martes, 2 de octubre de 2012

HOMENAJE A ERIC HOBSBAWM



Valga el simple título para hacer un sentido homenaje a un intelectual de la talla del historiador británico. Huelga anotar una necrológica o un panegírico, ya que los medios se encargan de ello y a los que el personaje ya es de su interés conocen adecuadamente su trayectoria política e intelectual.
Quien no haya alcanzado a leerlo, le aconsejo que lo haga. Da lo mismo si es una obra de los cincuenta o sesenta o si son, ya, producciones más cercanas. Tan cercanas que aun està pendiente de aparecer su último escrito.
A los 95 años todavía podía dar lecciones tanto de inteligencia, como de habilidad literaria. Un gran ejemplo y un gran contraste con otros muchos, más impresionados por si mismos que por aportar conocimiento.

                       LO QUE ME IMPORTARIA SABER

Desde el federalismo más acentuado, tanto que podría pretenderse independentismo, querría hacer unas reflexiones sobre el cómo se està haciendo esa pretendida operación (no sé cómo llamarla) de alejamiento de Catalunya de España. O de España de Catalunya. O ambas cosas a la vez.
De entrada mi valoración es considerar que lo que está pasando es de una enorme irresponsabilidad política. No me refiero solo al Govern de la Generalitat que ha optado por una salida muy compleja a un problema de falta de apoyo parlamentario y a unos costes crecientes de desprestigio por los recortes sociales que ha emprendido. En ese concepto, sitúo también a los gobiernos del Estado, a determinados aparatos de propaganda y a un concepto estrecho de la soberanía, la constitución y de los derechos fundamentales de los ciudadanos y de los pueblos.
La irresponsabilidad política casi siempre va de la mano de la ignorancia histórica y de la falta de sentido democrático. Se imponen intereses cuyo valor es inmensamente menor que los riesgos que crea apuntalarlos.
No recuerdo ejemplo de proceso de independización pacífico que llegué con la rapidez de este. Ni que causara tal sorpresa y despiste en las zonas gubernamentales, económicas y sociales. En Madrid han estado jugando infantilmente con fuego con la inconstitucionalidad, con una falta de tacto y respeto y con un cierto vaciado económico que ha producido una explosión de hartazgo ejemplarizada en la manifestación pasada en Barcelona.
La sintonía entre ambas capitales, Madrid y Barcelona, no ha funcionado durante muchos años. Ignorando una latencia de independencia que si fue, en momentos, harto minoritaria, conectaba con unas circunstancias que lentamente la hacían más sólida.
Ahora tenemos lo que tenemos. Una enorme y compleja situación en la que las diversas opciones de arreglo se sitúan en muy mala posición, según y cómo vayan las cosas.
De momento, la tensión va en aumento a través de declaraciones absolutamente irresponsables y decisiones que echan leña al fuego (vean sino el asunto de las inversiones para este ejercicio próximo, o la insistencia totalmente inoportuna por discutir de nuevo si el eje con Europa pasa o no por aquí, o por allí).
Cada día que pasa, la inflación de la independencia se incrementa algún punto. Incluso a pesar de la verbalización de amenazas militares, de pérdida de pensiones y otras catástrofes que no tendrían ninguna necesidad de aparecer, simplemente porque los acuerdos acaban con ellas.
Por todo ello me importaría mucho saber cómo configuran el futuro en un sentido u en otro los que son partidarios de una cosa o de la otra. Un gobierno, un pueblo no deberían convocar, elegir y en su caso determinar una decisión de la importancia de la separación (sea cual sea el tipo de separación), sin haber estudiado las consecuencias, las alternativas, los hilos de los acuerdos y el rebaje a la mínima expresión de las tensiones que produce en la población el no saber qué pasará con esto o con lo otro (todo ello referido a los asuntos del comer, del vivir, del convivir, del cobrar, etc.)
Si eso no es así y las cosas siguen en torno a sentimientos, a cifras aproximadas (o sin aproximación ninguna), al tú más. Me temo que independientemente del final del capítulo que la futura legislatura catalana nos depare, habrá un exceso de amargura y resentimiento.
Insisto en lo dicho. Les escribe quien considera el federalismo profundo la opción más deseable, pero que no le hace ascos a largarse. Eso sí, con las cosas claras y las formas educadas y convivenciales de las que nunca se puede carecer. Por cierto, si hablo de independencia me importa tanto serlo de La Caixa, del Sabadell, De Planeta, de Abertis, de la iglesia, etc. que de Madrid. Y me importa tanto a más el modelo de sociedad que subyace bajo la independencia: justicia, solidaridad, democracia, derechos y el largo etcétera que ustedes ya se saben.

Lluís Casas, pensando en invernar