lunes, 3 de agosto de 2009

LA VIVIENDA EN PLENO FERRAGOSTO






Ni en plena hégira de vacaciones las malas noticias nos abandonan; por lo visto están exentas de periodo vacacional.


He leído, ya en el campamento veraniego, que los precios de la vivienda sufren síndromes de lo más extraño y sorprendente. Dicen los textos periodísticos que la vivienda de protección oficial tiene un precio superior a la del mercado libre en Catalunya. Cosa realmente sorprendente dado que la vivienda pública existe bajo la consigna política, la regulación legal y el apoyo racional a obtenerla en base a precios asequibles (en términos relativos) respecto al supuesto mercado.


En las notas periodísticas nada se dice sobre las causas de tan extraño fenómeno. Con ello parece atribuirse el asunto a razones desconocidas o, tal vez, a las meigas que desde el costado celta nos lanzan sus amenazadoras miradas.


¿Existe realmente el fenómeno?, o, ¿es producto de las manipulaciones estadísticas? Manipulaciones en el sentido llano del término, o sea, el simple tratamiento de datos. No tengo información directa, de momento, sobre el anómalo suceso y solo dispongo de la parte racional de mis neuronas para pensar que es lo que sucede. Por lo pronto, se me ocurre un enfoque que, si bien no da sentido cabal a la respuesta fenomenológica, si atiende al fundamento del problema.


En nuestra peculiar estructura del sistema de producción, venta y alquiler de la vivienda se nota la mano del mercado allí en donde miremos. En ningún sitio aparece con claridad la respuesta lógica, justa y económica a lo que la constitución nos emplaza: la vivienda es un derecho. En realidad todo el tinglado es un curioso montaje en desequilibrio en donde todo se hace para no hacer lo fundamental: la producción pública de vivienda en alquiler en dimensiones y en una distribución territorial que abastezca las necesidades básicas de la población. Como eso no lo hacemos, hemos de hacer mil filigranas para que parezca que tenemos política pública de vivienda, y esa escasa y desenfocada política produce sorprendentes criaturas, como la presente, en la que el preció tasado de la oferta pública (núcleo existencial de la presente política) no evoluciona respecto al mercado libre (que por razones de caída del mercado busca en el precio su salida) y termina por ser más cara. Y escasa añado.


No era difícil prever el acontecimiento, incluso, creo yo, asistiremos a más fenómenos extraños en apariencia, pero que simplemente reflejan esa contradicción de base. Para no cabrear al mercado, dios todopoderoso que solo tiene un pueblo elegido, los promotores, hacemos mil filigranas para poner en el mercado en pleno auge especulativo viviendas a un precio que en esas circunstancias parecía benéfico. Hoy resulta estúpido.


Lo realizado en la materia en Catalunya, a pesar del comentario anterior, se ha hecho con enormes y solitarios esfuerzos de una fuerza política y social que es la única en pretender una política coherente de vivienda. Los equilibrios a la que esta ha tenido que atender en el largo y proceloso camino legislativo, económico y de producción la han dejado en paños menores en las actuales circunstancias. No es lo que se pretendía, pero las circunstancias son siempre lo que son. Hoy no estaría mal una reflexión en torno al asunto, para que en el inmediato futuro no se pierda la experiencia y si es posible, tampoco el esfuerzo y la energía necesaria para volver a la carga.


La vivienda, motor en sucesivos periodos de la economía española siempre ha hecho sucumbir la parte social del asunto, la vivienda pública y de alquiler. Ello sucede por que esa es la verdadera amenaza al promotor que siempre campa libre por sus respetos. Sin el 30% de la vivienda que en Europa está bajo esa influencia, el precio no es solo libre, sino que quita libertad y dinero a los sectores sociales a los que ese porcentaje atiende. ¿Verdad que lo entienden?



Lluis Casas desde la Costa Este.