lunes, 26 de septiembre de 2011

¡HUY!



Mi buen amigo Ricard Fernández Ontiveros (cuyos ancestros son académicamente de la ciudad bañada por el Genil y Darro) me aconsejó hace unos días la lectura del que, según el, era la mejor descripción de la crisis, de sus causas y de sus actores. Ricard me dijo que se había leído todo lo que ha salido sobre el asunto y que no tenía duda alguna. Como se que Ricard duerme escasamente tres horas y sin siesta, su afirmación es de fiar. El título además es consecuente con lo que ha pasado y lo que pasa, a la vez que la ironía y la mala leche forman parte de forma muy británica del texto y dan una cierta alegría a su lectura. Ahí va:


John Lanchester
¡Huy! Por qué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar
Anagrama 2010


Yo ya lo tenía en mi lista de la compra, junto con otros 1700 títulos (no es broma) acumulados a causa de que la velocidad de lectura y la explosiva aparición de novedades dan para lo que dan. Ahí estaba escondido entre los demás, eso si, subrayado y en tono rojo para mi vergüenza de lector bien administrado. Lo recuperé de inmediato y dado que estaba disponible en una biblioteca cercana me acerqué en su busca.


Conclusión, Ricard Fernández tenía razón. El libro vale la pena y tanto. Pienso que es del nivel divulgativo equivalente al reportaje fílmico INSIDE JOP, todavía visible en los cines Icaria para a quien se le ha escurrido de prioridades.


En el libro tienen las causas históricas, políticas, académicas, técnicas y psicológicas en una amena y hasta cierto punto sencilla descripción de todo ello junto y por separado. Les advierto que la descripción de los crímenes financieros perpretados con instrumentos de enorme sofisticación (por cierto una capción del término es en castellano, falsificación o adulteración, absolutamente acertado en este caso) tiene sus problemas, pero no se preocupen si les cuesta o no pueden llegar a entender con precisión cada objeto especulativo. Lo mismo les pasó a sus inventores y a sus administradores. Nadie supo nunca que tenía exactamente entre sus manos. De hecho el libro nos relata esa fase de la estupidez humana cuando no hay límite para la ambición de dinero y tampoco hay normativa que impida el gangsterismo acomodado. En fin, si les place y lo leen, verán a unas empresas, los bancos y todos sus adláteres, unos hombres, los financieros y un entorno político, incluidos los bancos centrales, que se sentían todopoderosos jugando con verdaderas bombas nucleares económicas, sin entender ni papa de neutrones.


El autor, un sorprendente novelista ya conocido por aquí, no es un sesudo y aburrido catedrático de economía neoliberal y por ello nos lanza al supermundo de las finanzas actuales con un enorme sentido práctico y un profundo conocimiento del asunto. Simplemente es hijo de banquero a la antigua, por lo que sabe hacer las cuentas perfectamente.


Si quieren un resumen, con una síntesis apabullante, les diré que les explica como el neoliberalismo financiero sabe transformar un acto productivo o un servicio (una necesidad humana) valorado en 100 en una múltiple y compleja bola de nieve de deuda que llega a multiplicar por cien mil la cifra inicial. Simplemente estamos en un mundo económico ficticio que funciona mientras nadie se da cuenta de ello. El resultado no es neutral, pues cuando revienta la bola, y siempre revienta, el daño lo pagan quienes ninguna culpa tenían. Los causantes son demasiado grandes, demasiado poderosos, demasiado amigos para ir a la cárcel o para pagar las deudas.


Un economista italiano, Carlo M. Cipolla (vayan a Wikipedia vale la pena) hizo una excelente descripción de la estupidez humana y del porcentaje fijo de estupidez existente en cualquier grupo humano. Afirmaba que la estupidez es una actitud que implica hacer daño al ajeno y a si mismo. Todo un acierto.


Lluis Casas, pensando como es posible que haya tanto estúpido en Wall Street, muy por encima del porcentaje propuesto por Cipolla.