miércoles, 20 de septiembre de 2006

VIVIENDA Y CAMPAÑA ELECTORAL: Mis siete advertencias



Lluis Casas*


Lamentándolo mucho, las circunstancies me impelen a volver sobre el ruido inmobiliario. Mi abdicación respecto al mal asunto de la vivienda se viene abajo. La campaña electoral ha hecho su aparición. Los disparos de la precampaña, ¿qué quiere decir precampaña?, obligan al público a resguardarse tras los tabiques. Catalunya está en llamas, como el Yang Tse fílmico.


Prometo solemnemente solo dos artículos más. Este, de cuerpo digital presente y uno posterior celebrando las ocurrencias electorales de algunos. Al respecto, y por mi propio respeto, advierto a los lectores de toda condición de sexo e hipoteca que no soy de los que creen que todos los políticos son iguales. Ni lo son los políticos, ni lo son las fuerzas políticas. Por eso hay que distinguir y seleccionar con atención lo que dicen y lo que algunos escriben.


Al respecto, hoy algunos líderes se han echado a la espalda el problema de la vivienda. Con ello me han provocado conscientemente. Tenemos en los periódicos de hoy distintas ofertas, unas las anoto de publicitarias por su gracejo conceptual, otras de programáticas por su reconocible realismo y prestancia, que no radicalidad. En este campo, no se si por fortuna o desventura, nadie es radical. Rectifico, nadie que cuente algo en política es radical. No quiero problemas con los okupas de mi barrio, formidables buenos vecinos y grácil contrapunto del decaimiento ideológico.


En primera página de esos periódicos alguno nos advierte que pagará la mitad del alquiler de la vivienda a los jóvenes. Otro nos ofrece vivienda pública abstracta. El siguiente multiplica por dos lo que se está haciendo. Solo uno confirma la línea gubernamental actual.


Oído cocina, en el govern de Catalunya se han sentado tres fuerzas políticas, todas ellas corresponsables por razón del cargo del conjunto de las propuestas y acciones sobre la vivienda.
Como ya he anticipado que el comentario sobre el jolgorio electoral lo haré posteriormente, me centro en lo que creo que toca: advertir al plácido lector digital de que el mundo se mueve y que debe procurar poner las patas de la silla bien afirmadas en el suelo.


Primera advertencia. El mercado financiero se encarece a ojos vistas. No se han disparado las alarmas, pero el tipo de interés de referencia hipotecaria sufre un agitón de cuidado. Resultado, los costes para el sufrido hipotecario suben con rapidez y el ajuste entre gastos e ingresos mensuales deriva en dificultades crecientes. Va a haber bronca en las viviendas, concretamente en el comedor y por la noche.


Segunda advertencia. El pueblo se cabrea. Es cada día más notorio que las victimas de la hipoteca se están dando cuenta que alguien les está tomando el pelo. Ya sabían que les tomaban los euros y conformados estaban, ahora se han hecho más conscientes de la cruda realidad y se volverán parcialmente inconformistas, como en el film italiano. Resultado, habrá exigencias electorales al efecto. La duda está en cuantas, pero haberlas las habrá. Las encuestas cantan y las manifestaciones, de momento ligeras de equipaje, también. A algunos políticos va a calentárseles la boca.


Tercera advertencia. Las positivas iniciativas gubernamentales han cogido carrerilla y empiezan a tomar cuerpo. La gente comienza a ser consciente de ello y se vuelve, claro está, más exigente. Resultado, la creencia en la fatalidad residencial se irá rápidamente al carajo. Si no es fatalidad lo que hay, es que hay un culpable o varios. Alerta, va a llegar una factura inesperada.


Cuarta advertencia. El mercado huele a quemado. Promotores, financieros, especuladores, empresas y notarios sienten la cercanía del ocaso. Unos años de permanente esplendor cromático y cremático no los han incapacitado para distinguir las variables de cambio. Las ven y reclaman garantías de futuro. Resultado, hay que tranquilizarles en bien de la patria, si los hipotecarios se retraen un nuevo gobierno puede pagar por ellos. ¿Fifty fifty en la factura?, ¿qué les parece?


Quinta advertencia. La situación está tan tensa que los que mientan o no digan la verdad las pasaran canutas. Ahora no se trata de poner parches, hay que tomar tila y actuar. Las medidas inmediatas no deben impedir las acciones a largo plazo. Son estas últimas las que ofrecen alternativas sólidas. Resultado, el mentiroso se verá a la legua. Su impedimenta táctica se llama subvención o ayuda individual.


Sexta advertencia. Ahora todo se debe medir. Las ofertas electorales ya no se sustentaran literariamente, por decirlo fino. El acompañamiento monetario y las acciones políticas bien definidas serán imprescindibles y valorables posteriormente en circunstancias lamentablemente, más duras. Las propuestas fiscales serán un buen indicador de credibilidad. Resultado, quien se lleve el gato del poder al agua deberá cumplir razonablemente lo ofrecido, a riesgo de bofetón de Gilda a Glenn Ford (q.e.d)


Séptima y última advertencia. Pronto aparecerá una sociología de la lumpe-vivienda y los ultra precios. Alquileres por horas. Turno de mañana, tarde y noche. Cama con baño, es decir, en el baño. Si hay baño. 15 metros por unidad familiar, independientemente de las unidades individuales de la familia. Todo por módicos precios: a 10 euros por persona, metro cuadrado y noche. Resultado, el coste financiero puede aguantarse, pero la degradación social y familiar no. Va a haber tortas.


* Lluis Casas es Concejal Honorario de Parapanda y Barman Honorífico de la Taberna Raíz Cuadrada de Menos Uno.