miércoles, 23 de junio de 2010

DOS PRÓCERES EN LA CÁRCEL




Según mi familia esa benéfica circunstancia podría deberse a dos ingresos en la cárcel Modelo que se produjeron hace días. Se trata de dos insignes próceres barceloneses llamados Millet y Montull, vinculados al entramado del caso Palau de la Música Catalana. Hasta ahora se habían librado de esa circunstancia por motivos incomprensibles. Yo no soy consciente de ello, pero ¿para qué discutir? Igual tienen razón.


Ya metidos en esa materia, veo que los jueces se comportan como los clavos, un clavo arranca otro clavo. Al menos la conclusión operativa de hoy ha sido una substancial mejora de ese magma inconcreto que es la justicia. Felicitaciones al clavo que ha sacado a otro. Muchas gracias a la señora De Rosa, la Juez que da dignidad a la judicatura.


El asunto de las relaciones entre los poderosos o los muy conocidos y la administración es más viejo que Matusalén. Los periodistas, esos organismos pluricelulares con escasa memoria y pocos conocimientos enciclopédicos, no se acuerdan de ello, pero ya en el alto Egipto se producía más de un conflicto entre escribas sentados y apaleadores de pirámides. No digamos ya en Roma, en donde la especulación urbanística se transformó en un modo de vida para alcanzar el título de caballero, incluidos los incendios y las reconstrucciones habituales, como hoy día mismamente. Todo está en la literatura, tanto en los tratados de historia, como, para mayor comodidad, en las novelas ilustradas. Quien quiera saber no tiene dificultad ninguna.


De todos modos, y como he sido testigo de alguna correría de este tipo, se lo cuento:

Si usted es un ciudadano, digamos, de a pié y quiere impulsar un negocio urbanístico, deberá pasar por las horcas caudinas de diversos funcionarios y secretarias o secretarios, sin, al fin, conseguir la entrevista con el mandamás que prevé definitiva para la marcha de su propuesta. Seguramente todo acabará en las oficinas municipales con los técnicos de rigor y las normas de obligado cumplimiento. Eso es el buen funcionamiento de la administración. Todos iguales y cumpliendo normas.


Ahora bien, si por esas casualidades de la vida, que en Catalunya se producen una detrás de la otra, uno es el cuñado del presidente del club de tenis en donde el mandamás come cada quince días; o, si quieren, preside el coro sinfónico, la llamada puede resultar mucho más positiva: “Oye Manolo, perdona que te moleste. ¿No tendrías un momento para que pueda explicarte un proyecto de recalificación que es imprescindible para tu municipio?” A menudo la cita se concreta con el mandamás o con el concejal de urbanismo
[1]. El resto es perfectamente previsible.

En la inmensa mayoría de las ocasiones no hay flujos irregulares de caja. El mandamás, el concejal y sursum corda no ingresan nada, su honestidad se mantiene intacta. Ahora bien, ese proyecto salva dificultades, se ahorra comparecencias, se laminan oposiciones y se erige en algo emblemático para el municipio. El viento en las velas.
Aunque a veces, se tropieza con una concejala anómala, que se toma la molestia de calibrar todos los intereses, no únicamente los del promotor, y hace estallar la polémica. El resultado lo conocemos, la concejala de distrito salta por los aires
[2].


Insisto, nadie se embolsa nada particularmente. Pero alguien hace un negocio más redondo, más rápido y con menos costes de lo que hubiera sido habitual. E, incluso, algunos se embolsan comisiones de dimensión futbolera por esas llamadas amistosas y peligrosas.


El concejal de urbanismo llama a eso trabajar por el país y a la actitud de la concejala de distrito lo llama estar hundiendo al país. Son palabras reales oídas por mis adminículos de sonido. En algunos casos complejos, es decir todos, siempre aparece alguna transferencia de valor del sector público al privado, pero eso, ya lo sabemos, es por habitual un acto sin importancia.


Esa connivencia entre conocidos o entre conocidos de conocidos y esa actitud benevolente frente al negocio inmobiliario es la tentación de Satanás y es lo que impulsa una derivada, que no siempre se produce, en forma de paquetitos, de maletas o de flujos suizos. En algún caso a domicilios particulares, en otros casos a sedes de alguna institución u organización, todo ello a través de cauces lo más profundos y enredados posible.

Insisto, en la inmensa mayoría de los casos el funcionamiento está de acuerdo con la norma y con la decencia, pero se ha facilitado por encima de lo adecuado un camino rápido y una comprensión de los intereses del proyecto que no está al alcance de la mayoría. Es como tener dos administraciones, una para los amigos o conocidos y la otra para todos los demás. En estos casos no monetarizados no nos fijamos y deberíamos hacerlo. En otros acaban surgiendo los Pretoria, Marbella, etc. que ocultan lo mejor de la administración.


Esa confluencia interesada entre poder económico y poder (hoy día es solo un decir) político ha existido siempre y la actitud tradicional de la izquierda ha sido siempre hasta ahora su eliminación. Todo el mundo es igual ante la norma y la administración democráticas. El hasta ahora se refiere a una generación de oportunistas (los que terminan moviendo flujos de caja) o de poseedores de escaso sentido de la justicia. Ambos son los que están haciendo daño.


Seria bonito saber cuántos llamadores de teléfono a alto cargo han sido rechazados por la agenda y derivados al trámite previsto. Ese es el indicador de la democracia en el mundo inmobiliario.


Por cierto, en los habituales comentariaos periodísticos se resalta la larga lista de políticos sensibles a las llamadas, con muy distintos grados de compadreo (algunos se citan en las mismas playas menorquinas), están todos (dicen los periodistas en los casos de actualidad) el PP, CIU, PSC, ERC, todos han recibido llamadas. Y alguno no se ha comprometido.


Pero una cosa no es cierta, no están todos, hay un conglomerado político que nunca aparece en estos sitios. Los periodistas con un acertado sentido del oportunismo nunca lo nombran, no sea que se sepa que ahí no hay agenda oculta.


Por cierto, y lo cuento con certificado acreditativo. Los influyentes negociantes del urbanismo oportunista no llaman porque ya conocen la respuesta: vaya usted al negociado de tramitación y póngase en la cola, como todos.
Esa es la mejor recomendación que pueda hacerse a una persona honrada y, ténganlo por seguro, tiene un valor incalculable.



Lluis Casas relajado por una vez.

[1] En el caso Palau el nombre que figura en la prensa es el del concejal García Bragado, anteayer secretario del gobierno catalan vuelto a los rediles municipales.

[2] Ahí parece apropiado nombra a la ex concejala Itziar González Virós.