las palabras provinentes de la derecha europea que afirmaban no hace más que unos meses que el capitalismo debía reformarse en profundidad y que el sistema financiero era una especie de gran algarabía de gángsteres –lo sabían por propia experiencia-- dispuestos a todo, siempre a cambio de cientos de millones.


Nuestro ilustre capataz de Parapanda acierta cabalmente en su último comentario sobre esa centuria:
ESA COFRADÍA PENDENCIERA DE LOS CIEN ECONOMISTAS. Si seguimos los curricula de la mayoría de esos 100 encontraremos abundantes ejemplos de servidores de su señor, tal vez no al estilo de Giddens o del ilustrísimo director de la London School Economics, porque todavía hay clases, pero por ahí va el tomate. Eso ocurre muy a menudo no solo con agrupaciones al mando de su centurión, sino con entidades que esconden discretamente vinculaciones con la banca o con la energía nuclear o con el petróleo y dan lecciones sobre lo razonable que es consumir átomos o pagar comisiones por pasar por caja.


Los media que reproducen fielmente comunicados y órdenes, no matizan los orígenes y los hipotéticos intereses que pueda haber detrás de las ideas que causan beneficios a unos y enormes costos a otros. Y, utilizando el sistema goebbeliano de la insistencia, convierten lo que, como mucho, podría ser una opinión en una verdad como un templo. La multitud de medidas, que al calor de esa estrategia de dominio mediático que ejerce la derecha, son más que abundantes y de enorme importancia muchas de ellas. No las citaré todas, simplemente no caben en los bits de mi ordenador, pero insistiré en una:


El problema español, como el portugués, el irlandés, el griego y otros varios no es el déficit público, nunca lo ha sido en los últimos años: es la deuda privada acumulada en los bancos y en las inmobiliarias (de hecho ahora ya es casi lo mismo). Deuda producto de un mal hacer profesional que no ha recibido la debida reprimenda judicial. Los países han asumido costes privados a un nivel enorme para salvar al sistema bancario y los están trasladando a precio de saldo a los ciudadanos contribuyentes y mayormente a los ciudadanos contribuyentes con dependencias sociales.


Visto así, el asunto y las opiniones toman otro cariz. Podríamos haber nacionalizado la banca, otros lo han hecho. De modo que el saneamiento no se lo embolse nadie indigno de ello y que las empresas que buscan financiación para sus proyectos encuentren quien les escuche y les apoye. Gran Bretaña hizo algo parecido, como Suecia en su día, como parcialmente otros, y les ha ido bien. Aquí no. Aquí para pagar las pérdidas de unos, con perdón, nos, joden la pensión a otros y los créditos a los demás. Y los 100 economistas glosan que eso no es suficiente y que hay que ir más allá. Tal vez hasta el circo romano y el trabajo esclavo.


Les propongo que reaparezcan los 1.000 economistas que piensan lo contrario y que además no pertenecen a nóminas que los obliguen discretamente a decir esto u aquello al albur de quien la firma. En todo caso, oído cocina: los mentados centuriones están que trinan –y como la Zarzamora, lloran y lloran por los rincones-- porque su evangelio no cuaja. Y, aunque apoyado por no pocos golillas de algunas covachuelas ministeriales, observan crispadamente que, de momento, sólo frecuentan –dicho gramscianamente-- una guerra de trincheras.



Lluis Casas parcialmente, como ven, recuperado.

martes, 1 de marzo de 2011

¿QUÉ SERÁ, SERÁ?






Es obligado seguir hablando de la crisis (¿una,varias?) norteafricana, por diversos motivos que apunto a vuelapluma:



1. Por el precio del petróleo. Asunto que levanta más que suspicacias y reduce la velocidad…de la hipotética recuperación hispana. Al menos de esa seguro. Por cierto, ¿donde están ahora los propagandistas en contra de la energía solar y eólica, que, pienso yo, no se han movido de precio?.


2. Por las pacíficas e inexorables migraciones mediterráneas, la enorme población joven norteafricana, con porcentajes de estudios y cualificación sorprendentemente buenos, quieren futuro ahí donde lo haya.


3. Por la hipotética influencia del radicalismo religioso. El asunto en mayúsculas provinente directo del imperialismo (recuerden Lawrence de Arabia, film que va como anillo al dedo ahora mismo) y de los dólares en Afganistán, cuando la invasión soviética. Aquí hay para todos.


4. Por que todavía nadie sabe hacia donde se dirige el asunto, si hacia algún sistema democrático o hacia otra autocracia modificada.


5. Por la fuerza extensiva de ese movimiento popular, nadie sabe hasta donde llegará, puesto que enpieza a afectar a países o zonas en donde el aspecto económico no es relevante.


6. Por lo que pasará con las mujeres, metidas en el cambio y hasta donde ¿dispuestas a seguir donde estaban?


7. Por la dureza y la resistencia hacia el cambio de las élites y la capacidad popular de crear cosas nuevas.


8. Por lo que estará haciendo Israel y lo que estará dispuesto a hacer.


9. Por lo que estará haciendo Irán.


10. Por lo que han hecho y tal vez seguirán haciendo esas democracias tan hacendosas europeas a las que cualquier crisis les coge con el pie y el pensamiento cambiado. Una panda de mastuerzos. Cada día se parecen más a esa generación producto del inicio del siglo veinte.


11. Por la opción definitiva de los USA, malgré Obama.



Son solo algunas cuestiones parcialmente ocultas en las informaciones periodísticas.


No se si coincidirán conmigo, pero tengo la impresión de falta de imágenes reales de lo que sucede, sobre todo en lo que se refiere a Libia y a los movimientos en Túnez y Egipto a la vista de ciertas inacciones. Ese posible vacío informativo se debe a alguna posición impuesta, por ejemplo los enfrentamientos armados en Libia se hacen con ametralladoras simplemente o hay combates de mayor envergadura y por lo tanto, entre facciones del ejercito. No parece que la información sea muy veraz o al menos realmente clarificadora.



Lluis Casas en desacuerdo total con Fidel, cosa normal, vaya.

miércoles, 16 de febrero de 2011

¿LA AGONÍA DE LA DEMOCRACIA?






Deberían ustedes reconocer conmigo que la cosa está tan liada como para irse a algún desierto a verlas venir. Incluso subido a una columna, cual Simón en el desierto, y en espera del paso de algún hombre justo que aliente el retorno.


Digo lo del desierto, porque tal como está el asunto, es en el norte de África en donde existen los pocos lugares en los que hay grandes probabilidades de encontrar eso tan raro como son los hombres y las mujeres justos. Agua no habrá en abundancia, pero honestidad, honradez y ciudadanía a raudales. Y eso, visto desde aquí, en manos del príncipe Mas y del jefe de negociado Zapatero, es no sólo evidencia empírica, sino satisfacción a raudales.


Tal vez ustedes me dirán que claro, ahí en Egipto no había elecciones, cosa que aquí si tenemos en abundancia (con unos como ese trajeado Camps a la cabeza). Que en Túnez el trabajo brillaba por su ausencia (entre nosotros, si las cifras son ciertas el paro es mucho menor ahí que aquí), que la corrupción yemení es de armas tomar y la verdad la de aquí a la vista de los informes de los inspectores fiscales y de la economía sumergida no me perece precisamente menor. En fin, argumentos en uno u otro sentido muchos y muy diversos. Pero lo que sucede es lo que sucede y eso, al menos en este momento, nadie puede discutirlo. Incluso en momentos de debilidad personal como los actuales, ver a los dictadores de Egipto y Túnez (por el momento) tomar las de villa Diego sin fallecer por causas naturales en un hospital de su capital es algo que, por la edad, me produce una cierta vergüenza práctica.


A propósito de ello, les comento lo que sigue. Hoy mismo he terminado de leer el libro de un periodista ya fallecido en los años 40, poco antes del final de la segunda guerra mundial. Les habló de Manuel Chaves Nogales y de su “la agonía de Francia” (por cierto tiene una biografía reportaje sobre Belmonte). Chaves Nogales emigró de España en plena guerra civil y poco después se vio obligado a hacer lo mismo de la Francia ya semiocupada en dirección a Inglaterra. En La agonía de Francia analiza multitud de cuestiones que en su pensamiento estaban en la base de la inmensa derrota de Francia frente al hitlerismo. En síntesis fue el abandono de la esencia democrática a la francesa lo que destruyó la Francia que debería oponerse al fascismo.


Chaves Nogales fue un demócrata acérrimo, liberal en los términos al uso en la época, seguidor del azañismo y probablemente un reformador distante. Yo, personalmente, disiento en muchas de las cosas que en el libro apunta como motivos básicos del hundimiento francés, pero no es eso lo que quiero comentarles y no es, ni tan siquiera, demasiado importante hacerlo. El libro es periodístico y hecho sobre la marcha: la marcha desde España a Francia y desde Francia a Inglaterra. Es decir huyendo. Hay ahí un enorme respeto por el que escribe en esas condiciones.


Todo eso lo digo como reflexión cansada a las miles de páginas de periódico y cientos de minutos de radio y televisión en las que nada es verdad o al menos nada está cerca de la verdad. Y en donde la democracia real, que es opinión contrastada y referencias ciertas sobre lo que realmente ocurre, no solo brillan por su ausencia, sino que terminan en caer en el sistema goobeliano: machaca una mentira hasta que se convierta en el imaginario del público en verdad exclusiva. El periodismo actual ha conseguido estar tan despistado (o tan acobardado) como para hacer desaparecer la esencia de la verdadera democracia: al acceso al público de toda opinión fundada, la certificación de lo que se dice, la duda respetable respecto al poder económico y la investigación honrada y la presencia más escasa posible de esa turbia novela rosa pútrida de cada día.


Hoy oímos que la reducción del gasto público es una verdad aceptada, sin oposición alguna, ni matiz o tamiz posible. Ya hoy se nos advierte que eso de la jubilación será para los cadáveres, puesto que los límites previstos se acercan a los 69. En cambio, frente a las espeluznantes noticias respecto a los delitos fiscales, a la huída de capitales, a los delitos al estilo Ruiz Mateos y tutti quanti, las noticias pasan y se abandonan. En sede Convergente los insignes y honrados implicados en las fraudulentas operaciones de intereses inmobiliarios asisten impertérritos a las declaraciones del príncipe Mas aludiendo a un país hundido y sin recursos. Sin querer añadir más leña al fuego, yo estoy esperando explicaciones sobre ciertos negocios familiares del príncipe o familia, que pienso no llegaran nunca.


Las reformas que se nos imponen no son reformas consecuentes con la situación. Son reformas que van a favor de unos y en contra de la mayoría, y por eso mismo, envilecen la democracia que exige un reparto equitativo de sacrificios cuando estos aparecen. Alguien ha propuesto la desaparición de las SICAV (al margen de las buenas gentes de ICV o de IU), o de redescubrir la justicia fiscal sobre el patrimonio o sobre la especulación urbanística, o sobre la especulación ignominiosa sobre los alimentos o sobre las monedas en mal trance. La mejor democracia es la que siente el ciudadano cuando sabe la verdad y entiende que es tratado con justicia y sin distinción.


Si Chaves Nogales existiera, hoy nos hablaría en esos términos sobre la agonía de Europa y especialmente de la agonía de España.



Lluis Casas desde una casa de reposo.



viernes, 11 de febrero de 2011

AUSWITCH-BIRKENAY SIGUE AHÍ, PRESENTE




En primer lugar les presento mis excusas por faltar, sin anuncio por medio, a mi cita de la semana pasada. Ello se debe a una peculiar situación histórica un tanto extendida entre algunos servidores públicos catalanes (un número no especialmente bajo, no crean), entre los que me hallo y que tienen el horizonte borroso y las coordenadas confusas. En síntesis, que alguien se ha empeñado en que no demos ni golpe por oscuras razones paranoicas.
Otros, en estas curiosas circunstancias, se habrían lanzado a la poesía o a las quinielas. Yo, lamentándolo mucho por mi mismo, he ido al médico.

Bien, así las cosas en lo que a la circunstancia profesional se refiere y un tanto hecho ya a lo que pueda venir, he salido de casa arrastrado por familiares y amigos a ver algo que no es precisamente conveniente para los ánimos un tanto alicaídos del que les escribe. Me llevaron a rastras a ver la exposición en el Centro de Cultura Contemporánea sobre las fotos de los desaparecidos de Gervasio Sánchez.

Lo que yo presumía como un nuevo placaje sobre el terreno al más puro estilo del campeonato de las cinco naciones, se transformó en todo lo contrario, en un insuflo de mala leche y de ganas de dar unos cuantos guantazos reales o morales. Mi agradecimiento infinito a los que me arrastraron a ello.

La exposición, que recomiendo encarecidamente, es espléndida y terrible. No puedo resistir volver a aquel eslogan de hace unas pocas semanas del descenso a los infiernos, a raíz de la novela de Vargas Llosa. Gervasio Sánchez nos lleva ahí de nuevo con una sensibilidad y una capacidad técnica maravillosa. Nos fotografía al monstruo sin que este aparezca lo más mínimo, simplemente con los retratos de quienes quieren saber donde están sus allegados y la certificación forense de fosas y almacenes refrigerados.
Gervasio Sánchez es tan cuidadoso con lo que nos dice y como lo hace que obvia, en honor del espectador, a culpables directos e indirectos. No salen los generales argentinos, ni siquiera el secretario de estado de turno, mi los descerebrados camboyanos. Tampoco están todos los que debieran, puesto que no existe Marruecos, por poner un ejemplo cercano, ni tampoco la Palestina de ahora mismo. Pero la efectividad es la misma, incluso mejora esa falta de exhaustividad en el testimonio sintético y representativo. No habría espacio en el Nou Camp si el fotógrafo hubiera cubierto toda la injusticia existente. Con una parte de ella y la capacidad sensible del espectador es más que suficiente.
No encontraran tampoco al nazismo, ni al peor estalinismo, Gervasio Sánchez va a lo más reciente, a la dulce cintura de América (Honduras, Guatemala, Colombia), al cono sur argentino y chileno, al cercano oriente iraquí y al lejano oriente camboyano.

Para no sentirnos al margen, el fotógrafo nos apunta nuestros propios desaparecidos de la guerra civil y de la posguerra, en unas pocas imágenes que dan testimonio de lo débil que es nuestra democracia y la enorme flojera ideológica y corajuda de muchos mandamases en nuestro país.
Sin ir muy lejos, el nuevo gobierno catalán ha dicho reiteradamente que el Memorial, la institución que después de 40 años, hemos conseguido implantar para recordar todo lo que debe ser recordado ha de ser, además de humillada, reducida a un grupúsculo de activistas sin dinero. Eso lo dice un gobierno salido de elecciones y un partido que tuvo en su máximo dirigente a una victima de la represión y lo hace, por simple ignorancia profunda, en el momento que Gervasio Sánchez nos muestra como en otros lugares, con peligro real y memoria más reciente, los hombres y las mujeres demócratas sacan a sus victimas del olvido y de las cunetas.

Así son, como ellos mismos demuestran nuestros demócrata cristianos.

No son ni lo uno, ni, por descontado, tampoco lo otro. Si fuera por ellos, Cristo no hubiera podido salir de la cueva en la que fue ocultado.

Lluis Casas, en casa del terapeuta.


domingo, 6 de febrero de 2011

ESQUIZOFRENIA





No se si les ocurrirá lo mismo, pero en estos momentos tengo dos personalidades, una animosa y dispuesta a ser exultante por lo que los pueblos norteafricanos están haciendo y, otra, más domestica, francamente depresiva.


La visión de un país de ochenta millones de personas que está cambiando de manos (proceso que será difícil y aún por decidir en cuestiones fundamentales) a través de la presión popular y en segunda edición si contamos la pequeña Túnez, es para frotarse los ojos. Me vienen a la memoria los debates sobre la revolución espontánea o no tan espontánea, que teníamos hace unos pocos lustros. Hoy estamos asistiendo a una sublevación popular en varias dictaduras de protectorado americano o europeo, con unas características ciertamente alejadas de las tradiciones revolucionarias basadas en la acción política clandestina y con organizaciones preparadas para ello. No es que haya un vació total, sino que es más radical aún, las organizaciones que podrían encabezar tal cambio han sido tomadas por sorpresa y han optado discretamente por el apoyo sin buscar la cabeza de la manifestación. Ahí hay un pueblo espontáneo y los mecanismos modernos de comunicación.


En fin, como el asunto está en plena ebullición y evolución, la alegría debe contenerse en espera de confirmaciones. Por lo pronto, no hay intromisión imperial, al contrario se producen recomendaciones de impulso democrático allí donde no hace mucho se hubiera implicado la CIA y los portaaviones. Veamos pues una novedad histórica.


Mi otra cara está formada por lo que nos ocurre aquí ahora mismo. El gran pacto, al que yo llamaría el mejor peor acuerdo posible. Ahí los sindicatos han jugado en terreno contrario y han sabido malignamente ganar tiempo. Si veinte años no son nada sentimentalmente hablando, son muchísimos desde el punto de vista político, social y económico. Tal vez los nuevos tiempos den oportunidades para recuperar lo perdido.


Debo reconocer que cuando uno firma un acuerdo mientras la primera parte te esta cortando un brazo es difícil de explicar la bondad de lo conseguido. Pero así es en este caso. Los sindicatos han evitado algo muchísimo peor. Algunas críticas apuntan a que era necesaria una confrontación total, huelga general, etc. Sin dejar de tener razón, el nivel de afiliación sindical y la capacidad actual de nuestros ciudadanos para la rebeldía democrática no creo que permita esas florituras. Más adelante ya veremos.


El acuerdo social está cojo, por descontado. A mi me faltan unos cuantos puntos fundamentales, el primero es la sujeción de la banca a los objetivos políticos, entre ellos la inexistencia de oligopolios de este carácter. Me falta también, una reforma fiscal que devuelva a nuestro sistema la justicia distributiva que nunca debiera haber perdido. Si los trabajadores ponemos encima de la mesa esos enormes sacrificios en términos de renta futura (las pensiones), el IRPF, el impuesto de sociedades, de patrimonio, de sucesiones y las SICAV deberían estar al mismo nivel.


Tal vez así el déficit no seria tal y la capacidad de enfrentar la crisis mejoraría substancialmente.


En fin, esperemos mientras los bancos se comen el bocado más apetitoso, las cajas. ¿Qué más querrán?


Lluis Casas en el terapeuta