jueves, 10 de julio de 2008

REBAJAS DE VERANO: Los errores se acumulan, ¿verdad usté?

Van a perdonarme ustedes, al menos eso espero, por configurar un articulillo con retales veraniegos hecho a base de encajes de bolillos económicos. La economía es el artículo del día y qué artículo, vaya por dios. Es la premonición de las vacaciones.

Primer tranco

Empiezo manifestándoles mi sorpresa ante un evento singular que no ha merecido la atención necesaria. Una caja de ahorros del levante se dispone a iniciar lo que podríamos llamar fase previa a su bancarización (de bancos). Es decir, que mediante un tingladillo legal premeditadamente aprobado para ello, las cajas pueden empezar a emitir acciones o algo que en el fondo se le parece. La sorpresa no es que una caja levantina lo haga; la sorpresa es que nadie haya dicho nada sobre ello, ni los sindicatos, ni los impositores, ni las administraciones, ni las entidades sociales. Todas ellas con fuerte representación en los órganos de dirección de las cajas. Creo que empieza un baile en donde algunos obtendrán beneficios sin cuento, sin aportar nada consistente. Los demás perderemos. Como siempre.


Segundo tranco.

El editor y propietario de este instrumento mediático [“Metiendo bulla”] hace un análisis rápido y certero del congreso del PSOE, análisis que se centra con gran acierto en los asuntos de la economía. Yo me permito ir más allá, y voy a certificar que los últimos gobiernos estaban equivocados, que siguen equivocados y que hay pocas razones para esperar aciertos claros en la gestión de la economía. O se produce un cambio espectacular en nombres y experiencias, o no tenemos personal político preparado para enfrentarse a lo que está cayendo. Hoy mismo (8 de julio), el diario El País hace un análisis muy preciso de causas y circunstancias de la crisis, una doble página central extraordinariamente útil para entender el lío en que estamos sumergidos. Trataré de no repetir argumentos y razones ya conocidos. Me centraré, pues, en algunas cosillas nunca dichas y que hacen al caso estupendamente.
En primer asunto y el más importante es preguntarse si en el gobierno --e independientemente de algunas personas específicamente expertas-- la economía es una prioridad o no. Y si así ha sido durante los últimos años. En confianza les confesaré que no he visto grandes diferencias en la gestión económica entre Rato y el tío Solbes, al menos no en profundidad. Y del mismo modo creo que los gobiernos del señor Aznar han mantenido una distancia espectacular y similar a la del gobierno Zapatero con respecto a la economía. Como las cosas iban aparentemente mejor de lo previsto, esa incomprensión de la economía y ese alejamiento de lo que en cada momento toca a decisión han creado verdaderos gobiernos a-económicos. Lo que digo no está en contraposición con que el consejo de ministros cada viernes determine multitud de cuestiones de índole económica. La mayoría de orden menor y muchas al dictado de tasas y concesiones. Digo que no se está al caso de las decisiones de importancia, a causa de una cierta satisfacción por un día a día que parecía confirmar que vivíamos en el mejor de los (panglossianos) mundos posibles. Por ello estamos donde estamos: con un ruptura brutal de la línea de crecimiento, con el hundimiento de un sector al que se le ha tolerado encabezar una falsa riqueza (la construcción y la especulación), con una inflación por factores conocidos y externos, con la caída del consumo y un largo y amenazador etcétera que apunta a una fase cierta de no generación de ocupación y muy probablemente con otra de retroceso económico. El balance es bastante simple: nada se ha hecho para reducir la factura energética (era y sigue siendo fácil), nada se ha hecho para reconducir el boom incongruente de la construcción (y nada se está haciendo para reducir los costes sociales que su crisis está provocando); nada se ha hecho para mitigar el daño por las privatizaciones de grandes empresas y servicios; poco se ha hecho con respecto a incrementar el papel de la investigación y el desarrollo técnico, aunque se oigan muchas palabras. Y así en varios sectores estratégicos.

Tercer tranco.

Una comida con un empresario del sector servicios. (Plantilla 160 personas, facturación más de 70 millones de euros, emplazamiento en el centro del país, sector la consultoría. Proyectos, en plena expansión. Tienen tecnología y conocimientos punta y son muy solicitados) A los postres –no hubo licores de por medio, ni café ni puro-- le pregunto como está el asunto de la crisis, dado que como oferente de servicios tiene una excelente apreciación del asunto. Respuesta, la banca nos tiene frenados, no obtenemos crédito para financiar nuestro desarrollo. Insisto, puesto que soy conocedor que una parte importante de la actividad del empresario está en la zona pública del mercado. ¿Cómo es posible que con contratos públicos (por lo tanto sin riesgo alguno) podáis tener dificultades financieras? Respuesta: la banca está restringiendo el crédito a niveles ya olvidados, ni el contrato público es un bien apreciado hoy día. Y termina ofreciéndome una guinda que viene muy bien a esas alturas de la comida: tenemos un proyecto contratado por una fundación de una entidad bancaria importante y esa entidad bancaria no nos acepta el contrato como garantía de la financiación. No se fían ni de si mismos. Si alguien piensa todavía que no estamos en una fase crítica de la economía, es que tiene serios problemas de vista, oído y entendederas.


Cuarto tranco.

Como ejemplo de la realidad de la calle, les cito dos casos que atañen al sector de la inteligencia, obviamente allá donde debemos buscar el futuro y en donde debemos invertir sin cuento:


Uno. Me cuentan que un instituto muy relevante en investigación médica y biológica está haciendo trabajo de campo. Los investigadores van en bici a obtener muestras de contaminación atmosférica y como lo deben hacer a distintas alturas del suelo se ven necesitados de auparse a las farolas callejeras para obtener las muestras. El sistema es tal como se imaginan. Llegan (de uno en uno), se apean de la bici, probablemente la sujetan a la farola, no vaya esta a volar en plena operación, se suben al sillín y con técnicas aeroespaciales reptan hasta la altura deseada, abren botes, obtienen muestras del aire y con cuidado y ligereza descienden y prosiguen el recorrido. El hecho resulta solo inverosímil para los que como yo --ya octogenarios-- no podemos trepar a las farolas, pero es ejemplo fehaciente.

Dos. Un becario en plena redacción final de la tesis doctoral, nada académica por otro lado, ve que su beca finiquita. Como el trabajo se ha prolongado más de cuatro años (cosa habitual) y su beca caduca, intenta buscar financiación complementaria. Esfuerzo baldío las más de las veces. Al final, lo que podríamos llamar el sistema --pero que tiene nombres y apellidos-- le comunica que se espabile. La tesis se terminará gracias a la ayuda financiera y desinteresada del paro, al que el becario tiene derecho (gracias al sistema de bienestar social). Por cierto, paralelamente, una caja de renombre le hace entrega de otra beca, más esplendida que la inicial, para que siga con su trabajo y especialidad en Berlín, en donde le esperan con los brazos abiertos. Fantástico, formamos un investigador, le damos tiempo y algún dinerillo para que se haga doctor y cuando alcanzamos la meta dejamos que se nos vaya al extranjero en donde, probablemente, le darán un Nobel. Ahora bien, dentro de unos años un programa de raigambre hispánica conseguirá que vuelva con todos los entorchados puestos para impulsar la investigación. Si no les parece mal, termino aquí de momento. Son tres cosillas que tienen para mi gran relevancia, recurriendo a la ironía con el objetivo de impedir el nacimiento de una úlcera intestinal.

Lluis Casas comentador taurino (The Parapanda’s University)